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Italia vota: la ultra Meloni, favorita en este 25-S marcado por el desencanto y la división

Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, durante un mitin de campaña en la plaza del Duomo de Milán, el pasado 11 de septiembre. (Photo: FLAVIO LO SCALZO via REUTERS)
Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, durante un mitin de campaña en la plaza del Duomo de Milán, el pasado 11 de septiembre. (Photo: FLAVIO LO SCALZO via REUTERS)

Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, durante un mitin de campaña en la plaza del Duomo de Milán, el pasado 11 de septiembre.  (Photo: FLAVIO LO SCALZO via REUTERS)

Esta es la historia de un país que acumula 67 Ejecutivos en 75 años, donde las legislaturas rara vez superan su ecuador, donde un tecnócrata respetado llevaba las riendas hasta el verano pero, ay, el egoísmo de sus socios les hizo romper la bajara y destrozar un gabinete que medio funcionaba. Es la historia de un país que vota este domingo, 25 de septiembre, absolutamente desencantado, indignado, sin respuestas, que ya ha probado todas las papeletas que se le ofrecen menos una y que, por eso, dicen las encuestas que va a elegir la nueva, aunque sea la de la ultraderecha, por si hace algo. Es la historia de Italia y del previsible triunfo de Giorgia Meloni, que tienen en sus manos 50 millones de votantes.

La cita viene marcada por una tremenda apatía de los electores, un cuerpo volátil, con un 40 % de indecisos y abstencionistas, cansado de no tener eco en sus dirigentes, hastiado del desencuentro entre las formaciones políticas, de la pelea por encima de la gestión, que hoy votaría mayoritariamente por que siguiera Mario Draghi como primer ministro. Eso no puede ser, lo defenestraron sus socios este verano. Ahora, la mayoría de los que acudan a las urnas se inclinarán a la derecha, muy a la derecha. No es una justificación, sino una explicación: la falta de respuestas alimenta a los monstruos.

Cuando los colegios electorales cierren a las once de la noche lo que se espera es que el bloque que forman la derecha y la ultraderecha sea el vencedor. Los principales partidos de ese espectro acuden a la cita por separado pero tienen un acuerdo para sumar luego y formar Gobierno. Los sondeos no sabemos si serán acertados, pero por ahora son apabullantes: el partido de Meloni, Hermanos de Italia (Fratelli d’Italia), podría obtener un 25% de los votos. Nacido con conexiones con el posfascismo mussoliniano, ha intentado moderar su imagen, pero quedan para el recuerdo las frases de su líder en un mitin de Vox para conocer su ideario. Que es de derecha radical es lo más suave que se le puede decir.

A Hermanos se sumarían la Liga Norte de Matteo Salvini, con entre un 12 y un 14% de los votos, y Forza Italia, el mítico partido de Silvio Berlusconi, con un 8%. La agencia Reuters ha sumado las siete encuestas principales y sostiene que, combinada, la derecha sacará en torno al 46%  de los sufragios. El sistema electoral actual en Italia beneficia a la derecha, por lo que ese apoyo puede traducirse casi en un 70% de los escaños del Parlamento.

En el otro extremo, el Partido Democrático (PD) de Enrico Letta sería la segunda fuerza del país, con un 22 o 23% de los votos pero, frente a la unidad de los conservadores, el centro-izquierda italiano no ha sido capaz de ponerse de acuerdo ni en una lista unitaria ni en un posterior acuerdo de gobernabilidad. Letta tendría poco más del 3% extra que aportan la suma de Izquierda Italia y Los Verdes, otro 3% de + Europa, pero nada que se acerque al bloque adversario. Se quedan en un 30% más o menos.

El Movimiento 5 Estrellas (M5S), de tendencia izquierdista y populista, parece haber avanzado significativamente en los últimos días, hasta un 13%, tercera fuerza. Pero no, con ellos no se puede sumar porque fueron los culpables de que cayera el Gobierno de Draghi, ahora mismo en funciones. Y de ahí nace una pelea que ha dividido aún más a la izquierda nacional y que impide mayorías alternativas.

El río revuelto de la desunión

Meloni ha subido, es cierto, se ha puesto por delante de las otras formaciones clásicas de derechas con su tono populista, sus medidas extremas, su hipernacionalismo, pero es que enfrente se lo han puesto fácil. Cinco Estrellas fue a por Draghi, de quien era socio, otros dos miembros del Gobierno de unidad liderados por el tecnócrata aumentaron la grieta, Liga y Forza, y apenas ha quedado un grupo, el del Partido Demócrata, que enarbolaban la bandera de los herederos de Draghi.

