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Giorgia Meloni, ¿‘mamma’ coraje y mujer de bandera?

Photo credit: Getty Images
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“Yo soy Giorgia. Soy una mujer. Soy una madre. Soy italiana. Soy cristiana. No me lo pueden quitar”. En perfecto castellano, entre bramidos, con el gesto desbocado, los ojos a punto de salir escopetados de sus órbitas, percutiéndose el pecho a mano abierta y, de fondo, los vítores incesantes de un público envuelto en banderas rojigualdas entremezcladas con otras verde pistacho sobre las que se pueden leerle impresas tres únicas letras en blanco: VOX. Así entonaba Georgia Meloni en Madrid, hace ahora exactamente un año, su ‘hit’ más célebre. Este eslogan que ha dado la vuelta a Europa tiene su origen en el año 2019 en Roma, durante un mitin de la líder de extrema derecha italiana, ahora ganadora de las últimas elecciones generales y, previsiblemente, inminente primera mujer presidenta del país. Desde entonces, la cabeza del partido ultraderechista Hermanos de Italia se ha dedicado a repetirlo hasta la saciedad.

Declarada orgullosamente anti-feminista y anti-abortista en un país en el que en 2020 una mujer fue asesinada cada tres días -67 de ellas a manos de su pareja o ex-pareja, según datos del Istat-, Giorgia Meloni ha hecho sin embargo bandera del ser mujer y del ser madre como seña distintiva en la construcción de su liderazgo y de su perfil políticos. Señala Almudena Cabezas, profesora de Ciencias Políticas (UCM) especialista en América Latina, geopolítica, género y feminismos, que este no es un fenómeno aislado, sino que “por toda Europa están surgiendo grandes lideresas muy potentes a la cabeza de los partidos de ultraderecha”. En cada región con sus particularidades, en función del contexto: desde algunas que tratan de proyectar una imagen más moderna y neoliberal, como Alice Weidel, -del partido Alternativa para Alemania (Afd)- abiertamente lesbiana; pasando por Marine Le Pen (RN), en Francia; hasta la propia Macarena Olona, cuyo perfil ha tratado de constituirse bastante parejo al de Giorgia Meloni en España.

Pero, ¿ha sido esta apropiación de ambos conceptos lo que ha catapultado a ‘la Meloni’ a ser la primera mujer que rompe definitivamente el techo de cristal de las instituciones italianas? ¿Cómo concilia el aparentemente contradictorio hecho de reivindicarse mujer y anti-feminista al mismo tiempo y por qué le funciona?

Photo credit: Getty Images
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Contra el feminismo y contra la derecha tradicional

Esa identificación como mujer y madre se ha configurado como un factor crucial a la hora de construir el personaje de ‘la Meloni’. La razón de ser y la efectividad de este discurso aparentemente contradictorio radica en que se configura como una reacción desde los movimientos de ultraderecha, como explica Cabezas; en primer lugar, contra las feministas, a quienes buscan “disputarles el concepto de mujer”, y frente a las cuales quieren recuperar aquel que se ciñe a los roles de género tradicionales. Tanto es así que un día después de vencer Meloni en las urnas, Olona le dedicaba una columna bajo el título ‘Giorgia, sei ispirazione’, en la que la ex-lideresa de Vox en Andalucía definía como “un hito en la conquista de espacios por las mujeres”, ya que, según ella, “la mujer política es de derechas, la izquierda le arrebata y silencia su condición de mujer”. Y, en relación al enfoque principalmente nativista de las políticas públicas que suelen tener estos movimientos de extrema derecha, es algo que relacionan directamente con la maternidad. “Yo aspiro a que las mujeres no se tengan que ver obligadas socialmente a luchar contra su reloj biológico”, enunciaba Olona en la tribuna del Congreso justo antes de abandonar su escaño para concurrir a las elecciones andaluzas. “Los anti-derechos siempre enuncian sus discursos en clave de derechos, afirmando ser los que están oprimidos y construyendo identidades políticas de reversa: cojo tu forma de reivindicar y le doy la vuelta para reivindicar todo lo contrario”, explica Cabezas.

