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El plan fiscal de Trump: darles dinero a los votantes

El plan fiscal del presidente Donald Trump está saliendo a la luz píxel a píxel. Y cada vez se parece menos a una auténtica reforma fiscal y más a un panfleto para atraer a los votantes hacia la papeleta republicana cuando a mitad de mandato de 2018 se dirijan a las urnas en las elecciones.

El secretario del tesoro de Trump, Steven Mnuchin, dijo en una conferencia del 12 de septiembre que si el Congreso aprueba la reducción de impuestos, estos podrían ser retroactivos a principios de año. Esto haría llegar al bolsillo de los contribuyentes algo de dinero en algún momento entre la aprobación de la ley y el día de las elecciones en 2018, pero seguramente eso no sea de gran ayuda para estimular el crecimiento, porque no daría lugar a mucha actividad económica nueva. Además, el gobierno perdería miles de millones en ingresos por impuestos, lo cual aumentaría mucho más la deuda nacional que ya es de 20 billones de dólares.

Presidente Donald Trump saluda al arribar a la Casa Blanca, 14 de septiembre de 2017. (AP Foto/Alex Brandon)

Cabe recordar que los contribuyentes no verán ni un centavo hasta que el Congreso apruebe la ley de bajada de impuestos, lo cual es más difícil de lo que quiere hacer ver el equipo de Trump. A principios de este año, Mnuchin predijo que el Congreso aprobaría una ley fiscal hacia el mes de agosto, pero agosto llegó y se marchó antes de que la administración Trump ni siquiera hubiera propuesto la ley. Ahora Mnuchin dice que es posible que haya una ley a final de año, pero la mayoría de los analistas creen que es una posibilidad muy remota.

Sea aprobada en 2017 o en 2018 (asumiendo que se haga), una ley fiscal podría ser retroactiva hacia principios de año sin demasiados problemas. Podría ser más complicado para el Servicio de Impuestos Internos y para las personas declarantes de impuestos hacerlo antes de terminar el año, dado que los impuestos ya se han retenido y las decisiones financieras se toman en base a la legislación actual. La idea de la retroactividad es darles a los consumidores una suma de dinero que se espera servirá para estimular un aumento del gasto. “Sería un gran beneficio para la economía”, apuntó Mnuchin.

No realmente. El problema con la bajada de impuestos retroactiva es que los consumidores ya han tomado sus decisiones de gasto. “La bajada de impuestos tiene sentido si se va a modificar el ‘comportamiento’ de los consumidores”, señala Mark Mazur, director del apartidario Centro de Política Fiscal. “Si se reducen los impuestos a niveles de principios del 2017, no se va a cambiar el comportamiento de nadie en enero, febrero, marzo, y hasta ahora”.

Una reducción de impuestos no necesariamente estimulará el gasto

Pero si las personas logran una ganancia inesperada por parte del Tío Sam, ¿no saldrán a gastarlo? En realidad no es evidente. En 2001, el presidente George W. Bush firmó una ley de devolución de impuestos y la mayoría de los hogares recibieron un cheque que variaba entre 300 y 600 dólares. Varios estudios mostraron que los consumidores que recibieron el cheque gastaron en torno a un 25% de su dinero. Fueron más propensos a usarlo para saldar deudas y una parte la pusieron en el banco. Saldar deudas y ahorrar dinero son acciones prudentes, pero no sirven para estimular la economía a corto plazo, lo que significa que el efecto de estímulo de la devolución de impuestos de Bush se diluyó mucho.

Al menos la devolución de Bush tuvo lugar en medio de una recesión, el mejor momento para intentar estimular la economía. Ahora no estamos en recesión, y aunque a muchos economistas les gustaría ver políticas que impulsen las tasas anuales de crecimiento por encima del mediocre 2% en el que nos hemos quedado estancados, la toma de más deuda federal no es una forma eficiente de hacerlo. “Los recortes de impuestos retroactivos tienen algo de sentido desde esta perspectiva”, dice el Comité apartidario para un Presupuesto Federal Responsable. “Solo cambian los incentivos para la actividad económica que ya ha pasado”.

Esto es lo que estimularía el crecimiento: un aumento de la inmigración legal, que engrosaría la fuerza laboral y generaría una mayor actividad económica. La reforma fiscal también es importante, pero la necesidad real es que los impuestos sean un mejor negocio, y no bajarles los impuestos a los particulares. Los impuestos a empresas en Estados Unidos son del 35%, un porcentaje considerablemente superior al de la mayoría de países desarrollados. Aunque la mayoría de empresas reclaman una gran cantidad de exenciones fiscales que hacen que los códigos impositivos se quiebren mientras las compañías se ven perversamente incentivadas a sacar su dinero al extranjero. Bajar los impuestos, acabar con los vacíos legales y eliminar las distorsiones serían medidas que harían más competitivas a las empresas estadounidenses y que atraerían más dinero a los Estados Unidos.

Esto no cambia la forma de pensar del votante: todos merecemos una reducción de impuestos. Por lo que los políticos intentarán darle a la gente lo que quiere, es decir, más dinero en el bolsillo. Si lo consigues, disfrútalo, pero no esperes que sobrevenga una mayor prosperidad, más allá de lo que unos cuantos dólares adicionales puedan comprar.

Video: análisis de la posible reforma fiscal de Trump (en inglés)

Rick Newman