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¿Es legal que el casero entre en la casa de su inquilino siempre que quiera?

Jaime Quirós
·3 min de lectura

Cuando un propietario alquila una vivienda, es habitual que le surjan inquietudes acerca de su estado o de su conservación. Sobre todo, si los inquilinos son completos desconocidos. Esto puede llevar a algunas personas a querer entrar en la casa alquilada de forma periódica para comprobar que todo está en orden.

En contra de lo que se pueda pensar, esto no es posible. De hecho, ni siquiera es legal. Desde el momento en el que se suscribe el contrato de arrendamiento, la vivienda arrendada pasa a constituir el domicilio del arrendatario. A partir de este momento, estará protegida por la inviolabilidad del mismo, reconocida en el artículo 18.2 de la Constitución Española.

Dicho artículo establece que “el domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito”. Esto significa que el casero no puede acceder a la vivienda a menos que sus residentes den su consentimiento expreso.

Es cierto que se trata de una cuestión controvertida y que es habitual que los contratos de arrendamiento reserven el derecho al propietario de "inspeccionar" la vivienda en alquiler para asegurar su debida conservación. Tales cláusulas son totalmente abusivas y, por tanto, nulas de pleno derecho, al atentar contra el derecho fundamental de inviolabilidad del domicilio.

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Primer plano de una mano abriendo una puerta con llave.
Las clásulas que otorgan este derecho al casero son abusivas, ya que atentan contra el derecho fundamental de inviolabilidad de domicilio. Getty Creative.

Si el propietario hiciera caso omiso de esta limitación y accediera a la vivienda sin el consentimiento de sus inquilinos, podría estar incurriendo en un ilícito penal tipificado como allanamiento de morada, tal y como viene previsto en el artículo 202 del Código Penal. Aunque es común pensar que la vivienda alquilada sigue siendo el domicilio del propietario, no es así.

Se entiende por domicilio el lugar donde las personas tienen su residencia habitual para el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones civiles. Entrar sin permiso del arrendatario es equiparable, por tanto, a entrar en cualquier otra casa ajena que no sea de su propiedad.

¿Qué puedo hacer si mi casero se salta esta norma?

Si el dueño entra en la casa cuando el inquilino no está, se podría enfrentar a una pena de prisión de entre seis meses y dos años. En estos supuestos, el arrendatario está en su pleno derecho de presentar una demanda contra el propietario por este mismo motivo. Sin embargo, uno de los principales problemas para demostrar este hecho radica en las pruebas: si no se cuenta con ningún testigo o grabación, la denuncia no va a servir de nada.

En el caso de que el arrendador quiera acceder a la vivienda y el inquilino le pille in fraganti, lo mejor es llamar a la policía. Si para cuando llegue el arrendador aún está presente y tiene intención de entrar en la propiedad, no habrá problema para probar el allanamiento de morada. El inquilino podrá solicitar entonces la resolución del contrato por incumplimiento del arrendador, al haber vulnerado el uso y disfrute pacífico del inmueble.

Sin embargo, lo más habitual es que en estas ocasiones no existan pruebas de que el arrendador ha entrado en la vivienda. Lo más recomendable es no denunciar y cambiar la cerradura para evitar problemas similares en el futuro. Si el inquilino denuncia sin pruebas, podría encontrarse con una demanda en su contra por denuncia falsa, delito que está castigado por el articulo 456 del Código Penal con prisión de seis meses a dos años o multa de doce a veinticuatro meses.

Lo habitual es que nuestro casero no entre en nuestro domicilio. Aun así, para nuestra tranquilidad, lo que podemos hacer es cambiar la cerradura al entrar a habitarla, la cual podremos llevarnos cuando finalice el contrato. Por un precio razonable, evitaremos intromisiones en la privacidad y posibles denuncias en el futuro.

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