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La guerra al diésel llega al mundo real

Jaime Quirós –  Alemania es un país conocido por su infinidad de variedades wurst (salchichas) y por las cervezas tamaño XL que se ven desfilar en el popular Octoberfest. Pero poco a poco también el territorio alemán esta cogiendo fama por ser especialmente respetuoso con el medio ambiente. Lo sustentan algunos reglamentos y políticas ‘limpios’ como la iniciativa que el Gobierno alemán quiere implementar para sustituir las centrales nucleares por fuentes de energía renovable y aumentar el ahorro energético. En el horizonte está el sueño de ser un país donde más del 80% de la energía producida sea renovable.

Siguiendo con la imagen verde que el país busca, hace unos años se impulsó una ley para que los coches diésel más viejos no pudieran circular por las ciudades. Y por fin llegó el momento de la verdad: la ciudad de Hamburgo comienza a preparar todo su sistema para la inminente aplicación del reglamento, convirtiéndose en la primera urbe alemana en prohibir la circulación de automóviles de diésel antiguos y camiones.

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Foto: EFE / Focke Strangmann

El objetivo es claro: mejorar la calidad del aire y librarse de los agentes altamente contaminantes de este tipo de transporte. La ordenanza del ayuntamiento de Hamburgo entrará en marcha el 31 de mayo, prohibiendo de forma automática el paso de automóviles y camiones. La disposición se empezará a aplicar en dos vías del barrio de Altona-Nord, algo así como 580 metros y 1.700 metros respectivamente de recorrido. De momento se aplicará la norma a vehículos que se fabricaron antes del 2009 y camiones, pero en un futuro se espera que se extienda a otras partes de la ciudad y sea más estricta.

La disposición se acoge a lo dictaminado por el Tribunal Administrativo Federal de Alemania hace menos de un mes, cuando se daba luz verde a que cualquier ayuntamiento alemán pudiera prohibir la circulación de los vehículos diésel.

Según datos de la Oficina Federal de Transporte, Hamburgo tiene 2 millones de habitantes y a diario circulan por sus calles 265.000 vehículos diésel , de los que 165.000 son viejos. Con estos números sale a la luz un debate que viene siendo tradicional cuando se aplican este tipo de restricciones ¿Quiénes son los más perjudicados?

Inundablemente, los primeros son las personas con menos recursos, que no disponen de recursos para cambiar de coche con frecuencia y que a partir de ahora no podrán usar sus viejos automóviles. Entre ellos se encontrarán las personas con menor cualificación y trabajos peor pagados, que además no suelen vivir en el centro de la ciudad. También tendrán que buscar formas de transporte alternativas seguramente los jubilados, bien por razones de ingresos o porque no suelen tener interés por estrenar coche cada pocos años. Y en tercer lugar, los jóvenes y mileuristas que heredan el coche viejo familiar o compran uno de segunda mano para empezar a moverse.

A la vista de los acontecimientos y de que esta tendencia irá poco a poco llegando a otras grandes ciudades, la clave es que cerrar el centro a los coches tiene que venir acompañado de un transporte público más amplio, más eficaz y sobre todo más limpio. Y si la opción es dar cancha al coche eléctrico, que se hagan asequibles y haya de verdad una red suficiente de puntos donde cargarlos. Lo demás es demagogia.

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