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La izquierda, ante la 'división suicida' de Podemos y Yolanda Díaz: "Ir separados sería una escabechina"

Yolanda Díaz e Irene Montero
Yolanda Díaz e Irene Montero

Yolanda Díaz e Irene Montero

Suicidio. Terrible decisión. Magnicidio. El final de la izquierda. Todos los politólogos y analistas políticos hacen el mismo diagnóstico: si la izquierda se presenta dividida a las próximas elecciones generales, perderán el gobierno y dejarán servida en bandeja de plata la Moncloa a PP y Vox. “No hay espacio para dos o más candidaturas a la izquierda del PSOE. Hacer eso sería una catástrofe”, asegura tajante a El HuffPost el politólogo Eduardo Bayón.

Con Yolanda Díaz volando libre, la oportunidad de que hasta tres marcas de izquierdas diferentes compitan por el poder - Unidas Podemos, Sumar y Más País - provoca una fragmentación contraproducente de dicho espacio.

La actual ministra de Trabajo del gobierno de coalición fue designada a dedo por Pablo Iglesias como su cabeza de cartel una vez que el exvicepresidente del Gobierno abandonara el Consejo de Ministros y se lanzara a la aventura de competir contra Isabel Díaz-Ayuso en Madrid. Iglesias creó una bicefalia: Ione Belarra (y, en la sombra, Irene Montero) dirigiría Podemos y Yolanda Díaz sería el instrumento para sumar votos apoyándose en la solvente gestión al frente de la cartera de Trabajo y su buena valoración entre los españoles: mes a mes, es la líder con mejor nota según el CIS.

Pero, tal como relató El HuffPost hace unas semanas, Díaz se mostró incómoda ante este reparto de papeles. Sería la candidata pero tendría el control de un partido en el que, por otro lado, no milita. Y así comenzó a construir Sumar, la denominada “plataforma ciudadana” que ya tiene redactado estatutos, equipo orgánico y una clara ambición electoral. Ante los ataques de su excompañero Iglesias - que la acusa de faltarle el respeto a Podemos y poca humildad - Yolanda Díaz no ha dudado en impulsar su propia marca y ha manifestado en reiteradas ocasiones que “los liderazgos los decide, afortunadamente la gente”.

Construyendo el liderazgo de Irene Montero

En Podemos cunde el pavor de que Yolanda Díaz no sea finalmente su candidata y la gallega pretenda hacerse con su electorado. Los puentes están rotos, incluso en el propio gobierno. “Ya no podemos hablar de una coalición de dos, sino de tres. Podemos, PSOE y Yolanda Díaz. Los intereses de cada uno de ellos no están alineados”, comenta también el politólogo Pablo Simón. 

Bajo el ruido mediático de la guerra abierta entre Iglesias y Yolanda Díaz, la ministra de Igualdad Irene Montero dejaba esta semana la puerta abierta a su compañera en el Consejo de Ministros.  “Todavía es posible conseguir un acuerdo de coalición”, aseguraba en una entrevista en TVE. Pero en las últimas semanas, la maquinaria del partido ha comenzado a trabajar para impulsar a Irene Montero como el ‘plan B’ de Podemos en el caso de que Díaz no acepte la coalición.

Envuelta en las recientes polémicas, la ministra de Igualdad ha acaparado todos los focos por sus choques con Vox y con el PP a cuenta de la entrada en vigor de la ley del sí es sí y los efectos no deseados que está teniendo en algunos casos con la rebaja de penas a agresores sexuales. Fue arropada por gran parte de la clase política ante la humillación pública a la que fue sometida, tras ser calificada de “inútil” o de haber “estudiado a fondo a Pablo Iglesias”. 

Pero para sorpresa de todos, Montero pasó de víctima a ‘verdugo’ en apenas una semana al asegurar que el PP fomenta la “cultura de la violación”. Una gruesa afirmación que provocó la reacción airada de la bancada popular, con petición oficial de dimisión y una concentración a las puertas del Congreso.

Podemos se aferra a Montero como su última gran oportunidad electoral una vez que ellos mismos diluyen la imagen de Ione Belarra. El pasado fin de semana, en Madrid, organizaron un acto feminista para defender a la ministra de Igualdad en un momento difícil para ella. Belarra estuvo allí, se la vio, pero pasó inadvertida. El foco no estaba en ella. Incluso agrupaciones territoriales ya han llegado a referirse a Irene Montero como ‘presidenta’ en las redes sociales.

