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Al desnudo el falso idilio de trabajar en Mercadona

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The logo of Mercadona, the leader in the retail industry in Spain, hangs outside one of its supermarkets in Madrid, Spain, March 4, 2016. REUTERS/Sergio Perez
The logo of Mercadona, the leader in the retail industry in Spain, hangs outside one of its supermarkets in Madrid, Spain, March 4, 2016. REUTERS/Sergio Perez

Trabajar en Mercadona se ha convertido en un sueño de estabilidad para muchos españoles, gracias a los salarios tan elogiados en España y el compromiso que siempre se ha aireado de la empresa con sus trabajadores. Prácticamente es algo que está normalizado en nuestro país, pero ha llegado la Inspección de Trabajo y se nos ha caído un mito.

Según informa Economía Digital, Trabajo ha abierto un expediente a Mercadona por "infracción grave" tras una denuncia de la CIG (Confederación Intersindical Galega), que alerta de la "indefensión" que sufren sus empleados frente a las "actas de reprimenda y de compromiso" de la compañía.

Estas actas son apercibimientos a los trabajadores por el incumplimiento de un determinado protocolo o de los compromisos adquiridos en su puesto de trabajo, según recoge el mencionado medio, citando la resolución de Inspección.

El asunto está en que no se trata de sanciones, no se entregan obligatoriamente a los trabajadores, por lo que no conocen su naturaleza jurídica ni se les ha explicado. Pero aún hay algo más grave, la cadena de Juan Roig puede considerarlas una sanción y usarlas para justificar el despido de empleados.

Esto ha salido a la luz a raíz de la carta de despido de una empleada de una de las tiendas del grupo en La Coruña, en la cual estas actas figuraban como sanciones, pese a que Mercadona sostiene que no lo son.

Deja de haber magia cuando te han pillado el truco.

La resolución es clara sobre estas actas: "lo que evidencian los actos concretos y reales es que da a las actas de compromiso y a las actas de reprimenda la consideración de sanción según su capricho y conveniencia. Y lo hace de forma encubierta, sin informar al trabajador de que lo que está recibiendo es una sanción por una falta disciplinaria, sin informarle de la tipificación de la falta ni si se trata de leve, grave o muy grave".

Pero la CIG no se queda en este punto y abre otro melón que la Inspección relaciona con el mismo: los incrementos salariales y el plus de la empresa en el mes de marzo, en el que pueden hasta triplicar su remuneración.

El que te lo concedan o no, como empleado, depende simplemente de las valoraciones que hacen los superiores de tu trabajo. Visto así, bajo criterios justos y unificados, no es ninguna locura. El problema viene cuando genera enfrentamientos entre compañeros fruto de la presión a las que les somete esta metodología, que la Confederación tilda de "chantaje".

Algo similar opina la Inspección de la conducta de Mercadona con las actas de reprimenda y compromiso, a las que acusa de "generar incertidumbre e inseguridad jurídica" y, por consiguiente, "un factor objetivo de riesgo psicosocial".

La inspectora del caso añade hasta cuatro agravantes que elevan la sanción a la empresa: el número de trabajadores afectados (900 únicamente en La Coruña) , el incumplimiento del requerimiento para corregir voluntariamente su conducta, la indefensión generada a la plantilla y la cifra de negocio de la compañía.

Y la resolución recoge de manera tajante: "Uno no tiende a defenderse de aquello de lo que no sabe si debe defenderse, como ocurre cuando un trabajador confía razonablemente en que está siendo objeto de una llamada de atención y no de una sanción disciplinaria".

Después de todo el caso desarrollado por Economía Digital, los numerosos precedentes que no obtuvieron mucho ruido mediático cobran mayor relevancia.

MÁS CASOS POLÉMICOS

Después de todo el caso desarrollado por Economía Digital, los numerosos precedentes que no obtuvieron mucho ruido mediático cobran mayor relevancia, especialmente en término de despidos.

Por ejemplo, en 2016, dos empleadas de una tienda Mercadona de Jerez de la Frontera llegaron a un acuerdo con la compañía para que les reconociese un despido improcedente, a causa de haberse comido un "saladito que se iba a tirar" a la basura, después de una jornada agotadora que coincidió con la final de la Liga de Campeones. Fue su coordinadora la que hizo que firmarán un documento reflejando lo que habían hecho y, lo que parecía que se iba a quedar en una falta disciplinaría, acabó en despido, incluso cuando una de ellas pagó el coste de los saladitos.

Un caso más polémico ocurrió el año pasado, 2020, terminó hasta en una manifestación encabezada por el sindicato ELA (Eusko Langileen Alkartasuna, Solidaridad de los Trabajadores Vascos en español) en Bilbao. Mercadona pidió de uno a cuatro años de cárcel para una trabajadora despedida que defendió su derecho a la baja.

A raíz de ello, ELA lanzó un comunicado acusando a Mercadona de ejercer un maltrato sistemático contra su plantilla y persiguiendo a las personas que se encuentran en situación de incapacidad temporal (IT): "Nos encontramos con plantillas jóvenes que, tras 6 años trabajando para la empresa, tienen graves lesiones físicas que no se producen en otras cadenas del mismo sector. Los ritmos y turnos de trabajo impuestos son inaceptables, por no hablar de la imposibilidad de conciliar la vida laboral y personal".

También acusó a la empresa de acoso: "La presión psicológica es constante y forma parte de la estrategia de la empresa. Además, Mercadona ataca de manera inmisericorde a todas aquellas personas que osen defender sus derechos y los de las plantillas".

Mercadona, en este caso, denunció a la trabajadora por presentar en el juicio una prueba que la empresa se negó a aportar ante el requerimiento del juez. Una denuncia penal por presunta revelación de documentos relacionados con el caso, vista por ELA como un intento de "amedrentar y coaccionar a la trabajadora para que acepte una mísera indemnización y se marche de la empresa. Una práctica más acorde con prácticas mafiosas que con la forma de relacionarse de una Gran Familia".

ELA también destapó otros despidos en País Vasco "sin causa" a más trabajadores durante la pandemia, durante la que sostiene que Mercadona escondió la realidad que se vivió en sus tiendas, en las que cuando muchos trabajadores dieron positivo, el resto aguanto una carga con cambios de horarios continuos que tenían riesgos para su salud y la de sus familias.

El último caso viral fue el de David, un empleado de la cadena que consiguió hacer ruido con su despido después de ser echado el pasado enero tras 18 años de servicio. Un buen día, de repente, le llamaron para que firmase un documento por el cual era bajado de su puesto de coordinador a otro inferior.

Él se negó a tal democión, contento y seguro de su labor durante todos esos años, y le llegó la carta de despido, con "cosas que se han inventado", en sus propias palabras. De hecho, aseguró: "mis superiores hacen controles de manera continua y siempre he sacado buenos resultados". Y ahí no quedó la cosa, la indemnización que le ofrecieron fue del 70%, cuando le correspondía el 100%. Un despido misterioso más que, sin dar más detalles, Mercadona achacó a "faltas reiteradas de comportamiento".

Hay más casos que hasta la Inspección de trabajo en La Coruña parecían casos aislados. Lo peor de todo es que, al no tener los trabajadores conocimiento sobre la diferencia inexistente probada entre las actas y las sanciones, es imposible saber cuántos empleados más se han visto afectado por ello, cargando una culpa que no les corresponde.

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