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El fenómeno atmosférico que sorprendió (y llenó de fe) a los venezolanos

(Getty)

La Semana Santa 2020 se perfilaba aburrida en Venezuela a falta de peregrinaciones, procesiones y reuniones familiares. Pero la aparición de un halo solar el Domingo de Ramos sorprendió a una población mayoritariamente católica que interpretó el fenómeno meteorológico como una señal divina.

Algunas iglesias doblaron sus campanas durante la misa del mediodía para celebrar la ocurrencia de este efecto óptico que ocurre cuando el cielo está muy despejado y se forma un aro radiante alrededor del sol. 

La explicación científica es que las únicas partículas de agua que hay en la atmósfera se encuentran muy arriba y se convierten en cristales de hielo. La luz del sol pasa por estos cristales y forma un halo de la misma manera que se forman un arcoíris, pero se ve en forma circular rodeando al astro.

 

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología de Venezuela informó que el fenómeno óptico-atmosférico comenzó alrededor de las 11h del domingo 5 de abril


En las redes sociales también circularon comentarios de médicos oftalmólogos, que desaconsejaban mirar directamente al sol sin protección.

Pero los creyentes no tardaron en darle una interpretación religiosa, porque ocurrió al comienzo de las celebración más sagrada para el catolicismo. Algunos lo ven como una señal divina para los venezolanos.

 

 

Poco después esa creencia cobró fuerza con la aparición de enormes cardúmenes en las playas venezolanas. Unos llegaron a decir que se trataba del "milagro de la multiplicación de los peces"

 

 En las costas centrales de Aragua, la afluencia de peces fue tan grandes que muchos quedaron varados en la orilla cuando bajó la marea.

 

Credo personal

Los halos solares no son tan comunes como los arcoíris pero ocurren esporádicamente en distintas partes del mundo. El fenómeno se observó en México en 2015 y 2018, en Chile en 2014 y 2017, Paraguay 2019 y 2020, Botswana en 2018, Nueva York 2013.

 Pero mi madre, que tiene 78 años, sólo recuerda haber visto uno en la Isla de Margarita, el 10 de mayo de 2010, el día del nacimiento de mi hija pequeña. 

 No soy persona de creer en mensajes místicos. Pero me parece una hermosa coincidencia que cuando estaba amamantando a Sofía por primera vez, el cielo margariteño estaba adornado con un aro iridiscente que fascinaba a todos.

Los guaiqueríes, la etnia indígena originaria del estado Nueva Esparta, creían que eran descendientes de la luna y el sol. Y en sus mitos mencionan la “aureola” que se forma a su alrededor como una buena señal.

En estos momentos de penuria mundial, no está demás quedar anonadados por unos minutos de la belleza que nos regala la naturaleza. 

Que cada quien la disfrute y la interprete a su manera.