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Cómo detener a los revolucionarios europeos del fútbol: A. Webb

Alex Webb
·5 min de lectura

(Bloomberg) -- Estamos acostumbrados a la idea de que un deporte, en el que uno o dos equipos dominan, a veces no es competitivo. Pensemos, por ejemplo, en la liga de fútbol de la Serie A de Italia, la que el Juventus Football Club SpA ha ganado durante nueve años seguidos, o bien, en la Ligue 1 de Francia, donde el Paris Saint-Germain se ha coronado en siete de los últimos ocho torneos.

Ahora, los planes para la nueva Superliga europea, que incluiría a 20 clubes supuestamente líderes, no solo resultan sumamente anticompetitivos, sino que plantean el uso de prácticas comerciales diseñadas para reducir la competencia. Esa debería ser razón de más para que las autoridades antimonopolio detengan una medida que rasgará el tejido del deporte más popular del mundo.

Desde cualquier ángulo que se mire, la Superliga europea reduce la competencia. El torneo consistirá en 15 equipos permanentes y cinco miembros rotativos que clasificarán cada año en función de su desempeño en la temporada anterior. Hasta ahora, 12 de esos equipos centrales se han anunciado, incluidos Manchester United Plc, Juventus y Real Madrid.

Para los 15 equipos que tendrían su lugar asegurado, es una forma bastante descarada de garantizar ingresos económicos independientemente del desempeño en la cancha. Hoy en día, si un club no logra clasificar a la Liga de Campeones, la principal competencia de clubes de Europa, estos ingresos pueden fluctuar en cientos de millones de dólares.

La propuesta de la Superliga se asemeja más al modelo estadounidense en el que los mismos equipos compiten por un trofeo año tras año y, como consecuencia, obtienen ingresos estables y valoraciones más altas. Cinco de los equipos de la nueva liga (Arsenal, Manchester United, Manchester City, Liverpool y AC Milan) son propiedad, al menos en parte, de inversionistas de Estados Unidos, lo que da la impresión de que el nuevo torneo está diseñado para atraer a más fanáticos internacionales y aumentar los ingresos por transmisión. Anteriormente, Bloomberg News informó que JPMorgan Chase & Co.estaría financiando la competencia por una suma de 4.000 millones de euros (US$4.800 millones).

Sin embargo, este nuevo modelo podría incumplir las leyes antimonopolio europeas porque estaría creando un mercado protegido que restringe la entrada de otros y limita la competencia, según el analista de Bloomberg Intelligence, Aitor Ortiz. Como precedente, existe el caso de la Comisión Europea contra Mastercard Inc.

En esa ocasión, el regulador europeo multó al proveedor de tarjetas de crédito con 570,6 millones de euros (US$686,7 millones) por establecer elevadas tarifas con los bancos. La Comisión determinó que esas tarifas no eran necesarias para que las tarjetas de crédito funcionaran de manera eficaz y aumentaran los precios al consumidor y, por lo tanto, eran contrarias a la competencia. Del mismo modo, las barreras de entrada a la Superliga no parecen necesarias para garantizar su funcionamiento eficaz, por lo que también podrían ser consideradas anticompetitivas.

Aun así, La Comisión Europea ha dicho que no planea investigar la Superliga y podemos ver por qué: si el caso falla, la Comisión se enfrentaría una gran reacción popular y se consideraría que efectivamente le dio el sello legal de aprobación. Por lo que esta dejará el reglamento a la FIFA y la UEFA, los órganos rectores mundiales y europeos del deporte, así como a los administradores nacionales.

Las organizaciones han insinuado que prohibirían a los equipos participantes unirse a otras competencias, tanto nacionales como europeas. La declaración la redactaron con cuidado, sugiriendo que los jugadores también podrían verse impedidos de representar a sus selecciones nacionales, sin decirlo definitivamente. Eso probablemente se deba a que, en un caso el año pasado que involucró al mundo del patinaje sobre hielo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló a favor de una competencia rival a la Unión Internacional de Patinaje, sobre la base de que los atletas deberían poder participar en cualquier competencia que elijan.

Sin embargo, los equipos de fútbol son compañías más que atletas individuales, por lo que es probable que las implicaciones legales de la Superliga sean diferentes. Los reguladores pueden bloquear equipos más fácilmente que jugadores.

Los defensores de la nueva liga argumentarán que aumenta la competencia en comparación con la configuración existente, la Liga de Campeones. Pero para que ese sea el caso, las condiciones de admisión a la Superliga tendrían que ser “transparentes, objetivas y proporcionadas”, según Nicolas Petit, profesor de derecho europeo de la competencia en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. En otras palabras, tendría que requerir el descenso y la promoción total para todos los equipos constituyentes, lo que significa que todos los equipos sean elegibles para salir de la liga en caso de tener un desempeño inferior. Eso socavaría la motivación de los clubes para participar, que es la de reducir el riesgo para sus negocios.

En este caso, el regulador que debería dar un paso adelante es la Autoridad de Competencia y Mercados de Gran Bretaña, que está tratando de forjar una reputación internacional líder después del Brexit. La mitad de los participantes anunciados de la nueva liga propuesta son ingleses. Y la Premier League también es una herramienta importante del poder británico a nivel mundial. Si la principal competencia de fútbol de Inglaterra se viera privada de los clubes y jugadores más destacados, dañaría la influencia británica en conjunto.

Por lo tanto, Gran Bretaña podría tener más voluntad política para llevar un caso contra la Superliga que cualquier otro país de Europa. Sin embargo, el caso aún tendría que basarse en sólidos argumentos antimonopolio. El caso de Mastercard podría constituir un precedente.

El domingo, en su diatriba televisada contra la nueva liga, el experto y exdefensor del Manchester United Gary Neville, pidió que un nuevo regulador independiente evitara la competencia separatista. Es probable que los mecanismos necesarios ya se hayan implementado, solo falta que la policía monopolista sea lo suficientemente valiente para usarlos.

Nota Original:How to Stop Europe’s Football Revolutionaries: Alex Webb

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