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La integración laboral de la mujer se frena y estas son las consecuencias

Mujeres participan en una marcha en enero de 2017 en EEUU para reivindicar sus derechos. Foto: Huffington Post.

Se espera que los marcadores de crecimiento económico en cualquiera de las sociedades de hoy muestren un movimiento ascendente, pero la historia demuestra que no siempre es así. El tópico del progreso financiero se vuelve más sensible cuando se analiza el comportamiento de la fuerza laboral femenina para el desarrollo de una economía.

Durante un largo tiempo, la integración de las mujeres a la fuerza laboral general se hizo notable y hasta vital para lograr un crecimiento continuado. Mientras más féminas se encontraran laboralmente operativas, más beneficios obtendrían, y por lo tanto mucho más contribuirían al progreso de la familia, del estado y del país.

Pero al parecer las cosas han cambiado. Si bien la participación de las mujeres en la fuerza laboral de Estados Unidos alcanzó su punto más alto hace ya veinte años, hoy en día hay indicadores que acusan, si no una caída, al menos un preocupante estancamiento.

“Nosotros, como país, hemos cosechado grandes beneficios del creciente papel que las mujeres han desempeñado en la economía”, declaró recientemente la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, ante decenas de espectadores en la Universidad Brown. “Pero la evidencia sugiere que las barreras para el continuo progreso de las mujeres persisten”, certificó.

De acuerdo con un reporte de Bloomberg, la funcionaria llamó la atención en las actuales barreras que promueven el estancamiento: “la falta de igualdad de oportunidades y desafíos para combinar trabajo y familia”.

Consecuencias económicas

Es por ello que Yellen y otros conocedores de la materia hacen hincapié en las trabas a las que hacen frente las madres en su día a día; léase el alto costo del cuidado infantil y la falta de flexibilidad en el lugar de trabajo.

“Para mantener a las mujeres y los hombres productivos en el mercado de trabajo, es una buena idea tener instituciones de apoyo que pueden aliviar algunas de las cargas de los padres solteros y las parejas casadas con niños”, sugirió Torsten Slok, economista jefe del Deutsche Bank.

Uno de los más alarmantes datos radica en que las mujeres estadounidenses tienen menos probabilidades de trabajar que las mujeres de no pocos países europeos.

Y como era de esperar, estas situaciones provocan costos económicos que pasan inadvertidos, pero que están ahí.

Como se ocupó de recordar Yellen en su comparecencia, de 1948 a 1990 la irrupción de la masa femenina en la fuerza de trabajo estadounidense aumentó la tasa de crecimiento potencial de nuestra economía en 0.5 puntos porcentuales al año.

Para colmo, otros estudios insisten en que, si hubiera una paridad en la tasa de empleo entre hombres y mujeres, la economía estadounidense se expandiría un 5%.

Si esto llega a ocurrir en otros países, estaríamos ante un 9% de crecimiento en un país como Japón, así como un 34% en el caso de Egipto.

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Claves para el país

De ahí que los analistas no dejen de recordarles a las sociedades de la importancia de no desperdiciar el valor del empleo femenino, sobre todo ahora que muchas naciones acusan tasas preocupantes de envejecimiento poblacional, además de bajos aumentos de productividad, dos factores que terminan en el retraso de las economías.

En el caso puntual de Estados Unidos, es triste reconocer que, contrariamente a muchísimas otras naciones, no se aplica la licencia de maternidad pagada de modo obligatorio. Ahora el gobierno de Trump ha presentado una propuesta para ello, pero debe pasar por un proceso negociador en el congreso.

Mientras, la suma de los 35 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) arroja un promedio de 18 semanas de tiempo pagado para que las mujeres puedan hacerle frente a los primeros tiempos de la maternidad, antes de volver a su puesto de trabajo.

Esto provoca que en nuestros tiempos las mujeres esperen mucho más tiempo para tener hijos. En 2015, la edad media en que las estadounidenses tuvieron su primer hijo fue de 26,4, mientras que en 1980 la edad era de 22,7 años.

Este marcador se vuelve mucho más impactante en casos como el de Corea del Sur, donde el promedio es de 31,1 años.

Por otra parte, un estudio llevado a cabo en 2014 encontró que cerca de un 25% de las madres estadounidenses con hijos en edad preescolar no trabaja. Además, solo el 15% de las mujeres en puestos directivos o profesionales dejó de trabajar mientras sus hijos eran pequeños, aunque sí redujeron su tiempo de labor a un promedio 2,5 horas por semana.