Mercados españoles cerrados

“Hoy en día triunfan los peores”. Lo dice un Nobel pero, ¿es verdad?

A pesar de las plataformas y el activismo surgido en torno a la verificación de datos, las ‘fake news’ son un verdadero negocio hoy en día. ¿Cómo se explica que la mentira cada vez importe menos a los ciudadanos?

Según el economista Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, “estamos en una situación donde los peores parecen estar triunfando”. ¿Quiénes son los peores? De acuerdo con su explicación, todos los que dedican a difundir mentiras que puedan afectar a investigadores y expertos de distintos campos que manejan datos en su día a día y los emplean en la elaboración de teorías. En otras palabras, aquellos que contribuyen a la ‘’crisis de la verdad”. No solo eso: Krugman añade que los economistas “no pueden quejarse”, si se comparan con los científicos del clima y del medioambiente, cuyas investigaciones son ignoradas o perseguidas a diario.

También de interés:

Teclado con palabras. Foto: Getty


De hecho, el negacionismo climático es una cuestión a la que el experto alude para ejemplificar este problema: a pesar de la evidencia y de la enorme presencia en medios de artículos y reportajes sobre la emergencia climática, hay quienes niegan que esto sea un problema real, ante el cual los seres humanos debamos responder como principales culpables.

Donald Trump es una de las personalidades políticas de referencia en cuanto a la generación de ‘fake news’ y la difusión de información contradictoria. Sin ir más lejos, durante el Foro Económico Mundial, celebrado el pasado mes de enero, el presidente rechazaba a los activistas climáticos, tachándolos de ‘’alarmistas que desean controlar cada aspecto de nuestras vidas”. En el mismo discurso, mostraba su apoyo para la iniciativa de Estados Unidos para plantar un trillón de árboles, dos declaraciones que solo contribuyeron a alimentar la confusión.

Solo aceptamos aquello que confirma nuestras creencias

Los seres humanos tendemos a buscar información que confirme nuestras creencias, aunque sea mentira: lo importante es encontrar datos que reafirmen lo que pensamos, aunque no sean verídicos.

En la misma línea de los negacionistas climáticos, podríamos ubicar, por ejemplo, a los detractores de las vacunas o a los ‘terraplanistas’, que promueven la idea de que el planeta no es esférico. Ambos colectivos se comportan de la misma forma: rechazan las opiniones de los expertos, despreciando las teorías que contradigan sus creencias personales y llevando por delante su realidad, defendiéndola en la medida de lo posible. 

Muchas de estas teorías se construyen en las redes sociales; la razón es simple: un hecho supuestamente aceptado de forma universal no suele ser objeto de discusión, los usuarios tienden a no perder el tiempo en cosas ‘evidentes’, y esto reafirma las creencias de aquellos que van en contra de la mayoría, que no ven rebatidas sus opiniones.

El ‘fact-checking’, o verificación de hechos, está experimentando un auge en los últimos años, ante la proliferación de medios de comunicación online y de la enorme cantidad de información difundida a través de redes sociales. Sin embargo, su eficacia no está del todo clara, porque la valoración subjetiva de cada uno es más potente. Es decir, si se publica un artículo criticando una actitud de un político contrario a nuestra ideología, nos sentimos llamados a difundir la noticia, aunque no esté contrastada o provenga de fuentes fiables. Y la misma situación se daría a la inversa, trataríamos de defender a los políticos del partido al que votamos a toda costa, sin importar que sea verdad o no.

Por ello, en muchas ocasiones, las opiniones equivocadas no se explican por la ausencia de información, sino por mecanismos psicológicos, los cuales no pueden cambiar de la noche a la mañana. Se trata de un asunto complejo que, por paradójico que parezca, no debe ser abordado desde la lógica, sino haciendo uso de argumentos más ‘sentimentales’.

Laotracaradelamoneda

IDNET Noticias