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Fiestas navideñas y los problemas de divertirse por obligación en el trabajo

A más de una cuarta parte de los empleados no le interesa la idea de las fiestas de trabajo en Navidad (Foto: Getty).

Es una situación desafortunada en la que todos nos hemos encontrado alguna vez. Abres un correo de tu jefe y lees que anuncia entusiasmado una divertida actividad para mejorar las relaciones en la oficina y subir la moral del grupo; en ese mismo instante, empiezas a pensar formas de escapar al infierno que te espera.

Una jornada con dinámicas grupales, un almuerzo o una fiesta regada con alcohol junto a los gerentes: sea lo que sea, la obligatoriedad de experimentar la felicidad en el trabajo puede ser algo insoportable para algunas personas.

Para muchos empleadores, los eventos sociales relacionados con el trabajo pueden resultar convenientes desde el punto de vista económico y de la facilidad de organización. Hechos de forma correcta, pueden incrementar la productividad y reducir el estrés, al tiempo que permiten desahogarse al personal y que se conozcan entre colegas fuera del trabajo. También puede haber bebida gratis.

Sin embargo, hay un lado oscuro en esto de divertirse en el trabajo. En una encuesta hecha a 1.000 trabajadores, la consultora de prestaciones laborales Perkbox descubrió que a algo más de un cuarto de los encuestados (27%) no les interesa la idea de las fiestas de trabajo navideñas porque no creen que los empleados deban ser “obligados” a divertirse por capricho de sus jefes.

Un tercio dijo que no le gusta socializar con compañeros de trabajo en ese tipo de fiestas y un 30% explicó que las fiestas navideñas le parecen demasiado intimidantes.

El lado oscuro de la “diversión”

En algunos casos, la diversión forzada es una fachada que esconde cosas más oscuras. En 2011, los investigadores británicos Peter Fleming y Andrew Sturdy investigaron un centro de atención al cliente australiano que promueve un lugar de trabajo divertido entre sus trabajadores.

Sin embargo, al entrevistar a 33 empleados, muchos dijeron que la cultura de la “diversión” no era auténtica. De acuerdo a esos empleados, “tienes que ser capaz de ver la parte positiva de las cosas… tienes que mostrarte vivaz y dispuesto a probar cualquier cosa” y, si no lo haces, eso puede dar pie a penalizaciones.

“Forzar las interacciones sociales cuando los empleados no quieren es más perjudicial que beneficioso, especialmente si el evento se desarrolla fuera del horario laboral”, dice Alan Price, director ejecutivo y experto en recursos humanos de la firma de software para recursos humanos, BrightHR.

“A la plantilla y los empleados que sienten que deben participar les cuesta encontrar divertidos los eventos obligatorios. El efecto de esa acción podría ser el opuesto al deseado en un inicio por el empleador; en lugar de fortalecer las relaciones entre los trabajadores, podría dañarlas”.

Muchas razones para evitarlas

Las razones por las que algunos empleados no quieren unirse a esas fiestas podrían ser muchas. Puede ocurrir que a algún empleado no le guste beber alcohol o que no deba hacerlo por sus creencias religiosas y que no asista al evento si hay alcohol. Puede haber personas tímidas o introvertidas a las que una fiesta ruidosa con personas desconocidas les parece una pesadilla.

“De forma alternativa, puede que algunos empleados no se sumen a actividades de tipo más deportivo debido a una enfermedad o porque prefieren no hacerlo”, añade Price.

Es posible que los empleados ya estén sobrecargados de trabajo y que pasen demasiado tiempo en la oficina junto a los gerentes y compañeros de trabajo, por lo que después del trabajo prefieren irse a casa. Otros pueden preferir trabajar las horas que tienen asignadas e irse a casa al terminar, en lugar de pasar más tiempo pensando en el trabajo, como suele ocurrir cuando se socializa con compañeros de trabajo.

“Aunque hay algunas cosas que los trabajadores pueden hacer para intentar fomentar la inclusión, como por ejemplo, hacer una encuesta al personal para determinar las necesidades y requisitos del total de trabajadores, los empleadores siempre deben tener en cuenta las posibles discriminaciones”, dice Price.

“Recuerda que ningún empleado debería sentirse peor tratado que otro, ya sea por un gerente o por un compañero”.

No hay nada de malo en tomarse algo después del trabajo para aquellos que quieran hacerlo, pero es importante recordar que no debe haber un enfoque “único” que se adapte al gusto de todos.

“Si los que no asisten son siempre los mismos empleados, podría ser un indicio de que esas actividades no tienen en cuenta las necesidades e intereses de todos”, añade Price.

Lydia Smith