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El iraní que pasó de vivir las dificultades de la migración a crear una fintech en México

Ricardo Dorantes

A los 20 años, Matin Tamizi se graduaba como ingeniero en computación de la Universidad de Maryland. Pero no es fácil tener 20 años y convertirse en ingeniero en computación por la Universidad de Maryland cuando eres Matin Tamizi.

Matin nació en Irán, pero su familia migró sin documentos a Estados Unidos. Los primeros cinco años de esa infancia fueron muy duros y al mismo tiempo sirvieron para definir una vocación: la tecnología. Era el hijo más joven de esa familia y su madre era una madre soltera tratando de sacar adelante a sus pequeños en un país del que apenas conocía el idioma.

Cuando terminó la universidad, Tamizi soñaba con crear una fintech, pero antes había deudas que pagar. Su madre hipotecó la casa para que el último de sus hijos accediera a una educación universitaria, así que Tamizi buscó un trabajo para que su madre no perdiera su hogar.

“Tenía muchas responsabilidades. Conseguí un trabajo estable, con el que pude vivir un año y medio en Estados Unidos y otro año y medio en Europa”, cuenta el emprendedor.

En 2008, Tamizi recibió la llamada que tanto esperaba: su mamá terminó de pagar la hipoteca. Tamizi sonrió y renunció a su trabajo. Tomó un vuelo rumbo a Silicon Valley. Estaba listo para empezar a cumplir su sueño.

Estados Unidos recibió a Tamizi y sus maletas llenas de ilusiones con un anuncio brutal: el inicio de la crisis financiera estaba a la vista, era el peor momento para empezar una compañía Fintech, pero eso no frenó al iraní.

Tamizi empezó a trabajar para una compañía especializada en comercio electrónico, que con el tiempo se vendería por 75 millones de dolares. En 2010, se unió al grupo fundador de Balanced, un procesador de pagos en línea enfocado en marketplaces y crowfunding. En 2015, la firma acumulaba transacciones por más de mil millones de dólares. Ese mismo año, vendió la compañía.

Para 2017, el sueño de crear una fintech, el amor y las condiciones del mercado le señalaron a Matin que México era el mejor lugar para empezar desde cero. Así nació Cuenca, que es realmente de lo que hoy habla Matin en una oficina cerca de Avenida Reforma, en Ciudad de México.

Las ventajas de un país que no cree en la banca

“Originalmente se trata de una cruzada de crear un banco móvil para 60% de los mexicanos que no cuentan con una cuenta bancaria”, dice Tamizi.

Pero el emprendedor se dio cuenta de que en realidad podría interesar al 95% de los mexicanos, pues sólo la mínima parte de la población bancarizada, equivalente al 5% del país, está satisfecho con el servicio que recibe.

Cuenca permite abrir una cuenta bancaria digital en menos de 5 minutos.

“Sólo se necesita una identificación y, al crear la cuenta, la persona recibe al momento una clave bancaria, a través de la cual puede recibir depósitos –incluyendo nómina--, pero también para realizar pagos como Uber o Netflix”, describe el emprendedor.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2018 destacó que 60% de la población mexicana no estaba bancarizada, pero además advirtió que 15% de la población que sí lo está, utiliza su cuenta para recibir dinero, el cual normalmente retiran de forma inmediata.

Para Tamizi, esto habla de la desconfianza de la población en el sector bancario: las personas prefieren llevar todo su efectivo en el transporte público –en donde existe un alto riesgo de caer en manos de la delincuencia--, que administrarlo desde su cuenta bancaria.

Las fintech tienen el potencial en México de generar la confianza y cubrir los servicios en donde la banca tradicional ha quedado corta, confía el emprendedor.

De acuerdo con Tamizi, Cuenca es la primera fintech que trabaja de la mano con Visa en el país, por lo que es posible realizar el pago de más de 80 servicios, como tarjetas de crédito, servicios de agua, luz, tiempo aire, etcétera.

Cuenca ha abierto la posibilidad de convertir esa tarjeta digital en una física, la cual, en caso de solicitarla, se entrega en el domicilio indicado en menos de 90 minutos.
El límite de recepción de dinero para esta cuenta es de 18 mil pesos, en caso de que la apertura se haya hecho sin un comprobante de domicilio, pero en cuanto se cumple este requisito, se eliminan los límites.

Con Cuenca, Tamizi ha afianzado por fin el sueño de crear una fintech, y lo ha hecho en un país que ni siquiera figuraba en sus opciones hace diez años, pero también en el que ofrece una posibilidad muy alta de éxito, de acuerdo con su propio estudio de mercado.

“La oportunidad que existe en México se refleja en el impacto de un país que no solo cuenta con 120 millones de personas, sino con 80 millones de adultos, con una población joven muy grande”, dice Matin.

Otra de las características del mercado mexicano, de acuerdo con el emprendedor, es el uso desmedido del dinero en efectivo. 

Por ello, la novedad en Cuenca es la posibilidad de hacer depósitos en efectivo a la cuenta desde un 7-Eleven, y a través de un código de barras que se obtiene desde la aplicación.

Hoy, bancarizar a la mayor parte del país parece un objetivo demasiado ambicioso, pero conociendo el tesón de Tamizi, los resultados podrían ser cuestión de tiempo.
 

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