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La próxima gran inversión (secreta) de Amazon es el petróleo

En Silicon Valley hay una competición por ver qué empresa es la más respetuosa con el medio ambiente. Por eso las sedes de Google, Facebook o Apple tienen en sus tejados miles de placas eléctricas que alimentan de energía a los edificios. Además, sus centros de datos suelen nutrirse de energía renovable y sus productos suelen estar hechos de piezas recicladas. Sin embargo, hay una tecnológica que está apostando por el camino contrario: Amazon, que tiene sus ojos puestos en el petróleo.

En 2014, Amazon anunció que todos sus centros de datos utilizarían electricidad de fuentes renovables. Las empresas antes mencionadas lo anunciaron dos años antes, por lo que la compañía de Jeff Bezos se vio obligada a hacer ese anuncio por la presión mediática y de las organizaciones ecologistas.

A Jeff Bezos le gusta el petróleo (Getty images)

“Verse obligada” es la mejor expresión posible. Porque cinco años después, Amazon ha abandonado todo interés en la electricidad verde: según informes secretos a los que ha tenido acceso la página web Gizmodo, Amazon cambió de estrategia en 2016 al cancelar la construcción de un parque eólico que iba a dar energía a sus centros de datos. Un año después, un informe firmado por sus analistas de mercado marcó la estrategia a partir de ahora para la compañía: “hay que invertir en gas y petróleo”.

En los dos últimos años, Amazon, una de las empresas con más empleados en todo el mundo y con mayor presencia en la economía del planeta, ha ido olvidándose de sus promesas ecologistas y firmando acuerdos con compañías como BP, Shell, o Halliburton, todas ellas poderosas petroleras.

A ellas les ha ofrecido software, programas de machine learning, máquinas de automatización para sus prospecciones y demás tecnología. Todo esto en una época en la que el cambio climático se ha hecho más que evidente y el problema de los combustibles sólidos se ha demostrado que es uno de los principales causantes.

Amazon firmó en el pasado compromisos para que sus almacenes y centros de datos fueran lo más ecológicos posibles, dejando espacio a su alrededor para edificar parques eólicos o centros con placas solares. Sin embargo, esos acuerdos parecen cosa del pasado.

Organizaciones como Greenpeace han acusado Amazon por esta dejadez: “Amazon rompe su compromiso de hacer funcionar su nube con 100% de energía renovable”, aseguró en un demoledor informe publicado este año. “A pesar del compromiso público de Amazon con la energía renovable, la compañía de computación en nube más grande del mundo espera que nadie se dé cuenta de que todavía está alimentando sus servidores con energía sucia”, se puede leer en el texto. 

Gizmodo también revela que Amazon considera algo prioritario firmar acuerdos con otras empresas del sector petrolífero como Exxon Mobil o Chevron y también con Aramco, la empresa pública de Arabia Saudi que gestiona el oro negro del país.

La ironía es, en este caso, doble: a pesar de que promete hacer que sus operaciones sean más sostenibles, la operación masiva de la nube de Amazon parece estar volviéndose más sucia, impulsada por una creciente proporción de combustibles fósiles. Amazon  luego está vendiendo su nube de combustible fósil a las compañías de petróleo, gas y carbón, para ayudarles a encontrar y extraer más combustibles fósiles. A partir de ahora, Amazon está quemando el clima desde ambos extremos.

Según denuncia Gizmodo, el problema no es que Amazon esté vendiendo tecnología a las grande petroleras, sino que esa tecnología es tan avanzada que de facto está sirviendo para que sea más fácil encontrar esta materia prima y sea más fácil refinarla y transportarla. Es decir, está lucrándose con la extracción de petróleo como cualquier otra compañía que haya inventado un sistema para perforar más rápido, por poner un ejemplo. Es decir, está actuando de facto como una pseudo petrolera. Y esto es solo el principio…