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La obsoleta visión de Trump sobre la economía

Donald Trump en la ciudad de Nueva York, en febrero de 1980. (Foto de Sonia Moskowitz/Getty Images)

Donald Trump es un hombre de 70 años. Adora los concursos de belleza. Le añade kétchup a la carne. Y cree que los indicios más seguros de poder económico son las prósperas industrias de chimeneas que producen las materias primas para los rascacielos y las locomotoras.

Las empresas y los inversionistas de todo el mundo están preocupados pues Trump, quien se considera a sí mismo un constructor de toda la vida, ahora intenta llevar a la práctica su cosmovisión económica de la era industrial. Trump ha prometido imponer aranceles del 10% sobre todas las importaciones de aluminio a los Estados Unidos y del 25% sobre todas las importaciones de acero. El mercado bursátil se tambaleó con esa noticia, y ahora el principal asesor económico de Trump, el ex presidente de Goldman Sachs, Gary Cohn, ha dimitido, frustrado por los aranceles de Trump. Los inversores veían a Cohn como el baluarte más poderoso contra el nacionalismo económico que podría desencadenar guerras comerciales perjudiciales, por lo que no hay dudas de que su partida desconcertará aún más a los mercados.

“¡Si no tienes acero, no puedes tener un país!”, tuiteó Trump, en mayúsculas, el 2 de marzo. También es cierto que tampoco tienes un país, o al menos un país próspero, si no tienes software, centros de datos, empresas de contabilidad y profesores. Sin embargo, Trump apenas habla, si es que lo hace, sobre los segmentos de la economía que son la mayor fuente de riqueza y poder en la actualidad. Y parece dispuesto a arriesgarse a dañar la economía para proteger las industrias que representan una pequeña y cada vez más decreciente parte de la producción estadounidense.

La economía de Estados Unidos atraviesa un largo proceso de transición que involucra desde el sector de la construcción hasta la generación de servicios, una tendencia que comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial. En 1948, las industrias productoras de bienes representaban el 41% de la producción total. En la actualidad representan solo el 18%. Por su parte, los servicios han aumentado un 47% el producto interno bruto que representaban en 1948 al 69% en la actualidad. He aquí hay un desglose de los cambios que han ocurrido por industria:

Fuente: Oficina de Análisis Económico

No es el resultado de ninguna política ajena a Washington, tan solo es la muestra de cómo evolucionan las economías modernas. A medida que la economía se vuelve más productiva y genera más riqueza, el capital fluye de forma natural hacia las actividades que tienen mayor rendimiento. Esas tienden a ser las nuevas industrias innovadoras que no se pueden copiar fácilmente y en las que el valor agregado por los trabajadores es elevado. Los denominados productos básicos que son fáciles de duplicar, como los productos básicos de acero, así como los textiles, los plásticos, los juguetes y muchos otros artículos de la vida cotidiana, ofrecen un retorno de la inversión decreciente, y en algunos casos prácticamente no tienen rendimiento. Esa es la razón por la que tienden a migrar a países en desarrollo donde los costos de producción y la mano de obra son más bajos.

El sector del acero y del aluminio de EEUU es grande

Trump tiene razón al afirmar que Estados Unidos necesita una industria del acero saludable. Sin embargo, ya tiene una industria del acero de 90.000 millones de dólares y una industria del aluminio de 41.000 millones de dólares. El Pentágono dice que puede conseguir todo el acero que necesita a nivel nacional, lo cual solo representa el 3% del abastecimiento interno total, dejando una cantidad considerable para todos los productos del sector privado que requieren acero.

Estados Unidos también importa una gran cantidad de acero, y es cierto que la competencia extranjera barata ha provocado una pérdida de empleos en el país. Pero al mismo tiempo, las industrias en auge como la energía renovable, la fracturación hidráulica, el almacenamiento, el análisis de datos y, en general, todo lo relacionado con la tecnología digital o la atención médica, han creado millones de nuevos puestos de trabajo. Algunas de las compañías de estas industrias apenas encuentran trabajadores para cubrir las vacantes. El salario está aumentando en muchas zonas del país, y los trabajadores que están dispuestos a desarrollar nuevas habilidades y seguir estudiando a menudo alcanzan grandes ingresos, como casi siempre ha sucedido en la economía estadounidense.

