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Gregory Porter, un avivador de espíritus a ritmo de jazz

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·5 min de lectura
Emilien Itim
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En el sexto día del Montreux Jazz Festival, el auditorio Stravinsky tuvo una noche en la que el jazz fue el rey. Melody Gardot se presentó en la primera parte y Gregory Porter fue el encargado de cerrar una noche en la que la música curó el alma.

Las luces se apagaron y los letreros del Montreux Jazz Festival se iluminaron, se hizo todo silencio. Tras bambalinas se comenzaron a escuchar sonidos de percusión acercándose. Poco a poco fueron haciéndose más presentes. Luego, tres músicos aparecieron en escena con birimbaos y tambores.

Entonces apareció ella con su melena rubia de amplias ondas elegantes como de estrella de Hollywood de los años 50; pantalón, chaqueta corta y top, toda de negro y tacones altos. Y por supuesto, los lentes oscuros que la caracterizan, esos que protegen sus ojos muy sensibles a la luz tras ese accidente de bicicleta cuando tenía 19 años y que la tuvo postrada.

Melody Gardot arrancó su set con un clásico brasileño: ‘Berimbau’. En el piano la acompaña Philippe Powell, hijo de Baden Powell, compositor de este tema con letra de Vinicius de Moraes. Ambas voces se compaginan en la cadencia de esa melodía conocida universalmente.

Amor por la palabra cantada

Gardot y Powell sacaron este año un álbum titulado ‘Entre eux deux’s (Entre ellos dos). Es un trabajo hecho durante la pandemia.

“Un álbum grabado en dos días y escrito en dos semanas”, cuenta al público una sonriente Gardot en un perfecto francés.

Por primera vez en mucho tiempo hay sillas en el auditorio Stravinsky y parte del público puede estar sentado. Tanto mejor, pues Gardot fue llevando al público a la intimidad de un club de jazz con los primeros versos de C’est Magnifique, tema de su álbum Sunset in the Blue (2021). "Oh what a beautiful dream / Oh what a beautiful scene /c’est magnifique", dice al comienzo.

Así es como envolvió al público en instantes oníricos en los que el tiempo parecía ir lento. Melody Gardot tiene magnetismo y no necesita de artilugios para llevarse la atención. Parece apenas mover los labios para que su voz profunda y envolvente salga con ese inconfundible vibrato al final de las frases, esa misma voz que perdió tras el accidente y que recuperó en forma de canto en su larga recuperación 18 años atrás.

Cuando Melody Gardot canta, pareciera acariciar cada palabra vistiéndola de intención, como agradeciendo a la música que le haya abierto la vía para recuperar el habla. Así lo hizo al interpretar 'This Foolish Heart', tema que compuso junto a Powell, ella en la voz, él en el piano.

Con Gregory Porter, Harlem invadió Montreux

El club de jazz que inició Gardot, ensanchó sus tiendas con Gregory Porter. El nativo de Bakersfield, California, elegante siempre, con corbatín y chaqueta de smoking, pantalón y zapatos blancos y sombrero, dio un vuelco al ambiente con un enérgico 'On My Way to Harlem' de su álbum ‘Be Good’ (2012).

No tardó en demostrar el barítono excelso que es con el tema de su autoría 'Love Is Overrated' incluido en el EP ‘Romance’ (2021). Pero a diferencia de la grabación original, Porter incorporó en su concierto un sonido más gospel gracias a un órgano Hammond B-3 a cargo del magnífico Ondrej Pivec.

En este tema que habla del amor, de la ilusión y de nunca querer despertar de la falsa realidad, la voz de Porter es una caricia a la tristeza. El mayor don de Porter además de su voz profunda y potente es la de ser un intérprete genuino, de darle a cada palabra su sentido y una forma. O de darle un significado distinto a canciones que él compuso.

Un claro ejemplo es Water Under Bridges (2013). Gregory Porter escribió este tema tras una ruptura amorosa. Comienza con el verso “somebody told me get over it”, es su hermano quien le dice que supere ese desamor. Porter explica al público que nunca antes pensaba en su hermano al interpretar esta canción, pero que hoy escucha su voz en esta letra, como si le pidiera que supere su muerte tras la pandemia. “Él, de alguna manera, aún está aquí”, explica.

La voz de Porter se despliega con baladas jazz pero también con melodías vivaces como la de 'Liquid Spirit', del álbum homónimo (2013). Porter parecía predicando en el Stravinsky convertido en una iglesia en un servicio de domingo. La fuerza de su voz transporta el mensaje de “espíritu de amor, de buena música, de paz, de libertad”, como lo dijo al público ya entregado que aplaudía como diciendo amén y lanzando gritos de júbilo.

Porter y su quinteto trajeron Harlem al Stravinsky, unas veces convertido en iglesia y otras en el St Nick's Pub, club de jazz de ese barrio neoyorkino donde comenzó Porter junto a su pianista inseparable Chip Crawford. Cada uno de los músicos tiene protagonismo a lo largo de este show y no cabe duda de que es un gozo para ellos, como lo demostraron Jahmal Nichols en el bajo, Emanuel Harrold en la batería o el genial Tivon Pennicott en el saxofón.

Porter y su banda se despidieron con 'Mister Holland' (2020), tema que habla de la discriminación racial, en especial la que vivió de niño junto a su mamá y sus siete hermanos en California. Los aplausos continuaron y regresaron para el encore con lo que bien puede ser uno de sus clásicos, 'No Love Dying' (2013).

Al final, las palmas no paraban ante un Porter siempre triunfante en este festival, que se despidió lanzando besos y con la mano en el corazón. “La música es la expresión humana de amor incontenible”, declaró y esta noche, Gregory Porter entregó esa muestra de amor a Montreux.

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