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La operación que asestó un duro golpe al Cartel de Medellín y a uno de los mayores bancos blanqueadores de dinero

A mediados de la década de 1980 el narcotráfico se había convertido en una de las mayores preocupaciones de prácticamente todos los gobiernos. Las mafias de la droga campaban por todo el planeta siendo el Cartel de Medellín una de las mayores organizaciones que controlaba el tráfico de estupefacientes, liderado por el todopoderoso Pablo Escobar.

Dinero incautado de una de las muchas redadas contra el narcotráfico y el blanqueo (imagen vía Wikimedia commons)

Proveniente de la droga, miles de millones eran los que generaba ese negocio y se movían de un lado al otro sin poder ser detectado ni intervenido. El ‘Zar de la cocaína’ (como era conocido Escobar), llegó a amasar tal fortuna que se calcula que llegó a ser el séptimo hombre más rico del mundo en aquellos momentos.

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Para blanquear todo ese dinero proveniente del narcotráfico se crearon una serie de sociedades y se utilizó alguna que otra entidad bancaria, entre ellas el Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI). Un banco que en poco más de una década de vida se había posicionado como uno de los mayores del planeta, con más de 400 oficinas repartidas por 78 países.

En 1986, y a lo largo de dos años, el gobierno de los Estados Unidos (presidido en aquellos momentos por Ronald Reagan) puso en marcha una operación para desmantelar aquel ilegal tráfico económico que movía anualmente alrededor de dos trillones de dólares.

Al frente de la operación se encontraba Robert Mazur, un agente especial de la Agencia de Aduanas de los EEUU quien durante dos largos años tuvo que meterse en la piel de ‘Bob Musella’, un alter ego que creó en el que encarnaba a un empresario experto en realizar transacciones económicas como intermediario, traspasando dinero de unas cuentas a otras y sin dejar rastro.

A través de su personaje de Bob Musella, el agente se fue ganando la confianza de los narcotraficantes, por un lado, y de los representantes del BCCI en Florida, por el otro, para acabar confluyendo los negocios con ambos.

Fue duro ir consiguiendo datos que los incriminase, pero mucho más le costó ganarse la confianza de los señores de la droga. Empezó desde abajo, entablando amistad con pequeños traficantes que le iban presentando a capos que estaban en una capa superior en el escalafón del Cartel.

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Su vida peligró en varios momentos y estuvo de ser descubierto en un buen número de ocasiones, pero su pericia y la buena suerte se aliaron para que saliera bien parado una vez tras otra.

Mazur fue tan hábil encarnando a Bob Musella que no faltaba ni un solo detalle (evidentemente contando con el presupuesto del erario de los EEUU): carísimos trajes de Armani, imponentes oficinas donde se reunía con sus clientes, lujosos coches (Mercedes, Rolls-Royce…), exclusivísimos restaurantes donde los llevaba a cenar y comer o clubes selectos donde divertirse.

Llegó a tener trato directo con los máximos dirigentes de la entidad bancaria en Estados Unidos y reunir suficiente documentación (junto a centenares de horas de grabaciones) que a la cúpula del BCCI. Pero ese era solo un paso para llegar al objetivo: los capos máximos del Cartel de Medellín.

Y aunque no logro llegar a estar en contacto directo con Pablo Escobar, si que entabló una estrecha relación con sus hombres de confianza y así recopilar las pruebas que necesitaban para apresarlos.

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Más de dos años metido en la piel de un personaje que era totalmente opuesto al agente Robert Mazur, un hogareño agente, casado y padre de dos hijos, que disfrutaba de su familia (los pocos ratos que podía pasar con ellos) echando partidas a juegos de mesa o saliendo de excursión. Por el contrario, Bob Musella representaba ser un tipo sin escrúpulos.

El modo de apresar a todos ellos (tanto a los representantes del narcotráfico como a los banqueros) fue una de las operaciones más ingeniosas que, hasta la fecha, había puesto en marcha los servicios de seguridad y la inteligencia estadounidense.

A mediados de 1988 simularon el enlace matrimonial de Bob Musella y su encantadora prometida, montando una boda por todo lo alto en el exclusivo resort Innisbrook en Tampa Bay (Florida) en el que acudieron un gran número de los capos de la droga y representantes del BCCI con los que tuvo contacto e incluso entabló amistad.

Pero más de la mitad de los invitados de aquella boda eran agentes camuflados que, tras la oportuna señal, redujeron y detuvieron a casi un centenar de criminales relacionados con el narcotráfico (sobre todo del Cartel de Medellín) y del blanqueo de dinero del Banco de Crédito y Comercio Internacional.

Ese fue el principio del fin de esas dos instituciones mafiosas. Las redadas y detenciones de miembros del Cartel se sucedieron a lo largo de los siguientes años y el BCCI quebró en julio de 1991.

Fuentes de consulta e imagen: washingtonmonthly / elperiodico / nytimes / bbc / Wikimedia commons

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