También es una reacción a la ‘superwoman’ neoliberal, aquella que parecía poder con todo sin despeinarse, con una brillante carrera profesional, con una maternidad color de rosa que no resultaba impedimento para su desarrollo personal, ya que al mismo tiempo, puntualiza Cabezas, “buscan diferenciarse de la derecha tradicional”. Esa derecha que en España podían encarnar, por ejemplo, Esperanza Aguirre o Rita Barberá, que lejos de reivindicarse como mujeres desde la diferencia como un valor, se esmeraban continuamente en dejar claro que ellas eran iguales que los hombres, en el peor de los sentidos posible; o Soraya Sáez de Santamaría cuando, siendo portavoz del PP en el Congreso en 2011, anunció que renunciaba a su baja por maternidad menos de dos semanas después de dar a luz para reincorporarse inmediatamente al equipo del ex-presidente Mariano Rajoy. Ahora, frente a aquellos perfiles de corte más “tecnócrata” o de “políticas profesionales”, las nuevas lideresas como Meloni recurren a formas y estrategias más propias de la nueva política. “Aunque sea mentira que salgan de la nada, venden el relato de que son mujeres de la calle, regeneracionistas, que no son políticas profesionales, y termina calando”, profundiza Cabezas.

“De mujer a mujer”

Con este tipo de estrategias buscan dirigirse a las mujeres como si fuesen una más, interpelarlas “de mujer a mujer”, como le escribía Olona a Meloni en su columna. Aunque, en realidad, “lo que hacen es explotar a las mujeres en nombre de su ideología. Meloni recuerda a las mujeres víctimas cuando el agresor es extranjero, para pedir más controles y más policía, para resaltar al ‘enemigo’, y decir que hay que proteger a nuestras mujeres, como si fuéramos una propiedad”, expone Elisabetta Di Minico, investigadora postdoctoral UNA4CAREER en la UCM especializada en distopía, control, otredad y violencia racial y de género. Hace apenas dos meses, Meloni llegó a tuitear un vídeo que mostraba una violación explícita en plena calle sin el consentimiento de la víctima para achacarlo al hecho de que el agresor fuese un solicitante de asilo.

Photo credit: KONTROLAB - Getty Images
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Según Cabezas, el hecho de ser mujer posee además un cierto tinte de modernidad idóneo en el momento actual, en el que la ultraderecha necesita, para empezar, un perfil “muy revulsivo” que consiga movilizar y agitar al electorado: “Hace quince años, Meloni habría sido tildada de loca que grita y llora -otro sambenito con el que cargamos las mujeres-, con esa forma tan histriónica de hablar y gesticular que parece que se le caen las lágrimas y babas encima al que tiene enfrente y parece que está al borde de la catarsis. Ni Cristina Fernández de Kichner era tan explosiva”. Así, a pesar de que las fórmulas comunicativas del populismo busquen esa revulsión, si pretenden aspirar a obtener una posición hegemónica en el tablero político -que les apoye una mayoría social y no solo un pequeño reducto explícitamente reaccionario- deben recurrir a ciertas estrategias con las que parezca que no contravienen lo que ya se haya asentado como principios de sentido común en las sociedades a las que se dirigen. La propia Meloni, por ejemplo, tal y como señala Di Minico, durante la campaña electoral tuvo que relajar su discurso anti-abortista asegurando que no pretendía eliminar la legislación que posibilita la interrupción voluntaria del embarazo en Italia y empezó a hablar de “derecho a no abortar”. En esta línea, señala Francesca Feo, investigadora en la Scuola Normale Superiore especializada en políticas de género y populismo, que de hecho “algunos estudios han demostrado que el liderazgo femenino hace que estos partidos ultraderechistas sean percibidos como menos radicales”.

Salvar a la patria huérfana

Y es que el contexto de crisis actual, que permea todos los ámbitos sociopolíticos -crisis económica, energética, de valores e incluso bélica-, ha facilitado que otra supuesta forma de hacer política, más feminizada, o vendida como tal, tenga mayor calado entre la sociedad que nunca. “Meloni y Olona son expresiones de un sistema patriarcal que, a partir de la exaltación de las cualidades maternales y curativas que suelen asociarse al género femenino, construye figuras políticas presentadas como tranquilizadoras, confiables y poderosas, casi paternalistas, dispuestas a cuidar y proteger el país y a sus ciudadanos como si fueran niños”, expone Di Minico. “En esos momentos, esa parte del electorado necesita de la creencia, no de la ciencia. Que, como a un niño cuando se cae en el parque y se hace una herida, llegue su madre y le diga que todo va a salir bien”, añade Cabezas.

