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El fraude a los jóvenes viajeros con falsos voluntariados

España es un país que se nutre del turismo, un sector que aporta el 11,7% de nuestro PIB y el 12,8% de nuestro empleo total. No es difícil entender el por qué: somos privilegiados por tener paisajes preciosos, clima y playas paradisíacas, y una historia y cultura riquísima. Para muchos latinoamericanos, además, visitar España implica poder explorar parte de sus raíces, sean genéticas o sólo culturales. Pero un viaje implica un costo y, para varios jóvenes, es difícil aprovechar el tiempo en Europa cuando cuentan con pocos recursos.

Pero hay una práctica bastante simple que desde siempre ha atraído a los jóvenes viajeros: trabajar por comida y alojamiento. Lo que ha cambiado ahora es que, en lugar de depender quizá de algún pariente o amigo, la tecnología ha expandido enormemente la posibilidad de encontrar estas oportunidades. Plataformas online como HelpX, Worldpackers o Workaway proporcionan un nexo para conectar viajeros con bajo presupuesto con voluntariados en sitios que estén dispuestos a alojarlos y alimentarlos. Las ofertas suelen ser variadas, con voluntariados disponibles en hostales, granjas, y hasta embarcaciones para unas aproximadamente 20 horas a la semana.

Algunas empresas se están aprovechando de los jóvenes que quieren viajar y disfrazan puestos de trabajo reales por otros de "voluntarios" por los que no pagan sueldos. Foto: Getty Images.

Sin embargo, a pesar de lo abiertamente que se publiquen estas ofertas, resultan ser, muy a menudo, ilegales. Anna Ginès, profesora de derecho laboral en Esade, lo define como “fraude en las empresas” y “trabajo no declarado”, agregando que “supone un fraude a la Seguridad Social y un riesgo para el voluntario, que además de no cobrar está totalmente desprotegido”.

En las situaciones en las que el voluntario esté efectivamente llevando a cabo una actividad ‘laboral’, como por ejemplo “el de recepcionista, reponedor, cocinero, gestor de comunicación o encargado de la limpieza”, estará cometiendo ilegalidad.

En algunos casos, se argumenta un ‘intercambio cultural’, social o ecológico. Estas situaciones sí serían legales en su sentido estricto. Pero a veces es una tapadera. Por suerte, la ley es bastante clara: exige que el voluntariado sea una actividad solidaria que se realice por una causa social, ambiental, educativa, cultural, deportiva, comunitaria, de ocio o cooperación internacional. Esto deja fuera a los recepcionistas, que deberían cobrar un sueldo. Podrían obtener parte del salario en especie, pero nunca superar el 30% del emolumento.

Se habla abiertamente de estos voluntariados ilegales y, sin embargo, las autoridades no hacen casi nada al respecto porque no hay muchas denuncias, supuestamente porque los viajeros anhelan estas experiencias y las describen con entusiasmo. Además, los jóvenes, por un mes que han sido ‘voluntarios’ no se complican y no denuncian, incluso teniendo malas vivencias.

Los que se sientan estafados deben denunciar. Y por su parte, quién tiene que tomar medidas serán las autoridades españolas. Si no actúan, el problema sólo puede crecer. Unos estarían explotados por un mendrugo de pan, y otros no podrían comprar siquiera ese pan por no trabajar en el puesto laboral que está ocupando un ingenuo ‘voluntario’.

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