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El esclavo con un gran talento que inventó el barco a vapor y con el dinero pudo comprar su libertad

Cuando alguien inventa alguna cosa de utilidad, con la que ganar un dinero, suele invertir dichas ganancias en montar algún tipo de negocio o empresa con el que seguir desarrollando su creación y que le genere más beneficios.

Pero el propósito de Benjamin Bradley, tras haber inventado un pequeño artilugio que dio origen al primer buque de guerra a vapor, no era hacerse rico para vivir cómodamente sino ganar el suficiente dinero para comprar su libertad.

Imagen de uno de los primeros barcos a vapor de la Historia (vía Wikimedia commons)

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Y es que Benjamin Bradley fue un esclavo afroamericano que, a pesar de no tener estudios, tenía una gran inteligencia que le ayudó a aprender a leer y escribir tan solo fijándose cómo lo hacían otras personas (sobre todo los hijos de su amo cuando eran enseñados por un maestro).

Siendo un muchacho ya dio claros síntomas de estar dotado para las ciencias y matemáticas, a pesar de no haberlas estudiado y gracias a ese talento natural para aprender su amo lo envió a trabajar como aprendiz en una oficina (en aquella época –mediados del siglo XIX- el salario que ganaba un esclavo que trabajaba para un tercero era reintegrado a los propietarios de éste).

Benjamin recogía todo tipo de chatarra y piezas que encontraba tirada en la basura y con ello creaba complejos artefactos a los que le daba algún tipo de utilidad. Era tan solo un adolescente, pero había inventado un pequeño artilugio que funcionaba a vapor que dejó boquiabiertos a todos sus compañeros de oficina y a su amo, por lo que se le envió a trabajar a la Academia Naval de Annapolis (capital del Estado de Maryland) donde le ofrecieron un puesto de asistente en el departamento de ciencias.

Allí trabajó codo con codo con los ingenieros aportando sus conocimientos innatos y de su prodigiosa mente surgió la idea para crear un motor a vapor con una potencia lo suficientemente grande como para lograr mover un buque de guerra sin única la ayuda de las venas ni el viento.

El departamento de la Academia Naval recibió una cuantiosa suma de dinero por la invención del mencionado motor a vapor; pero al tratarse Benjamin Bradley de un esclavo no se le permitió patentar a su nombre dicho invento ni percibir todo lo que se pagó por el artilugio sino que fue a parar al responsable del departamento y al joven, a modo de gratificación, se le asignó una paga de 5 dólares mensuales (que no era poco dinero para la época, pero ínfimo en comparación con lo que se pagó por el invento).

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Pero Benjamin Bradley todavía guardaba todos los apuntes que realizó del primer artilugio inventado unos años atrás (siendo un adolescente), lo mejoró y consiguió una versión mucho más potente del motor a vapor (de 16 nudos) consiguiéndolo vender por su cuenta y con el dinero obtenido por dicha venta y lo ahorrado durante algunos años gracias a la mensualidad de $5 pudo comprar su libertad y vivir el resto de sus días como un hombre libre.

Cabe destacar que son numerosas las webs y fuentes que dan fe de la historia de Benjamin Bradley y de cómo consiguió convertirse en un hombre libre gracias a la invención del motor a vapor para un buque de guerra. Pero se obvia y desconoce por completo qué fue de su vida y destino a partir del momento en que dejó de ser un esclavo, algo sorprendente y sospechoso de que no existan registros sobre ello.

Fuentes de consulta e imagen: blackinventor / blackfacts / ‘Black Americans 17th Century to 21st Century’ por John H. Jordan / famous-black-inventors / Wikimedia commons

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