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La cruda realidad detrás de la frase de tu jefe de "estamos todos en el mismo barco"

Borja González
·6 min de lectura
Paper ships sailing on a sea following the leader. Leadership concept 3d illustration.
Representación de la distinción entre un barco, el empresario, y sus trabajadores. (Fuente: Getty Creative)

El sentido de pertenencia hacia una empresa es una de las primeras cosas en las que un jefe hace hincapié ante un empleado recién llegado. Las estrategias son muy variadas para conseguir tal fin: una atmósfera idílica de trabajo, exaltación de las prestaciones a empleados por las que se pueda sacar pecho, salarios competitivos, superiores con la puerta siempre abierta para escucharte... En fin, requisitos que uno considera imprescindibles para su bienestar. Una base sólida que se construye muy rápido, pero que esconde un truco: el sentir que en la compañía todo el mundo es imprescindible y, por tanto, igual.

Con ese trabajo hecho, el anzuelo picado, los mismos argumentos positivos se transforman en argumentos negativos de peso con el tiempo. Ahí es donde el trabajador tiene que tener más claro que nunca su puesto y su rol en la empresa, cosa complicada después de toda la propaganda que regala los oídos.

Las frases de “somos una familia”, “estamos todos en el mismo barco”, “arrimamos todos el hombro por igual”, etc., pueden pasar de embaucarte a pedirte más horas de trabajo no remuneradas, bajadas de sueldo, vacaciones reducidas o de horario impuesto... Múltiples mentiras que tanto desde el plano ético como legal no hay por donde cogerlas, como bien aborda Laboro, uno de los blogs de asesoramiento laboral para trabajadores en España más seguidos del país.

En él se expone que todo lo sostenido anteriormente comienza siendo una farsa desde el artículo 1 del Estatuto de los Trabajadores, según el cual queda bastante clara la distinción entre trabajador y empresario:

Art. 1 del Estatuto de los Trabajadores. (Fuente: boe.es)
Art. 1 del Estatuto de los Trabajadores. (Fuente: boe.es)

En el primer punto del ‘Ámbito de aplicación’ es vital detenerse en un concepto: “cuenta ajena”. Todo parte de aquí. Con el uso del empresario de las frases al principio expuestas, éste premeditadamente hace caso omiso al Estatuto de los Trabajadores, que lo que viene a decir con “cuenta ajena”, sostiene Laboro, es que no hay un mismo barco para todos, sino que “el barco de la empresa es uno y el de los trabajadores es otro”. Es decir, los dos nunca se unen, sino que deciden navegar juntos y formar una relación laboral. Si no están en el mismo barco ni que decir tiene que hablar de ‘familia’ es un auténtico despropósito. Aunque al empresario le pese, la relación laboral es siempre, única y exclusivamente, por cuenta ajena.

El idilio del discurso bonito a partir de aquí ya está roto.

Desgranando más el asunto, se haya más lógica sobre lo sostenido hablando aún más claro: “Los problemas de los socios no son los problemas de los trabajadores de la empresa, de la misma forma y por la misma razón por la que los problemas de los trabajadores no son los problemas de los socios”, como se afirma en el blog.

Si todo fuese una familia, todos serían socios y no habría ningún trabajador sometido a ningún poder disciplinario, además de que el pastel se repartiría a partes iguales. Este aspecto puede parecer obvio, pero no lo es y Laboro lo explica mediante un ejemplo preciso que atiende al acuerdo de una rebaja salarial entre empresario y sindicato de la empresa o representante de los trabajadores de la misma. En este caso, el jefe no negocia una rebaja salarial, lo que negocia es cómo repartirse una parte de las pérdidas con los empleados. No hay más, ni hay partes iguales ni un mismo barco por ningún lado. Es más, en el 99% de los casos ni tan siquiera los trabajadores reciben nada a cambio de aceptar las condiciones.

Por si no está todavía clara la gran mentira, habitual en cualquier empresa, del ‘todos a una’, se dilucida más claramente saliendo de lo meramente disciplinario, abordado hasta ahora, sino centrándonos en los puramente organizativo.

El Estatuto de los Trabajadores está hecho para avalar este tipo de afirmaciones falsas que denuncia el portal de asesoramiento laboral en el que está basada esta información. De hecho, este le permite a la empresa hacer de forma unilateral “un ERTE, un ERE, despidos individuales, sanciones, modificaciones de las condiciones de trabajo...”. Obviamente, a veces, tiene que negociarlo, pero pueden aplicarse igual si no se llega a un acuerdo y tendría ser ser impugnado. Queda claro qué barco es siempre el ganador, ¿no?

De hecho, las medidas de los gobiernos han tirado progresivamente más por separar ambos barcos y desmoronar el desgastado término de ‘familia’. Sin ir más lejos, la reforma laboral del 2012 del gobierno de Mariano Rajoy amplío las causas del despido objetivo, suprimió la exigencia de autorización administrativa para los ERE y acabó con la ultraactividad indefinida de los convenios colectivos, obligando a su renegociación cada dos años, incluso eximiendo de la misma a las empresas que aleguen dificultades. Todo un paraíso para que sólo uno de los barcos se mantenga en la superficie.

Como bien recoge Laboro, se permite que “las empresas apliquen medidas para conseguir afrontar sus problemas a costa de los trabajadores. Es decir que si en el barco de la empresa falta comida, la pueden coger del barco de los trabajadores, precisamente porque es otro barco con otra comida. Pero al revés no”.

Siguiendo este hilo, tampoco hay que confundir embarcaciones en caso de crisis. El barco que se va a pique es el del empresario o socios, no el de los trabajadores. Este panorama ya pinta más feo para las empresas, ¿no? Pues tampoco conviene vender la piel del oso antes de cazarlo en este aspecto.

Como no podría ser de otra forma, son los empresarios los que tendrían que hacerse responsables y lidiar con las deudas, mientras el trabajador estaría protegido por el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA), cobrando el paro en el mejor de los casos y otro tipo de ayudas en el peor.

En Laboro se apunta en referencia a ello que diferentes temas de actualidad sobre las prestaciones sociales que reciben ciertos colectivos están de moda a la hora de hacer política en gran parte por esta relación entre barcos. ¿La razón principal? Que “lo que realmente quieren es que los trabajadores estén en el mismo barco que los empresarios sólo a efectos negativos”.

Me enteré en Laboro, asesoramiento laboral para trabajadores en España.

VÍDEO | Bruselas vuelve a empeorar las previsiones económicas para España

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