Con los tres partidos que rompieron se quemaron las naves, pero se abrieron otras posibilidades con fuerzas de nueva creación, como el centrista Acción, encabezada por Carlo Calenda, un todoterreno de ls política italiana, al que se sumó el exprimer ministro Matteo Renzi. Juntos podrían aportarle este domingo un 10% más de votos. Llegaron a darse la mano en público, a decir que iban juntos, pero Letta metió en el grupo a verdes e izquierda radical y el encanto se rompió. No hay frente posible contra la derecha si no es con un cambio total de actitud, una especie de cordón sanitario para que Meloni y su gente no gobierne.

Enrico Letta. (Photo: KONTROLAB via Getty Images)
Enrico Letta. (Photo: KONTROLAB via Getty Images)

Enrico Letta.   (Photo: KONTROLAB via Getty Images)

Los conservadores sólo podrían ser frenados por una oleada del Cinco Estrellas, unida a un salto en el apoyo a Acción, que robe votos a la derecha, y con mucha voluntad política. Hoy no se ve por ningún lado. Hasta los sindicatos principales del país han dado la batalla por perdida ya.

Tampoco lo pone fácil el sistema electoral: la actual ley italiana fue aprobada en 2017 y favorece a las grandes coaliciones, pues su intención fue la de apuntalar el bipartidismo y frenar al populista M5S, que ganó las generales el año siguiente. Denominado Rosatellum, es un sistema mixto en el que el 61% de los escaños son asignados por el método proporcional -en función del porcentaje de votos obtenidos- y el 37% restante depende de un mayoritario con circunscripciones uninominales, donde la coalición -y no el partido- que saque un voto más se llevará el escaño. El 2% restante está reservado al voto en el extranjero: 12 diputados y senadores. Nada definitorio.

¿Por qué no probar?

En mitad de este formidable lío, ha escalado Meloni, que durante este tiempo ha estado en la oposición, quejándose de todo lo que hacía Draghi y su gente. Cuenta a su favor con eso, que no ha tocado poder, que no tiene mancha de gestión, y eso atrae a unos electores que ya no saben a qué puerta llamar, con la recesión a las puertas, con la inflación casi al 9%, el peor dato en 37 años.

“Hay una franja amplísima que no tiene un sentimiento identitario ideológico y que busca a la figura que le ofrece las mayores esperanzas de cambio. Luego esa figura decepciona y se busca otra”, explica a la Agencia EFE Alberto Vannucci, profesor del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Pisa, sobre “la señal de un profundo descontento respecto a la política”.

En estos comicios, la renovación la representa Meloni, que puede convertirse en la primera mujer en presidir un Gobierno en Italia. “Es joven y mujer, una señal profunda de cambio. Mas allá de los contenidos de su mensaje, con su sola presencia, representa plásticamente la idea de cambio”, explica el analista.

O como resumía en El HuffPost el doctor en Historia Contemporánea y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Matteo Re: “No, los italianos no son fascistas, lo que están es decepcionados con la política tradicional. Este sentido del voto viene más bien de ese cansancio. El ciudadano dice: “pues mira, al final, hemos visto ya a todos gobernando, a Draghi, y lo hicieron caer; al M5E con Salvini en 2018, otro fracaso, un año duraron; luego el M5E con el PD, y lo mismo, y hace años ya vimos a Berlusconi en el Gobierno… Han estado todos y ¿qué nos queda? Nos queda ella, pues vamos a ver. Lo que dice la gente es que por lo menos Meloni ha sido coherente”.

El cambio, la prueba, otorga confianza en una señora calificada de fascista por sus más críticos, que conforme pasaban las semanas de campaña ha intentado ser más modosa: más proeuropea y atlantista, más alineada con consensos internacionales como la censura a la invasión de Ucrania, más oscura en cuanto a si pondrá un bloque naval en el Mediterráneo para evitar la llegada de lanchas con migrantes y refugiados...

Pero en España resuenan sus palabras en un mitin de apoyo a Macarena Olona, que suenan a mandamientos: “Sí a la familia natural, no a los lobbies LGBT; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva; [...] sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas; y sí a nuestra civilización, y no a quienes quieren destruirla”, proclamó la italiana.

Más tarde, señaló: “Cambiaría el tono, no el contenido, porque son cosas que he dicho muchas veces. Pero cuando dices cosas con tanta determinación, hay que decirlas en otro tono”, dijo en una entrevista. “Cuando me volví a ver, no me gustaba. Cuando estoy muy cansada, soy incapaz de modular un tono apasionado que no sea agresivo”, insistió. Contenido, sí; tono, no. Un retrato, pero que en su país no se entiende como el más extremo porque, yendo al detalle, más lo es Salvini, dicen.

El programa

El propio Salvini y Berlusconi, de enorme ego ambos, han tenido que ceder el protagonismo a la estrella emergente, Meloni, pese a que no en todo hay acuerdo. Su programa de gobierno, titulado Por Italia y de apenas 15 puntos poco definidos, recoge de manera expresa el compromiso “europeista” con la Unión Europea y la OTAN, que es un requisito para recibir el beneplácito de Bruselas en un momento en el que Italia cuenta con los fondos de recuperación postpandemia. También el apoyo a Ucrania frente a Rusia, que se había puesto en duda por las simpatías pro-Putin de Berlusconi y Salvini.

