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¿Has oído hablar del síndrome de Caperucita Roja?

·6 min de lectura

¿Has oído hablar del síndrome de Caperucita Roja? “Ante todo, debemos partir de la base de que este es un nombre que se ha acuñado de forma popular, no un síndrome como tal descrito en los manuales diagnósticos psiquiátricos ni de psicología. Pero como siempre, las imágenes populares sirven como metáforas de problemas reales y pueden ser muy visuales para que todos los entendamos”, nos comienza explicando Aída Rubio, directora del Servicio de Psicología Sanitaria en TherapyChat. “En este caso, si recordamos el cuento de la Caperucita Roja, nos vendrá esa última escena al final del cuento en la que la Caperucita se encuentra ante el Lobo disfrazado de la Abuelita, y sin embargo tarda mucho en reconocerlo. ¿Cómo puede ser? Nos preguntamos. ¿Cómo puede confundir a su Abuelita del alma con un Lobo feroz cubierto de vello? Bueno, es un cuento. No es que Caperucita tenga una distorsión visual, pero como le pasa a ella, en la vida real hay personas incapaces de darse cuenta de cuándo están ante una persona que presenta una doble cara, y se vinculan con ella y confían ciegamente, desdeñando las señales de alarma”, nos comenta la experta.

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mujer mirándose en un espejo
mujer mirándose en un espejo

Señales de alerta

“Quiero de nuevo recalcar que esto no es un síndrome tal y como lo conocemos en el ámbito de la salud, es decir, no hay una definición estandarizada de una serie de síntomas y signos que definen un trastorno; tampoco es un trastorno. Así que en este punto lo que podemos es aportar una serie de características que pueden estar presentes en las personas que establecen vínculos dependientes y/o insanos”, detalla la experta.

  • Tiende a tener varios 'Lobos' en su vida o a lo largo de su vida. Podemos ver que lleva un patrón de vinculación reiterado con personas que no le convienen y que finalmente le hacen daño.

  • Manifiesta inocencia en las relaciones. Tiende a ver lo positivo de las personas, minimiza lo negativo o directamente lo omite y no quiere verlo.

  • Las experiencias en su infancia ayudan a entender. Todos aprendemos en nuestras primeras experiencias los términos de las relaciones sociales, el afecto y el amor. Si esas primeras experiencias son determinadas por personas que no cubren nuestras necesidades de una manera consistente, o si no son fiables, aprenderemos a confiar en este tipo de perfiles aunque sea por familiaridad.

  • Suelen tener autoestima baja y voluble. Precisamente este rasgo les puede hacer más vulnerables a la búsqueda del agrado de otros, a costa incluso de mirar hacia otro lado cuando se ven señales de alarma. Una persona con una autoestima más vulnerable a las opiniones de otros, es también alguien más maleable, se le puede confundir más fácil en sus valores y sus expectativas acerca de las relaciones, la reciprocidad, etc.

  • Puede haber un componente de dependencia emocional. Las personas con mayor tendencia a depender de otros, pueden más fácilmente caer en relaciones poco sanas y difíciles de poner un punto final. También es más fácil que una persona con tendencias dependientes, caiga en relaciones tóxicas en las que la otra persona puede incluso tener un perfil narcisista y manipulador.

  • Suelen manifestar un alto altruismo. Igual que Caperucita llegaba al altruismo extremo de indicar al Lobo dónde estaba la casa de la abuelita, estas personas pueden caer en una necesidad de ayudar a todo el mundo, aunque esto no sea recíproco. Normalmente en la base de esta conducta está la alta necesidad de agradar a otros.

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Cómo afrontar este problema

¿Qué herramientas tenemos a nuestro alcance para tratar de combatir este problema? “La vinculación con otros y el tipo de preferencia que tenemos hacia determinados tipos de personas es algo que se halla en lo más profundo de nuestro ser y no siempre es fácil verlo con claridad”, nos detalla.

  • Lo primero sería hacer una toma de consciencia. Podemos hacer una revisión bibliográfica de nuestra vida, y en concreto de nuestras relaciones, para entender si es habitual en nosotros confiar en Lobos. Nos puede ayudar si dibujamos una línea en un folio y a un lado situamos las relaciones positivas que nos han marcado y al lado izquierdo las relaciones negativas.

  • A continuación, podemos tomar las relaciones negativas y analizar qué han tenido en común. ¿Estas personas se parecían entre sí? ¿Tenían algún rasgo de personalidad en común? ¿Qué te encandiló de ellas? ¿Cómo finalizaron esas relaciones (si lo han hecho)? ¿Fuiste tú o fueron ellas las que lo hicieron? Esto te enseña a ver qué perfil de persona equivocada puede estar llamando tu atención, y si estás cayendo en relaciones de dependencia.

  • A veces hacer esta toma de consciencia es suficiente, pero en la mayoría de los casos es necesario iniciar un proceso de terapia para entender la raíz del problema, trabajar la autoestima y otras posibles consecuencias negativas de haber mantenido relaciones tóxicas en el pasado.

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¿Hay personas con más riesgo de padecerlo?

Tal y como nos explica la psicóloga, nuestras relaciones de apego cuando somos adultos vienen condicionadas por las relaciones de apego que tuvimos en nuestra infancia y adolescencia. “Como John Bowlby estableció, existen cuatro tipos de apego que se generan en nuestros primeros 3 años de vida. ¿Esto significa que nuestro apego posteriormente sea inamovible? No. Ya que las relaciones posteriores pueden cambiarlo, y también pueden trabajarse en terapia. Retomando el hilo, John Bowlby encontró estos cuatro tipos de apego: seguro, inseguro evitativo, inseguro ansioso y desorganizado. Detallaré a continuación el apego seguro, que es nuestro marco de referencia para entender las relaciones sanas de apego, y a continuación el inseguro ansioso que podría ser el tipo de apego más común detrás de las personas con un posible síndrome de Caperucita Roja”, nos cuenta.

  • Apego seguro: la persona aprende la incondicionalidad del afecto y, en consecuencia, se siente segura y valorada. Busca perpetuar este tipo de relaciones, ya que tiene confianza en sí misma, y por eso mismo no teme vincularse a otros y lo hace de forma sana.

  • Apego inseguro ansioso: la persona aprende que las relaciones son inconsistentes; unas veces se cubren las necesidades de afecto y otras no. Por tanto se siente insegura y no confía del todo en los demás, pero busca desesperadamente la aprobación de los demás.

Como vemos, una persona con apego inseguro ansioso podría ser más vulnerable a caer en relaciones en las que no todo es positivo, pero asume esto como lo normal ya que así se comportaron sus figuras de referencia en la infancia.

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