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Por su parte, Díaz ha diluido su figura en estas semanas tan agitadas en la política. Se puso de perfil en la polémica por la ley del “sólo sí es sí” y esta semana ha puesto tierra de por medio viajando hasta México. Pura estrategia, para algunos, al dejar que Irene Montero se cocine en su propio caldo mientras Díaz mantiene esa actitud moderada y “responsable” que tanto parece funcionarle.

Al otro lado, el PSOE también ve con temor que las diferencias entre las dos ministras se lleve por delante cualquier aspiración de seguir en la Moncloa. La lectura que hacen es que con esta omnipresencia, Montero se está haciendo “más fuerte” de cara a la negociación irremediable que tendrá que llevar a cabo con Yolanda Díaz. Porque, pese a todo, entre los socialistas se descarta la idea “suicida” de que ambas acaben rivalizando entre sí.

La barrera electoral del 12-15%

Las cuentas que se hacen son claras.  El sistema electoral en España, que se reconoce como “injusto”, castiga de manera clara a los partidos que no superan el 15% del voto total con una infrarrepresentación. Las últimas encuestas sitúan a Podemos por debajo de este umbral (11,3% según la de El País) e incluso un sondeo que contempla a Sumar sólo otorga un 4,3% de los votos a Yolanda Díaz. En ese estudio de Ágora Integral, Podemos bajaría al 8,6% y Más País se quedaría en el 3,5%.

Es decir, todos los partidos a la izquierda del PSOE se situarían por debajo del 15% y les sería difícil sumar escaños con una ley electoral que premia a los grandes partidos y las amplias mayorías. “El diseño electoral haría un escabechina a Podemos y Sumar. O tienes mucho voto concentrado, como le ocurrió a Más País en Madrid y Valencia, o por debajo del 12% empiezas a perder mucho rendimiento en transformación de votos”, asegura Bayón.

Hasta cuatro escaños menos con la irrupción de Errejón

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, juntos en 2016
Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, juntos en 2016

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, juntos en 2016

Pero esto no es algo nuevo. Tradicionalmente, IU se ha visto golpeada por este sistema de designación de diputados al estar a la sombra del PSOE. Pese a ser en muchas ocasiones la tercera o cuarta fuerza más votada, su representación nunca se ha correspondido con su músculo electoral. En 1996, por ejemplo, Julio Anguita consiguió el mejor resultado para IU con más del 10% de los votos, pero sólo sumó 21 diputados.

Podemos también sabe lo que es salir a jugar el partido en desventaja. En 2015, IU y los de Iglesias fueron por separado en las generales. En aquella ocasión, Alberto Garzón sumó casi un millón de votos y fue la quinta fuerza más votada. Sin embargo, al tener tanta dispersión de voto, sólo sumó dos escaños mientras Podemos llegó a 69. En la repetición electoral, fueron juntos. Entonces sumaron los mismos escaños que unos meses antes pero con tres puntos de menos de porcentaje voto (21,1% frente a 24,3%). Si hubieran repetido la fórmula de ir por separado, el resultado para ambos habría sido bastante peor.

En las últimas elecciones de 2019, Iñigo Errejón decidió concurrir a las elecciones con Más País y obtuvo tres escaños (dos por Madrid y el de Compromís por Valencia). Fue la sexta fuerza más votada con más de medio millón de votos, pero pese a todo no sumó más parlamentarios. Y es que de esos 560.000 votos, 180.000 fueron en circunscripciones estériles. Suponiendo que todos los votos de Más País en estas provincias hubiesen ido a Unidas Podemos, los de Iglesias habría obtenido cuatro escaños más de los 35 cosechados.

La izquierda se juega, por tanto, prácticamente el ser o no ser en las próximas elecciones. Y todo dependerá de si priorizan el proyecto identitario o quedan fagocitadas por esa mala costumbre de la izquierda de dividirse. “Podemos y Yolanda Díaz están condenados a entenderse si el objetivo prioritario es mantener el gobierno de coalición”, concluye el politólogo Bayón.

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