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Cómo 'Alicia en el país de las maravillas' marcó el inicio de la decadencia de Johnny Depp

Cine 54
·7 min de lectura

Por Alberto Cano.- Johnny Depp comenzaba el 2010 en lo más alto de su carrera. Acababa de ser nominado al Óscar por su trabajo en Sweeney Todd, venía de trabajar con directores como Michael Mann y Terry Gilliam, había amasado millones en taquilla por interpretar a Jack Sparrow en Piratas del Caribe, y ya tenía a sus espaldas icónicos personajes como Eduardo Manostijeras, Donnie Brasco o Gilbert Grape, entre otros. El futuro le sonreía hasta el punto que llegó a cobrar $50 millones por su siguiente película (iMDB). 

Sin embargo, tras consolidarse como una de las mayores estrellas de Hollywood, el inicio de la nueva década supuso una caída cuesta bajo y sin frenos. Y hubo una película en especial que marcó un claro punto de inflexión.

Johnny Depp en Alicia en el País de las Maravillas (©Disney Enterprises,Inc/S by LMK, Gtres)
Johnny Depp en Alicia en el País de las Maravillas (©Disney Enterprises,Inc/S by LMK, Gtres)

Aunque Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton se presentaba como una apuesta potente para volver a hacer gala de su talento camaleónico, lo cierto es que la película que finalmente llegó a nuestras pantallas estuvo muy lejos de ser la maravillosa adaptación de la obra de Lewis Carroll que se nos había prometido. Y lo mismo se puede decir del papel de Johnny como el Sombrero Loco (por el que cobró los 50 millones mencionados).

Muchos nos moríamos de ganas de disfrutar de este nuevo trabajo de Burton, de descubrir la visión del director de Big Fish o Eduardo Manostijeras sobre este clásico de la literatura, de adentrarnos en esa recreación digital del País de las Maravillas, y ver a su reparto de grandes nombres en pantalla. Pero la película fue recibida con mucha frialdad por la crítica, y aunque fue un indudable éxito en taquilla tras recaudar más de mil millones de dólares en todo el mundo, suscitó muchos comentarios de rechazo también entre el público.

Y Johnny Depp y su Sombrerero Loco fueron algunas de las víctimas de las malas opiniones. Los exagerados tics que aportó al personaje, lo agotadora que acabó siendo su presencia en pantalla o ese irrisorio baile al final de la película, hicieron que no fueran pocos los espectadores que no quedaron convencidos con su interpretación. Y tras varios años inmerso en las excentricidades de Jack Sparrow, Willie Wonka o incluso personajes animados como Victor Van Dort, su punto cómico empezó a resultar cargante para el gran público.

No hay más que ver el rumbo que tomó su carrera desde ese momento para constatarlo. El actor fue encadenando fracaso tras fracaso con papeles encasillados en los mismos gestos. Y el primer exponente lo vimos al año siguiente de Alicia en el País de las maravillas en Los diarios del Ron, adaptación de la novela de Hunter S. Thompson que el propio actor produjo buscando su lucimiento en pantalla. Pero la que pudo haber sido una excelente cinta académica con altas posibilidades de arrasar en premios, acabó siendo una producción muy superficial donde la interpretación de su protagonista no jugó demasiado a su favor.

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Lo curioso es que Johnny Depp venía de recibir una polémica doble nominación a los Globos de Oro por Alicia en el país de las maravillas y The Tourist -dos películas que no convencieron a la crítica- y desde ese momento la industria y los premios también dejaron de tener ojos para él. De la noche a la mañana había dejado de ser una apuesta segura para la temporada de los galardones más prestigiosos, e iIncluso el público dejó de responder como venía haciendo en taquilla (a no ser que fuera otra entrega de Jack Sparrow como se puede comprobar en las recaudaciones de aquellos años en The-Numbers).