El impacto de los aranceles en la economía de EEUU

No hay nada de malo en defender las industrias de antaño. Sin embargo, implementar acciones para proteger a esas industrias a expensas de otras, que es lo que harían los aranceles de Trump, no está bien. El análisis de la organización sin fines de lucro Trade Partnership señala que los aranceles proteccionistas de Trump crearían unos 33.000 nuevos puestos de trabajo en el sector del acero y el aluminio. Sin embargo, eliminarían unos 179.000 empleos en otros sectores de la economía, debido al aumento de los precios a los que tendrían que enfrentarse los fabricantes de coches, electrodomésticos, equipos industriales y muchos otros productos. Eso representa una pérdida neta de 146.000 puestos de trabajo, sin tener en cuenta las medidas de represalia que tomarían otros países y que dañarían las exportaciones de Estados Unidos a otras naciones y reducirían aún más la producción.

El tipo de comercio global con el que Trump parece tener problemas engendra abusos. El gobierno comunista de China subsidia la enorme industria siderúrgica del país, la cual ha excedido la capacidad del sector en todo el mundo. Como resultado, el gobierno de Estados Unidos también ha impuesto numerosas sanciones a los importadores de acero chinos, y ahora mismo tiene más aranceles vigentes sobre las importaciones de acero de China que sobre cualquier otro país. Las importaciones chinas de acero, como era lógico, se desplomaron un 82% entre 2006 y 2016. China ya ni siquiera se encuentra entre los diez mayores importadores de acero de Estados Unidos.

Al parecer, esas medidas no son suficientes para Trump. Sus aranceles al acero y el aluminio se aplicarían a todos los países y no se basarían en una conclusión sobre prácticas comerciales desleales sino en una oscura ley que le permite al presidente imponer aranceles según considere necesario para proteger la seguridad nacional, como ocurre durante una guerra. Sin embargo, no estamos en guerra. El experto en comercio, Gary Hufbauer, del Instituto Peterson para la Economía Internacional, le reveló recientemente a Yahoo Finanzas que el pretexto que usa Trump de la seguridad nacional es una “farsa total”.

Próximo objetivo: ¿adiós al TLCAN?

Si Trump implementa los aranceles para el acero y el aluminio, el siguiente paso podría ser desmantelar por partes el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o retirarse por completo. La mayoría de los economistas afirman que hay determinados elementos del TLCAN que se pueden actualizar y mejorar.

Sin embargo, también aseguran que el acuerdo comercial firmado hace 25 años ha impulsado el desarrollo de los tres socios comerciales, Canadá, México y Estados Unidos. Aún así, Trump quiere que los productos comprados en América se fabriquen en Estados Unidos. Parece que no le interesa la eficiencia de la cadena de suministro, los bajos precios para los consumidores o los efectos de segundo, tercer y cuarto orden que implicarían decirles a las empresas cómo y dónde invertir su capital.

El futuro económico está en juego

Si Trump realmente quisiera impulsar la economía de Estados Unidos, se centraría en las industrias del futuro y guiaría a tantos trabajadores estadounidenses como fuera posible. Eso significa mejorar la educación y preparar a los niños para la economía digital. El gobierno podría ayudar a las personas para que se puedan mudar a las zonas donde estén los trabajos y adquieran las habilidades técnicas necesarias a mitad o incluso al final de su carrera.

Si Trump quiere tomar medidas extraordinarias para proteger las industrias vitales, debería asegurarse de que Estados Unidos domine la electrificación de vehículos, la informática cuántica y las otras revoluciones que la inteligencia artificial seguirá creando. China está invirtiendo en todos esos campos, y no arroja piedras sobre su propio tejado en el camino.

Video: ¿Por qué está Trump obsesionado con industrias del pasado? (en inglés) 

Rick Newman