Puntualiza Feo que las líderes de los partidos y movimientos populistas tienen que caracterizarse a su vez por parecer "fuertes" y “carismáticas”. Es precisamente ese cóctel molotov el que germina en el concepto de madre que a Giorgia Meloni le funciona: el de la ‘mamma’ italiana, la madre coraje que va a salvar a la patria que se ha quedado huérfana. “En otro contexto, a Meloni se la consideraría una histérica, pero en este su electorado la percibe como la madre coraje que va darlo todo por la nación, a salvar al pueblo del globalismo que nos hace perder nuestras esencias, de la inmigración que nos pone en peligro… Porque la nación es la familia y, ¿quién quiere romper la familia?, expone Cabezas. “Por eso estos discursos funcionan mejor en la ultraderecha, un terreno disciplinador, represivo y católico; y peor en la izquierda, de tendencia progresista, inclusiva, colectiva e interseccional”, reflexiona Di Minico.

Photo credit: Getty Images
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Esta forma de identificarse está dotada de otro factor muy potente: Meloni, al declararse “madre”, hace que conecten con ella muchas mujeres que en la actualidad quieren ser madres pero no pueden, a causa de la precariedad generalizada en la actualidad. “La maternidad es ahora mismo un término en disputa: la izquierda busca apoyarla desde los servicios sociales, mientras que la extrema derecha apela a esa maternidad esencial desde lo puramente emocional que interpela a muchas mujeres, aunque luego ese supuesto reconocimiento social no se traduzca en un apoyo material real”, explica Beatriz Gimeno, autora de ‘La lactancia materna. Política e identidad’, diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid y ex-directora del Instituto de las Mujeres.

La masculinidad ya no está de moda

Por otro lado, los políticos que encarnan la masculinidad tradicional más agostada -perfiles como los de Mario Dragui, Matteo Salvini o Silvio Berlusconi- están cada vez más “quemados”, en consideración de Cabezas, puesto que, de una forma u otra, el auge del feminismo estos últimos años ha terminado marcando la agenda política y social de un modo que no resulta ajeno tampoco a aquellos que activamente lo rechazan. En una sociedad más consciente y comprometida con los derechos de las mujeres, donde se han convertido en las interlocutoras protagonistas de la política, ellos, por contra, no pueden permitirse capitalizar del mismo modo el hecho de ser hombres y padres, ya que, en palabras de Di Minico “los hombres siempre han sido sujetos políticos y de poder que no necesitan validación, no se espera que hagan reclamos de género ni de parentalidad”. “Precisamente porque ‘ser mujer’ o ‘ser madre’ no son en absoluto conceptos vacíos, aunque puedan declinarse de diferentes maneras según la orientación ideológica de quienes los utilizan, en sociedades heteronormativas como en las que vivimos, no es posible que un hombre movilice esos conceptos”, puntualiza Feo.

“Los hombres ahora están politizando una paternidad moderna, de lo íntimo, para demostrar que no son machos alfa, sino también padres que cuidan. Hay un consenso social sobre que ellos tienen que cuidar de los hijos aunque no sean feministas. Incluso los hombres de pelo en pecho tienen que hacer guiños a esto por la coyuntura que vivimos”, desarrolla Cabezas.

Photo credit: Getty Images
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No es solo cuestión de género

En cualquier caso es importante dejar muy claro, según Di Minico, que el triunfo electoral de Meloni no se ha tratado meramente de una cuestión de género: “No fue la mujer ni la madre quien ganó las elecciones, fue la líder del único partido con cierta relevancia en la oposición durante el gobierno de Mario Draghi, la que logró presentarse como la respuesta antisistema, casi anti-política, a la ‘élite de Bruselas’”.

Feo añade que, además, en el plano nacional la campaña de Meloni sí se ha centrado en hablar de temas que funcionan bien en el actual contexto y que resultan clave para agitar a un “electorado italiano cínico y desconfiado hacia la política en general”, como “la crisis energética o la bajada de impuestos”.

Para Di Minico, la verdadera estrategia que subyace a la estrategia discursiva de Meloni está clara: “Supo recoger el descontento popular, la ira y la inseguridad en una época de crisis a través de una retórica hábil basada en discursos agresivos, una retórica de la posverdad, con la que toca los miedos de las personas, refuerza los prejuicios y temores de la ciudadanía”.