Y es que la cuarta entrega de Piratas del Caribe habrá sido un éxito económico pero, siendo sinceros, no convenció a nadie. Su recibimiento crítico fue nefasto y el público comenzó a perder interés por esta millonaria franquicia de Disney. 

La caída de Depp se vio con más claridad con los estrepitosos fracasos de Sombras Tenebrosas, El llanero solitario, Mortdecai o Transcendence, películas que confirmaron que el actor que tantas alegrías y alabanzas había cosechado durante los 90 y los 2000 estaba perdiendo su estatus de estrella. Y por si no quedaba claro, la confirmación llegó en 2016 con los terribles datos de taquilla de la secuela de Alicia en el país de las maravillas: si la primera había superado los mil millones, la segunda apenas alcanzó una cuarta parte con $276 millones globales.

Que Alicia a través del espejo no funcionara clarificó que la cinta de 2010 no dejó un buen sabor de boca. O al menos no el suficiente para que el público se interesara en una secuela centrada en el pasado del personaje de Johnny Depp. Su protagonista estaba lejos de ser el icono que era hace años, su personaje resultaba aun más histriónico y la película no parecía ir mucho más allá de lo que vimos en la cinta de Tim Burton.

He de reconocer que disfruté con Alicia a través del espejo. Como fan del universo de Lewis Caroll me resultó fascinante descubrir una historia completamente original basada en el país de las maravillas con nuevos y visualmente fastuosos escenarios, viajes en el tiempo o detalles curiosos sobre los personajes. Pero si hay algo que no me convenció fue la actuación de Depp. Hace años me consideraba fan del actor y esta película me mostró mejor que ninguna otra por qué su trabajo ya no me producía la misma fascinación. Además, su estreno coincidió con las acusaciones de Amber Heard por maltrato, iniciando una batalla legal que todavía no ha terminado y que obligó a Depp a bajar aún más peldaños del firmamento hollywoodense.

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Dejando de lado las polémicas, sí que debo admitir que su trabajo como actor empezó a lucir de nuevo a partir de este punto. A excepción de interpretar de nuevo a Jack Sparrow en la quinta entrega de Piratas del Caribe, consiguió desencasillarse de sus gestos histriónicos en producciones más independientes como Black Mass o Waiting for the Barbarians, desprendió elegancia de nuevo en Asesinato en el Orient Express de Kenneth Brannagh y retomó ese toque serio y oscuro de películas como Sweeney Todd interpretando a Grindelwald en Animales Fantásticos.

Pero ya era tarde. Tras acumular numerosos fracasos durante toda la década de 2010 y enfrentarse a cargos judiciales por su presunto abuso físico hacia Amber Heard, su reputación estaba por los suelos. Ahora su carrera se enfrenta a un rumbo muy incierto. Es cierto que cuenta con el apoyo incondicional de millones de fans en todo el mundo que defienden su vida privada y profesional como un verdadero ejército defensor, pero si Hollywood volverá a darle el lugar que ocupaba antes de 2010 aún está por verse. De momento, y según su perfil de Instagram, parece estar dedicando su tiempo a la música. 

Con Hollywood tan sacudido tras las justas revelaciones del movimiento #MeToo, gran parte de su futuro profesional dependerá del resultado de su batalla legal con Amber Heard. Prueba de ello es su renuncia forzada a la secuela de Animales Fantásticos y el hecho de que hace varios meses que no se anuncia ningún proyecto con su nombre. El último rumor apuntaba a una supuesta búsqueda de trabajo en el cine independiente.

La primera demanda presentada en Londres la perdió cuando el juez dictaminó que no había pruebas que demostraran que Johnny Depp no era un "golpeador de mujeres" como había titulado el periódico The Sun (y motivo de la demanda). La siguiente cita será en EEUU donde el actor demandó a su exesposa por difamación a raíz de un artículo que publicó en The Washington Post donde se proclamaba víctima de la violencia doméstica supuestamente señalándolo de forma indirecta. 

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