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La nueva y seductora estrategia publicitaria de los fabricantes de armas

Los fabricantes de armas se las ingenian para dar a conocer sus productos. Foto: Getty Images.

La Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos es el centro de las discusiones sobre armas de fuego en el país norteamericano. Aprobada en 1791, la misma establece que ningún Gobierno (federal, estatal, ni local) puede infringir el derecho a portar armas. Claro que, en esa época, las armas eran mosquetes, fusiles largos, u otros rifles y pistolas incapaces de disparar más de tres veces por minuto. Hasta el 2015, por ejemplo, los ciudadanos estadounidenses eran libres de ir a un supermercado donde podían adquirir un fusil tipo AR-15, un arma semiautomática ligera que ha sido la principal arma empleada en varios de los tiroteos masivos con más víctimas de la historia contemporánea de los Estados Unidos.

A medida que estos graves altercados han ido ocurriendo con mayor y mayor frecuencia, el gigante norteamericano ha debatido seriamente cómo reconciliar lo que muchos consideran un derecho inalienable con el hecho de que esta ‘libertad’ está cobrando muchas vidas. Por supuesto, hay muchos intereses de por medio, tanto para la venta de armas a nivel doméstico, como para el poderoso complejo industrial-militar, que vende armas al ejército estadounidense y a compradores en el exterior.

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Pero, al igual que el tabaco, el problema de imagen que tiene el sector de las armas de fuego afecta a distintos ámbitos. Hay muchas trabas en el momento de promocionar estos productos, los cuales, a fin de cuentas, tienen como fin hacer daño severo o fatal a animales o personas. Aquí entran en juego las redes sociales: hay muchas limitaciones que varían dependiendo de la plataforma. YouTube, por ejemplo, es más laxo, mientras que Instagram es una de las más exigentes.

Un anuncio para esta red social emitido por un fabricante de armas debe ser evaluado y aprobado por ellos, y no puede promover armas, municiones, explosivos o accesorios para la modificación de alguno de estos productos. Asimismo, tampoco se puede promocionar gas lacrimógeno, cuchillos (no culinarios), ciertas armas de auto-defensa (tales como pistolas eléctricas o porras), o ni siquiera rifles de pintura de paintball. Algunos productos relacionados con las armas sí están permitidos (tales como las fundas o cajas fuertes para las armas, o visores), siempre y cuando el texto que acompañe la imagen no incite al uso de armas de fuego.

Sin embargo, los fabricantes de armas han encontrado una solución ingeniosa para el problema: las influencers, mujeres atractivas que cuentan con decenas de miles de seguidores en Instagram. Se llega a un acuerdo típico de la ‘mercadotecnia influyente’: el anunciante provee gratuitamente un producto y ofrece una suma de dinero (más de 85 euros), y la influencer presenta dicho producto a su amplio público. En la mayoría de los casos, la publicación patrocinada puede ser bastante impactante, tal como una mujer vestida de manera sugestiva, armada con una metralleta o un lanzagranadas. De esta manera, la publicidad tiene más posibilidades de ser aprobada, ya que ni siquiera necesita ser un anuncio directo en su concepción más clásica.

Esta estrategia, además, cumple otra función, que es la de ‘humanizar’ el sector. Un anuncio directo de un arma de asalto tiene unas connotaciones mucho menos graves que la de una joven sonriente empuñándola. Para gran parte del público estadounidense, también implica que la influencer está públicamente demostrando su apoyo por la Constitución y, en muchos casos, jugando un papel de normalizar la cultura de las armas tan omnipresente en el país. Algunas hasta han posado embarazadas o con niños. Le da una sensación de más autenticidad que una simple foto de una pistola.

De esta manera, los fabricantes de armas se las han ingeniado para matar dos pájaros de un tiro, haciendo promoción con mayor libertad y mejorando su imagen de marca. Eso sí, para muchos otros, incluyendo varios compatriotas de estas influencers, representa un claro caso de falta de ética. Quizá las redes sociales deberían revisar y actualizar sus políticas de publicidad, visto que actualmente un arma de paintball está vetada pero una mujer en bikini con una bazuka no lo estaría. En el mejor de los casos, es disonante, y, en el peor, perturbador.

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