Innovación para dummies

Innovar  es sencillo y, al mismo tiempo, muy complicado. Sencillo, porque muchas veces poner en marcha determinados cambios en los procesos productivos no conlleva demasiado gasto ni energía. Complicado porque las personas y las organizaciones estamos demasiado acostumbrados a hacer las cosas de una manera determinada y no somos capaces de pensar en estas mejoras ni de aceptarlas. Os voy a contar un par de casos de innovación para tontos que demuestra que cambiar las cosas está al alcance incluso de alguien tan limitadito como yo mismo. 

Innovar  es sencillo y, al mismo tiempo, muy complicado. Sencillo, porque muchas veces poner en marcha determinados cambios en los procesos productivos no conlleva demasiado gasto ni energía. Complicado porque las personas y las organizaciones estamos demasiado acostumbrados a hacer las cosas de una manera determinada y muchas veces no somos propensos a pensar en estas mejoras ni a aceptarlas. Os voy a contar un par de casos de innovación para dummies que demuestran que cambiar las cosas está al alcance incluso de alguien tan limitadito como yo mismo.

El primero de mis ejemplos tiene como escenario el Hotel Ritz de Madrid, durante la entrega del clásico especial de las Cien Mejores Ideas de Actualidad Económica. Una de las tragedias cotidianas de la redacción ha sido siempre cubrir el acto porque, en realidad, lo único que tenemos que hacer los redactores es encargarnos de poner los pies de foto de las fotos de grupo. Pero son cien ideas, un mínimo de cien personas sobre el escenario, todas de distintos sectores, y una ceremonia que, para no resultar pesada, termina siendo vertiginosa. Una pesadilla logística.

El caso es que en esta ocasión me tocó a mí hacer los honores, ponerme la corbata y buscar una forma razonable de llenar los pies de foto. En otras ediciones, mis compañeros habían hecho todo lo humanamente posible cotejando la lista de asistentes, su propia memoria y lo que iban anotando en su libreta. 

Afortunadamente, mi compañera Marta me dio una gran idea: "utiliza la grabadora y pídeles sus nombres cuando se junten para la foto". Era una buena propuesto, pero seguía con el problema básico de verme en redacción y ser incapaz de relacionar nombres con caras. No quería sólo poner a las personas correctas, sino listarlas en orden. Había que darle una vuelta más. ¿Por qué no grabar a los ganadores en vídeo con el móvil según bajasen del escenario?

Era un poco raro verme con el móvil, ordenando a los ganadores en una fila cuando abandonaban el escenario y pidiéndoles nombre y cargo. No sabían si era para el pie de foto o para llevarles al campo de concentración, aunque los pobres se dejaron hacer. Había gente, como la directora general de Consumo de Lenovo, Maite Ramos, que se sorprendió de que le inquiriese cuando la conozco desde hace tiempo. El problema es que estaba ya en modo grabación y ¡no estaba dispuesto a que se me escapase nadie! 

Cuando llegué a la redacción armé los pies de foto más deprisa y mejor que en ninguna edición pasada. Para colmo, más me valía. La ceremonia de entrega coincidía con el último día del cierre de Actualidad Económica. Un número (¡ya en su kiosco!) en el que he tenido bastante texto, incluida la portada. No podía perder mucho tiempo.

Por supuesto, hubo pequeños inconvenientes propios de la primera vez. Al principio grabé algunas caras desde demasiado cerca y me vi obligado a encajar las fotos en función de la corbata o el vestido de los directivos. Para otros años, bueno es saber que el HTC One graba audio de manera sorprendente en situaciones de mucho ruido. Otro momento tonto en la redacción fue cuando me di cuenta de que uno de los ganadores había respondido a la pregunta "¿Nombre y cargo?" con la frase "Tecnólogo de Repsol", complicando bastante su identificación.

Afortunadamente, la tecnología vino en nuestro apoyo. Cotejando la empresa y el cargo en LinkedIn era bastante fácil escribir bien los nombres y apellidos más complicados....

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