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Por qué el estrés es el peor enemigo de la piel y cómo combatirlo

Photo credit: getty
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Ya lo dice el refrán: “las prisas no son buenas consejeras”. Pues eso, el estrés no es bueno para nada en la vida, y la piel no es una excepción, sino más bien todo lo contrario. De hecho, la piel y el sistema nervioso se originan en la misma capa en el embrión y están vinculados de por vida. Por eso cuando nos sentimos mal emocionalmente –y también físicamente– se nota en el aspecto y en la salud de la piel.

Pero no nos desviemos de la cuestión. Habrás oído que el estrés es una respuesta natural de nuestro cuerpo, y sí, es un mecanismo de defensa, pero ante situaciones de peligro. Nos sirve para ponernos en alerta y defendernos si es el caso. Pero eso es muy diferente a sufrir angustia, ansiedad y tensión todo el tiempo, sentir que no llegas a nada y estar agobiada permanentemente. Esto último es lo que se conoce como estrés crónico y tiene un montón de efectos adversos en la salud (hipertensión, depresión, enfermedades autoinmunes, etc).

En el cutis, el estrés a largo plazo causa también estragos: “Se ven alteradas sus funciones normales (barrera, protección, intercambio, soporte, etc.) y la piel se ve desbordada por la situación. Las causas son múltiples y variables, desde las preocupaciones o una mala alimentación hasta la falta de sueño o una infección sistémica”, apunta el doctor Leo Cerrud.

¿Cómo es una piel estresada?

Segregar demasiado cortisol, la hormona del estrés, ataca directamente a la piel, y esto no es cuestionable. Lo explica de manera científica el gurú del antienvejecimiento, el doctor Vicente Mera, jefe médico de la Unidad de Envejecimiento Saludable y Medicina genómica de SHA Wellness Clinic: “El estrés crónico provoca el deterioro de las células y el acortamiento de los telómeros, que son los extremos de los cromosomas y uno de los biomarcadores más fiables del envejecimiento. Además, sabemos que la gestión del estrés y de las emociones es esencial para disminuir varios procesos implicados en la senescencia celular, como la oxidación y la glicación, dos procesos especialmente dañinos con la piel”.

¿Pero cómo saber si lo que le pasa a tu piel es culpa del estrés? El doctor Leo Cerrud nos pone sobre la pista: “Esto se manifiesta de distintas maneras, como puede ser a través de un exceso de producción de sebo, engrosamiento de la piel, poros dilatados, acné, tono apagado, manchas, deshidratación y también, al dañarse la función barrera, puede desencadenar episodios de piel más sensible o reactiva”.

Además, el llamado mal del siglo XXI tiene también otro efecto pernicioso en la piel, que como está sufriendo un proceso inflamativo, perjudica también a otras patologías cutáneas: “El estrés tiene la capacidad de empeorar ciertas enfermedades de la piel, como la psoriasis, la dermatitis atópica, la dermatitis seborreica, la alopecia areata y la rosácea”, confirma la dermatóloga Andrea Combalia.

¿Se puede prevenir el estrés cutáneo?

El doctor Antonio Ortega, dermatólogo de Clínica Menorca, señala que es preciso seguir una rutina de belleza para combatir los signos del estrés diario al que estamos expuestos. Pero –admite–esto a veces resulta difícil si estamos demasiado estresados. “Es la pescadilla que se muerde la cola. Lo primero es intentar reducir el estrés. Aunque si nos cuesta hacerlo, cuidar la piel puede ser un buen desestresante y, además, evitaremos los efectos nocivos del estrés en ella”, subraya el dermatólogo, quien aconseja dormir las horas necesarias para que la piel se regenera y se fresca y sana de manera natural. “Además, hay que usar cremas hidratantes a diario, pues la deshidratación no sólo empeora la inflamación de la piel, sino que es uno de los desencadenantes directos del envejecimiento. Y un rostro seco se vuelve flácido, haciendo que las líneas de expresión se marquen. La exfoliación también es muy importante para eliminar las células muertas y estimular la renovación de otras nuevas, lo que promueve una piel sin manchas, más suave y radiante”, añade.

Echa el freno

En conclusión, si quieres tener una piel sana y libre de todo aquello que la afea, es vital que reduzcas tu nivel de estrés. Si no sabes cómo hacerlo, Combalia te da toda una serie de recomendaciones en su libro ‘Piel sana in corpore sano’ (Grijalbo), como mantener una actitud vital positiva, mantener a raya la ansiedad y aprender a vivir más relajada. “Intenta ver el lado positivo de las cosas. Come de modo equilibrado y sano. Evita las sustancias excitantes, como la cafeína. Duerme bien tus ocho horas. Practica deporte, dedica tiempo a tus ‘hobbies’ y tu piel te lo agradecerá”, aconseja.

Esta dermatóloga insiste, además, en la necesidad de saber controlar la respiración para bajar nuestras pulsaciones en situaciones estresantes. Las clases de meditación o de ‘mindfulness’ serán grandes aliadas en este empeño si ves que sola te resulta muy complicado aprender la técnica. “Escuchar nuestras emociones, reconocerlas en vez de negarlas y aprender a gestionarlas mejora nuestro bienestar emocional e incide directamente en el aspecto de nuestra piel. Nuestro cuerpo nos manda señales constantes. Toma las riendas ahora para no tener que lamentarte cuando sea demasiado tarde”, advierte.