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La idea de una joven holandesa que puede salvar el planeta reduciendo drásticamente las emisiones

Vamos a hacer un ejercicio. Coge cualquier producto envasado que tengas en casa. Puede ser la leche, el limpiasuelos, una sopa o incluso una comida precocinada. Revisa su etiqueta para comprobar sus ingredientes. ¿A qué hay uno en común? Exacto, el agua. Este componente añade peso o aporta el aspecto deseado de lo que contenga el recipiente. Pero también supone un enorme daño al planeta.

El agua utilizada para crear un producto supone un gran gasto energético, tanto en la fase de producción como en la de transporte. Y eso significa un mayor número de emisiones a la atmósfera. Por ejemplo, es necesaria una mayor cantidad de gasolina para mover un camión cargado con dichos productos que si ese mismo vehículo transportara esos mismos artículos deshidratados.

Y ese último razonamiento es el que ha llevado a la joven estudiante holandesa Mirjam de Bruijn a crear un proyecto llamado Twenty. Su idea es la de que todos los artículos que contengan una gran cantidad de agua sean vendidos en forma de polvo para que luego sean los clientes los que terminen su fabricación en casa, simplemente añadiendo agua.

Así, por ejemplo, podríamos comprar una cápsula de apenas 10 gramos para crear en nuestro hogar un champú de 100 ml. Este sistema facilitaría el transporte de enormes cantidades de ese producto, pero con un peso mucho menor, reduciendo así el consumo energético y cortando las emisiones a la atmósfera.

El concepto de Twenty es el eje central de la tesis de de Bruijn, que presentó en la Academia de Diseño de Eindhoven (Holanda). Además, la estudiante aboga porque cada ciudadano tenga en casa una botella de plástico que pueda ir rellenando con el polvo y el agua, reduciendo de manera significativa los deshechos plásticos.

En su tesis de Bruijn estima que los gastos de transporte de este tipo de productos que tengan tanta agua se reducirían un 90%, y las emisiones de dióxido de carbono bajarían un 4% a nivel global. 

La estudiante de diseño ha centrado su trabajo en los productos de higiene, e incluso se ha atrevido a esbozar cómo serían las pastillas de champú y cómo sería la caja en la que vinieran.

De momento, el proyecto de de Bruijn es solo una idea que aspira a remover conciencias. Pero podría ser una realidad si una de las grandes marcas de cosméticos del planeta decidiera seguir por el camino que esta holandesa ha abierto. Si fuera así, el mundo sería un lugar mejor.