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Por qué el gasoducto español MidCat no es buena alternativa al gas ruso

·4 min de lectura

La guerra de Ucrania ha puesto de relieve la excesiva dependencia energética que tiene el continente europeo. Mientras que los principales países occidentales han apostado por importantes sanciones para Rusia, al mismo tiempo la UE sigue comprando el gas ruso, incluso a precios más altos que antes de la invasión.

Los datos no mienten y reflejan que en el año 2021 el 46,8% del total de gas que recibió la Unión Europea provino del país liderado por Vladímir Putin, lo que obliga a las autoridades comunitarias a buscar alternativas. Y una de ellas podría pasar precisamente por España. Cabe recordar que el país no es tan dependiente del gas ruso, ya que Moscú es solo es el cuarto proveedor (menos de un 10% del total), por detrás de Argelia, Estados Unidos y Nigeria.

Manifestación en contra del MidCat en 2017 en Barcelona. (Photo by Paco Freire/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Manifestación en contra del MidCat en 2017 en Barcelona. (Photo by Paco Freire/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Este escenario de necesidad está abriendo el debate sobre la recuperación de un proyecto que estaba paralizado. Se trata del MidCat, un gasoducto que conectaría España con Francia a través de los Pirineos y permitiría llevar el gas argelino al centro de Europa, haciendo menos necesaria a Rusia. Sin embargo, son muchos los impedimentos para que esta opción sea una buena alternativa a Rusia.

El proyecto se desarrolló durante casi dos décadas y actualmente el tubo llega hasta Girona, por lo que a la obra le quedarían aproximadamente unos 200 kilómetros para completarse. En 2018 los avances quedaron paralizados después de que una auditoría encargada por la propia Comisión Europea ponía de relieve el evado coste de la obra y la difícil rentabilidad a largo plazo.

Ahora España plantea su recuperación, aunque lo hace con condiciones: la posibilidad de que transporte hidrógeno verde, la interconexión con Francia y recibir financiación europea para ello. Y aunque, lógicamente, cualquier alternativa que contribuya a una menor dependencia energética de Rusia siempre va a ser bienvenida, la realidad es que a día de hoy el MidCat representa más inconvenientes que ventajas.

El primero de ellos es el tiempo. En un contexto de guerra ucraniana, la realidad apremia y lo cierto es que este gasoducto no estaría funcionando hasta al menos 2030. Es decir, serían necesarios unos 10 años más para que esta solución fuera una alternativa viable.

El segundo es, claro está, el precio, ya que el gasoducto supondría una inversión adicional de 3.000 millones de euros. De hecho, este fue uno de los motivos por los que la obra se paralizó entonces: demasiada inversión y muchas dudas sobre su rentabilidad.

Pero aún superándose estos dos escollos importantes, surgen otras dificultades en el camino. Una de ellas es la escasa capacidad que tendría. La infraestructura transportaría unos 7.500 millones de metros cúbicos anuales (7,5 bcm). A ella se añadirían los dos gasoductos que ya están funcionando entre España y Francia, a través del País Vasco y Navarra, y que cuentan con una capacidad de 7 bcm.

Alemania ha paralizado su gasoducto con Rusia, el Nord Stream 2. (Photo by Abdulhamid Hosbas/Anadolu Agency via Getty Images)
Alemania ha paralizado su gasoducto con Rusia, el Nord Stream 2. (Photo by Abdulhamid Hosbas/Anadolu Agency via Getty Images)

Una cantidad combinada ciertamente respetable, pero que solo sería un modestísimo comienzo para reducir la dependencia de Rusia. Y es que actualmente el país liderado por Putin aporta 190 bcm anuales, es decir, esta alternativa española no supondría ni siquiera el 10%.

Es cierto, eso sí, que España cuenta con un tercio de la capacidad de regasificación de Europa y además con un 30% de las reservas de gas licuado, pero de momento no dispone de las infraestructuras necesarias para poder transferir al resto del continente toda esta capacidad.

El futuro es verde

No cabe duda que maximizando todos estos recursos, MidCat incluido, el país podría convertirse en un gran hub europeo de gas, pero aquí viene el problema final. Y es que Europa considera el gas muy contaminante y está tratando de avanzar hacia una transición verde.

Es decir, el gas no es una alternativa deseada a largo plazo por el continente, por lo que cualquier inversión en este aspecto es arriesgada,

En su lugar, la apuesta es decidida por las energías renovables, de ahí la insistencia española de recuperar el MidCat solo si contempla la posibilidad de transportar hidrógeno verde.

Son por el momento demasiadas dificultades y Europa deberá tomar importantes decisiones pronto para saber cómo quiere construir el futuro energético del continente.

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