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En qué me equivoqué sobre Trump en 2017 y lo que he aprendido sobre él

Cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en 2016, predije que sería el comienzo de una etapa oscura. “Las políticas que apoya entrañan numerosos riesgos para la economía”, escribí el día después de las elecciones. Insinué que el resultado podría ser una rápida recesión en la era de Trump.

No se ha producido una recesión con Trump. De hecho, ha sido todo lo contrario. La economía creció ligeramente en 2017. El empleo también siguió creciendo de forma constante. Sin embargo, la noticia económica más impactante del 2017 estuvo relacionada con el mercado de valores, específicamente con el aumento del 20% que experimentó el S&P 500 durante el año. Los estadounidenses se sienten cada vez más confiados sobre su futuro y los recortes en los impuestos fiscales que acaba de aprobar el Congreso deberían lograr que esa tendencia se mantenga.

¿Cómo pude equivocarme tanto?

He recibido muchas críticas por correo electrónico y Twitter en las que se me acusaba de promover noticias falsas contra Trump. Se equivocan. Es cierto que estoy decepcionado por la grandilocuencia de Trump, sus mentiras y sus incitaciones cargadas de racismo. Sin embargo, también reconozco que Trump ganó legítimamente en 2016, en gran parte porque supo comprender la frustración que experimentaban millones de votantes descontentos a los que la mayoría de sus oponentes de ambos partidos les hablaron en tono condescendiente o simplemente ignoraron. Los votantes querían un cambio. Trump se los dio.

¿Por qué me equivoqué sobre el impacto que tendría Trump en la economía? Porque esperaba que hiciera lo que dijo que haría. En cambio, Trump solo ha hecho una parte de lo que prometió, y al parecer aceptó el consejo de mentes más frías que lo disuadieron de profundizar en seis de sus promesas electorales más inquietantes. Quienes conocen a Trump dicen que es un error asumir literalmente todo lo que dice. En cambio, aconsejan seguir la línea de sus ideas, dejando un margen considerable para posibles desviaciones. Esa es la lección que he aprendido en este 2017.

Siendo candidato, Trump prometió varias cosas que, si hubiera puesto en práctica, probablemente habrían afectado la economía:

  • Imponer nuevos y severos límites en el comercio con China, incluidos nuevos aranceles sobre las importaciones de hasta el 45%.
  • Cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, si Estados Unidos no obtenía condiciones más favorables e imponer aranceles de hasta un 35% sobre las importaciones desde México y otros países.
  • Expulsar a los 11,3 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos e imponer nuevas y severas normativas a la inmigración legal.
  • Reestructurar la Reserva Federal.

Trump todavía no ha llevado a la práctica tres de esos cuatro aspectos. Siendo candidato, arremetió contra la FED y denigró a la presidenta Janet Yellen, a quien los inversores respetan muchísimo por su meticuloso liderazgo de una de las instituciones más poderosas del mundo. Sin embargo, al convertirse en presidente, Trump apoyó rápidamente la forma de conducir la economía de Yellen. Y su candidato para sucederla en el puesto, Jerome Powell, es un “Yellenite” que apuesta por el mercado ya que parece poco probable que vaya a causar problemas en la FED.

En el comercio, los secuaces de Trump están trabajando tras bambalinas para renovar el TLCAN, así como la relación comercial de Estados Unidos con China. De hecho, hasta el momento Trump ha desaprovechado varias oportunidades que le habrían permitido tomar medidas severas que afectarían el status quo.

En esta foto de archivo del 9 de noviembre de 2017, el presidente Donald Trump y el presidente chino, Xi Jinping, participan en una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, China. (Foto: AP/Andrew Harnik)

En materia de inmigración, Trump realmente ha tomado medidas enérgicas, pero solo hasta cierto punto, contra los inmigrantes indocumentados y ha impuesto nuevos límites para la inmigración legal. Sin embargo, no ha sido la cruzada al estilo de la Gestapo que temían algunos economistas y líderes empresariales.

Mientras tanto, Trump ha ofrecido lo que más les gusta a las empresas: una bajada de impuestos.

A medida que se acercaban las elecciones de 2016, varios grupos de investigación famosos, como Moody’s Analytics, Citibank, Oxford Economics y Macroeconomic Advisers, estimaron el impacto que las políticas de Trump tendrían en la economía. Examinaron todas sus políticas, no solo las positivas. Y todos coincidieron en una serie de problemas potenciales: un declive en el crecimiento, una caída de las acciones en bolsa, un aumento del desempleo y una posible recesión. Esos análisis, basados además en las promesas de campaña de Trump, dieron paso a historias pesimistas como la que escribí justo después de las elecciones.

Trump nos engañó en 2017. Solo apostó por las políticas que serían favorables para la economía mientras descartaba aquellas que más preocupaban a los economistas y dueños de negocios. ¿Hará lo mismo en 2018? Ojalá. Una guerra comercial solo aumentaría los precios, acabaría con los empleos y dañaría a los trabajadores. Y podría decirse que la economía necesita más, no menos, inmigrantes legales para poder ocupar los 6 millones de puestos de trabajo que los empleadores no pueden cubrir y aumentar aún más la producción.

Es obvio que Trump disfruta la subida del mercado de valores, tuiteando con frecuencia sobre cómo sus políticas están haciendo que las acciones alcancen un récord tras otro. Quizá se rinda mientras sea presidente y encuentre una forma de declararse victorioso en materia de comercio e inmigración sin aplicar demasiados cambios. Sería mejor que dejara sin cumplir algunas de sus promesas electorales. Por eso, algunas predicciones están sujetas a revisión.

Rick Newman