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La nueva ciudad de las pirámides flotantes busca habitantes para 2022

Jaime Quirós – El cambio climático está afectando a todo el planeta. Las ciudades costeras son uno de los puntos donde más se están notando las consecuencias. El nivel del mar sigue subiendo de forma exagerada, principalmente debido al deshielo de Groenlandia. En los últimos 15 años ha aumentado 7,6 milímetros. Puede parecer una cantidad mínima, pero significa un aumento de la velocidad de crecimiento del 50% comparada con el año 1993, según publica la revista ‘Nature’ en su último estudio Nature Climate Change. Esta subida del nivel del mar, junto con la falta de terreno donde construir nuevas viviendas, ha hecho que surjan diferentes proyectos de construcción sobre el agua.

Desde hace años los humanos deseamos ganar terreno al mar. Un ejemplo reciente es el de dos arquitectos australianos que acaban de construir una isla de madera para uso público en Dinamarca. O el sistema holandés de diques que consigue que una parte de su territorio se encuentre por debajo del nivel del mar. O qué decir de Dubái, con sus locas nuevas construcciones en el mar.

La arquitectura encima del agua sigue avanzando. El último ejemplo es la puesta en marcha de una campaña de ‘crowdfunding’ para financiar la construcción de Wayaland, la ciudad flotante de las pirámides.

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Proyecto de Wayaland. Foto: Waya

La firma de arquitectura italiana Lazzarini Design Studio espera recaudar 355.700 euros para diseñar y construir cada vivienda-pirámide. La empresa busca crear una nueva ciudad flotante con casas de lujo en forma de pirámide y con una autonomía total. Su construcción está prevista para el año 2022. Se contempla que la ciudad sea construida frente a la costa italiana o la de los Emiratos Árabes. El beneficio de aquellos que inviertan será ser nombrados ciudadanos oficiales de Wayaland. Los promotores buscan también que la ciudad sea reconocida oficialmente por el país en el que se construya.

El grueso del proyecto está encarrilado. Cada pirámide contará con varias placas solares y turbinas para poder ser 100% autosuficiente energéticamente. Respecto al suministro de agua, cada vivienda tendrá su propia desalinizadora. Por otro lado, habrá una pirámide colectiva destinada íntegramente a una huerta ecológica, donde cultivar frutas y verduras. Para mayor seguridad, las estructuras estarán unidas al fondo del océano con cuatro cables, que se irán moviendo en función del nivel del mar.

El fin de este proyecto arquitectónico es crear una experiencia en alta mar. El transporte se hará en pequeños botes o yates, lo que condicionará el poder adquisitivo de los habitantes de la ciudad. Faltan aún cuatro años para que el proyecto se haga realidad, pero los cimientos son sólidos, nunca mejor dicho.

Hace unos años se empezó a especular acerca de la capacidad de la Tierra para soportar el crecimiento poblacional mundial. La cruda realidad es que en el futuro no podrá abarcar la subida de ciudadanos que experimentamos. Al fin y al cabo, el planeta es finito. Muchos aseguraban que tendríamos que empezar a irnos a vivir a Marte.

De momento, el problema de inmediata necesidad que solucionar es el cambio climático. Las viviendas encima del agua pueden ser un parche, pero habrá que tomar medidas a largo plazo. No podemos saber que nos deparará el futuro, ni cuanto tardará el cambio climático en modificar drásticamente nuestras vidas, pero está claro que tenemos los primeros síntomas. Algo está cambiando, y nuestro modo de vida dará un giro radical mucho antes de lo que esperamos.

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