La coalición propone una UE “más política y menos burocrática” y se compromete a defender los “intereses nacionales” en asuntos como el control de fronteras o la transición ecológica. También habla de “defender y promover las raíces e identidades históricas y culturales clásicas y judeocristianas de Europa”.También plantea la elección directa del presidente del país y ampliar el autogobierno de las regiones para avanzar hacia un modelo federal.

En inmigración, el programa pone el énfasis en aumentar la seguridad y la “defensa de las fronteras nacionales y europeas”, impidiendo los desembarcos, y crear centros de internamiento para los en el norte de África. Y en política económica, además de reducir impuestos y extender una tarifa plana a los autónomos que facturen hasta 100.000 euros anuales, propone un ambicioso plan de infraestructuras pagado con los fondos europeos, la promoción de la producción nacional (Made in Italy) y un plan de apoyo a la natalidad.

Matteo Salvini, Silvio Berlusconi y Giorgia Meloni, el pasado día 22, cerrando campaña en Roma, juntos por primera vez en dos años. (Photo: Franco Origlia via Getty Images)
Matteo Salvini, Silvio Berlusconi y Giorgia Meloni, el pasado día 22, cerrando campaña en Roma, juntos por primera vez en dos años. (Photo: Franco Origlia via Getty Images)

Matteo Salvini, Silvio Berlusconi y Giorgia Meloni, el pasado día 22,  cerrando campaña en Roma, juntos por primera vez en dos años.  (Photo: Franco Origlia via Getty Images)

Ahora los tres líderes cierran campaña juntos, en una imagen de pura unidad, pero durante la campaña ha habido diferencias que no hacen peligrar la alianza firmada, pero sí auguran dolores de cabeza en la formación del gobierno y en sus políticas. Así, si Salvini quiere más deuda pública para dar ayudas a los ciudadanos y afrontar el encarecimiento de la vida, Meloni dice que es mejor no desviarse de la pactada; si Berlusconi apoya que Hungría ya no sea más declarada una democracia en el Parlamento Europeo, Salvini y Meloni lo rechazan; si Salvini defiende que hay que quitar las sanciones occidentales a Rusia para que los precios bajen, Meloni critica la invasión y descarta dar pasos diferentes a los de los socios europeos, mientras Berlusconi, amigo de Vladimir Putin justifica la guerra porque su cuate “sólo quería sustituir a Zelenski por gente de bien”, ; si Meloni quiere revisar las exigencias para lograr las ayudas del plan de recuperación de la UE, el exeurodiputado Berlusconi le dice que ni se le ocurra o habrá castigo.

Luego está la confección del gabinete. Hermanos de Italia se pavonea del resultado que parece que va sacar y quiere mando a la hora no sólo de elegir a la primera ministra -el porcentaje de voto será alto y Meloni será la elegida-, sino las demás carteras. Salvini avisa de que cada cargo ha de ser por consenso y que ellos sí tienen gente con experiencia de gestión. Rencillas anticipadas que auguran tiempos no tan estables como promete el trío, por más que en campaña hayan garantizado un todo “sólido, cohesionado, con un fuerte mandato popular y que durará cinco años”, para “gobernar bien y gobernar juntos”.

Europa, pendiente

Tras la posible entrada de organización neonazi en el seno de la nueva coalición parlamentaria en Suecia, en virtud de las elecciones de la semana pasada, Italia está ahora en el centro de los miedos por el ascenso de la ultraderecha en Europa. Bruselas tiene como telón de fondo la invasión a Ucrania, con su crisis energética e inflacionaria, presagio de un duro invierno, que puede provocar conflictos sociales, un escenario crispado que puede llevar a recuperar el voto antisistema.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ya ha avisado a Italia de las consecuencias que pueden llegar en caso de que se aleje de los principios democráticos, una amenaza apenas velada antes de las elecciones destinado a Giorgia Meloni. “Mi planteamiento es que cualquier Gobierno democrático que esté dispuesto a trabajar con nosotros, trabajaremos juntos”, dijo en respuesta a una pregunta en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, el jueves. “Si las cosas van en una dirección difícil, como he mencionado respecto a Hungría y Polonia, tenemos herramientas”, añadió.

Von der Leyen se refería a la recomendación del domingo de la Comisión Europea de suspender unos 7.500 millones de euros de financiación a Hungría por corrupción, el primer caso de este tipo en el bloque de los 27, en virtud de una nueva clase de sanciones destinadas a proteger mejor el Estado de Derecho. Meloni es partidaria de una línea soberanista y ultraconservadora, ideológicamente se muestra cercana a la Hungría de Viktor Orban, y así se explica el disparo.

Lo que pase en Italia afecta a Italia, pero también a toda Europa. Por eso preocupa. Los resultados, entrada la madrugada.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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