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El equipo de asesores económicos con el que sueña Feijóo

Luis de Guindos, Alberto Núñez Feijóo y Luis Garicano.
Luis de Guindos, Alberto Núñez Feijóo y Luis Garicano.

Luis de Guindos, Alberto Núñez Feijóo y Luis Garicano.

Luis Garicano, Luis de Guindos, los hermanos Alberto y Álvaro Nadal, incluso el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, son los nombres con que sueña Alberto Núñez Feijóo cada vez que Pedro Sánchez le da un revolcón en el Senado. O a los suyos en el Congreso. Garicano busca ser ministro, tarea en la que lleva años. Primero se acercó al PP, pero se impuso Guindos. También probó suerte en Ferraz pero en el PSOE no les pareció su tipo, hasta que finalmente un Albert Rivera poco ducho en economía acabó comprando sus propuestas como si fueran nuevas. Ahora ve una oportunidad de que eso suceda.

El hermético Feijóo calla pero no perdona y no parece que el fichaje de Juan Bravo haya funcionado, el hombre que se nos vendió en Madrid como el “gurú económico de Feijóo” y que era consejero de Hacienda en Andalucía. Por el Senado sólo aparece a votar, como su jefe, y el resto de grupos están esperando que intervenga. A ver si hay suerte y se estrena la semana que viene con los Presupuestos. O bien su perfil no es ya tan oportuno como en el pasado mes de abril. Bravo vende bajadas generalizadas de impuestos y eficiencia del gasto público —ahorro o recorte del gasto público vamos— las dos normas ultraliberales que le costaron el cargo a la británica Liz Truss y que ahora su sucesor ha tenido que modificar subiendo impuestos, por cierto. Promesas que son una sentencia de muerte para el que las pronuncia.

El hermético Feijóo calla pero no perdona y no parece que el fichaje de Juan Bravo haya funcionado, el hombre que se nos vendió en Madrid como el “gurú económico de Feijóo”

No corren buenos tiempos en Bruselas para las políticas ultraliberales y eso lo han observado los populares ya con los parabienes de la Unión Europea hacia las políticas sociales del Gobierno de coalición, aquel “gobierno comunista y bolivariano” que esta semana ha aprobado sus terceros presupuestos con la bendición de la UE. Tirar de hemeroteca, de todo lo que decían Pablo Casado y sus asesores económicos sobre los Presupuestos del 2021 y del 2022 es dramático para el Partido Popular: lo más amable era aquello de “son unos presupuestos falsos y muertos” que lanzó Casado en el último debate.

En esta ocasión a Juan Bravo se le ha ocurrido la frase ‘las cuentas son cuentos’, que será difícil que pase a la posteridad. Encima, ni tan siquiera es suya. Se la ha copiado a Pachi Vázquez, secretario general del PSdeG en la legislatura 2009-2012, que venía del mundo rural y dejó a todo el parlamento gallego estupefacto cuando soltó: “Estas no son contas, son contos”. Iba dirigida precisamente al presupuesto presentado por Feijóo, al que le debió gustar tanto que la ha recuperado.

Eso no es lo más grave. La memoria es frágil en tiempos de medios de comunicación de derechas y extrema derecha que trabajan para dictar a Feijóo lo que debe de hacer. El gallego traga, pero por dentro se erosiona según quienes le conocen. Hacer el ridículo, como el de pedir a Sanchez que retome la deducción fiscal para comprar vivienda habitual, acusándole de habérsela cargado este Gobierno —fue el de Mariano Rajoy— son fallos que no llegan a la gente, puede, pero incomodan a un líder acostumbrado a triunfar y que le obedezcan en Galicia sin rechistar.

A Bravo se le ha ocurrido la frase ‘las cuentas son cuentos’. Ni tan siquiera es suya. Se la ha copiado a Pachi Vázquez, exsecretario general del PSdeG. Se la dijo a Feijóo, al que le debió gustar tanto que la ha recuperado

Mientras, aquí hasta él mismo se siente apocado, se hace pequeñito en el escaño del Senado, ante la soberbia de Pedro Sánchez. Feijóo empezó con una estrategia económica pero ya lo ha dejado. Pedía la deflactación del IRPF en septiembre para evitar que la inflación castigase a las rentas bajas, ahí podían hacer daño y ganar el debate, pero se le cruzó la decisión de Moreno de reducir el impuesto de patrimonio a los ricos y la vehemencia de Ayuso en seguir el ejemplo, y tuvo que abandonar su posición.

Por eso, nombres de relumbrón como Luis Garicano, el popular y presuntamente brillante eurodiputado de Ciudadanos, le dan seguridad. Además, él ya tenía una buena relación con Garicano, al que ya consultó y con el que charló, por ejemplo, en diciembre del 2020, hablando de los fondos Next Generation. Garicano, con una simpatía tan grande como su ego, dejó este verano Ciudadanos y está centrado en la Universidad. Aunque la posibilidad de que le acojan en el PP, cuya puerta fue la primera que tocó cuando decidió dar el salto a la política, le sitúa cerca de su horizonte soñado. No hay que olvidar que estos años en Bruselas ha estrechado lazos con Esteban González Pons, en quien tanto se apoya el líder popular.

Otro caso diferente es el del ex vicepresidente y ministro Luis de Guindos, actual vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE). En realidad y a tenor de los acontecimientos de los últimos meses, es como si Alberto Núñez Feijóo ya hubiera fichado -in pectore- al flamante vicepresidente del BCE. Cada vez que España y su gobierno intentan algo nuevo en la UE, De Guindos trabaja para los populares con declaraciones y augurios nefastos que provocan las continuas quejas del mismísimo Pedro Sánchez. Una de las más sonadas fue la de las criticas a la intención de poner un impuesto a la banca para paliar la gravísima situación de las clases más desfavorecidas.

La posibilidad de que acojan a Garicano en el PP, cuya puerta fue la primera que tocó cuando decidió dar el salto a la política, le sitúa cerca de su horizonte soñado

Para las memorias frágiles, Luis de Guindos fue el vicepresidente del Gobierno español que prometió que los más de 60.000 millones de ayuda a los bancos que pusimos todos los españoles de a pie se iban a recuperar en “su totalidad”. Ahora, no hay un día a la semana en que el vicepresidente del BCE no haga declaraciones curiosas, que son constantemente utilizadas por la caverna mediática. Por suerte, esta semana, en una de las últimas intervenciones en Madrid en un foro ABC-Deloitte, al menos Guindos ha reconocido que los bancos “llegan a esta crisis mejor que en el 2008”.

En cuanto a los hermanos Nadal, Álvaro —oficina comercial española en Reino Unido— y Alberto Nadal —oficina comercial Estados Unidos—, no son lo mismo. Aunque están en la terna de los Sorayos que confían en tener hueco en un hipotético Gobierno de Feijóo. Ambos están ahora bien situados. Y después del trato que les dió el equipo de Pablo Casado —Álvaro sobre todo era uno de los miembros del grupo de los sorayos más destacado— difícilmente van a tener ganas de regresar a la política. Otra cosa es asesorar o hacer papers.

Respecto a Pablo Hernández de Cos, nombrado por el PP dos días antes de la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, el 31 de mayo de 2018, es el prototipo de alto funcionario, de espíritu conservador y más papista que el papa. Moderado, correcto porque cree en el cargo que ocupa, quienes le conocen no dudan en que no tendría problemas en formar parte de un Gobierno Feijóo y tampoco negará su opinión sobre la situación económica al líder gallego del PP.

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