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El lado oscuro del teletrabajo semipresencial: engaños y desigualdad

Jaime Quirós
·4 min de lectura

Pronto se cumplirá un año del primer confinamiento domiciliario en España. Durante este tiempo, muchas de las medidas que en su momento se calificaban como 'excepcionales' ahora se han integrado en nuestro día a día. Una de ellas, teletrabajo, ha permitido a muchas compañías mantener su actividad durante los momentos más difíciles de la pandemia. Sin embargo, la generalización de esta modalidad no está exenta de polémica.

En los últimos meses, muchas empresas han adoptado un modelo "híbrido" que combina la presencia física con el trabajo a distancia. De hecho, una encuesta reciente publicada por Adecco revela que el 77% de los españoles respalda esta fórmula. Sin embargo, en la práctica se ha demostrado que en el teletrabajo no todo son ventajas. No solo algunas empresas ven con recelo el aumento de la flexibilidad de sus trabajadores, sino también los propios empleados podrían ver perjudicadas sus opciones de conciliación y sus posibilidades de ascenso.

Según un estudio elaborado por Nicholas Bloom, profesor en la Universidad de Stanford, el teletrabajo va a quedarse porque se ha demostrado que puede aumentar la productividad de los empleados hasta en un 2,7%. Claro está que esta modalidad no beneficia a todos los empleos por igual, sino solo a los de perfil más alto. Hay trabajos que pueden disfrutar de las ventajas del trabajo a distancia y hay otros que no, lo que también está provocando profundos cambios sociodemográficos.

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Algunas empresas ven con recelo el aumento de la flexibilidad de sus trabajadores. Además, los propios empleados podrían ver perjudicadas sus opciones de conciliación y probabilidades de ascenso. Getty Creative.
Algunas empresas ven con recelo el aumento de la flexibilidad de sus trabajadores. Además, los propios empleados podrían ver perjudicadas sus opciones de conciliación y probabilidades de ascenso. Getty Creative.

En muchas empresas estadounidenses, los empleadores permiten que su empleados elijan los días que trabajan desde casa. Algunos, por motivos de conciliación, culturales o religiosos, deciden trabajar cuatro días a la semana. A la larga, les dificulta ascender. ¿A qué se debe? De acuerdo con la teoría del profesor Bloom, a la larga tienen más presencia en la oficina los jóvenes sin hijos que las madres con niños pequeños. Los primeros se benefician del aprendizaje y el intercambio de ideas de la oficina, por lo que al final son tenidos más en cuenta por sus supervisores.

Como podemos ver, esto acentúa la desigualdad. Podría estar provocando, indirectamente, que menos mujeres accedieran a puestos "de importancia", chocando enormemente con los principios de paridad en el entorno laboral.

¿En qué punto se encuentra España?

Aunque parezca que Estados Unidos queda lejos, lo cierto es que España también se está desplazando hacia este modelo flexible e híbrido. Guillermo García González, profesor titular de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) sostiene que aquellos que no teletrabajan tienen más posibilidades de desarrollarse dentro de la empresa. Sin embargo, también añade que trabajar de manera presencial puede ser perjudicial para tu imagen.

Si bien es verdad que un modelo de teletrabajo flexible nos permite compaginar nuestra actividad laboral con otras actividades, es cierto que al no ir a la oficina nos perdemos una parte importante de la "experiencia laboral". No poder compartir ideas o aprender de nuestros compañeros son algunas de las pegas que ya se habían identificado en esta modalidad. Al igual que el colegio, la oficina también es una herramienta que permite el desarrollo de habilidades sociales.

El trabajo presencial es la mejor forma de hacer contactos. La eliminación de esta parte social perjudica a aquellas personas que tienen menos contactos. Está probado que la mayoría de trabajos vienen por relaciones sociales (de hecho, se calcula que el 70% de los empleos no está en LinkedIn). Hay personas que tienen una mayor facilidad de establecer relaciones sociales mientras trabajan a distancia, pero a otras les cuesta más relacionarse si no es "cara a cara".

Sin embargo, los expertos también defienden la importancia de "darle significado" a ir a la oficina. Es esencial poner sobre la mesa para qué sirve la presencialidad y para qué el trabajo remoto. Lo ideal sería reservar el espacio físico para actividades de equipo, reuniones entre departamentos o sesiones de brainstorming. Para tareas más mecánicas, los empleados podrían ser más productivos desde casa.

Además, la desaparición total de la figura presencial del trabajador también implicaría otros peligros, como la aparición de más falsos autónomos para sustituir a los trabajadores de plantilla. En situaciones de precariedad como la que vivimos actualmente, estos se disparan porque hay mucha más gente dispuesta a hacerlo. El teletrabajo podría contribuir a acrecentar la precariedad y, como ya hemos mencionado, la brecha de género.

La fórmula perfecta sería híbrida, una modalidad que alterne entre lo presencial y lo no presencial, en función de las necesidades de cada semana y de cada trabajador. Es decir: fomentar el trabajo en la oficina para consolidar la cultura de empresa y el trabajo en equipo, pero eliminando cualquier traba a los empleados a la hora de solicitar el trabajo en remoto si lo necesitasen. El trabajo a distancia seguirá siendo una herramienta muy útil en los próximos años, siempre y cuando se aprenda a manejarla correctamente.

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