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Valoran el trabajo de una mujer de criar a sus hijos en 2,3 millones de dólares

Hoy en día, son cada vez menos las mujeres que sacrifican totalmente su carrera para criar a los hijos y cuidar de la casa mientras su pareja continúa empleada. Es un avance formidable, quizá inconcebible para nuestros antepasados más cercanos. Pero para aquellas mujeres que han decidido dedicarse a mantener el hogar y la familia, reconocer su sacrificio y sus aportes es fundamental.

Al fin y al cabo, es ese sacrificio de quedarse en casa, a veces abandonando la propia carrera y otras ambiciones, el que permite a su pareja trabajar y avanzar profesionalmente. Esta es la justificación que utilizó una mujer en Montreal, Canadá, para reclamar más de 2,3 millones de dólares a su exmarido. El multimillonario, Eric, y la demandante, Lola, mantuvieron un matrimonio de derecho consuetudinario (una forma de matrimonio legal que no es religioso ni civil) durante dieciséis años, en los cuales él pudo formar dos empresas y vender un producto que le generó su fortuna, multiplicando exponencialmente su patrimonio.

Su exmujer atribuye su éxito en gran parte al hecho de que fue ella quien le otorgó la libertad de avanzar, ya que pudo dedicar todo su tiempo a su vida laboral sin preocuparse de la crianza de sus dos niños o la manutención del hogar.

El trabajo de las mujeres que deciden abandonar su carrera laboral y cuidar de sus hijos es cada vez más valorado en la sociedad, y así lo demuestran casos como el de Lola. Foto: Daria Shevtsova via Pexels

Sin embargo, también se debe tener en cuenta que esta mujer ha estado trabajando durante estos dieciséis años, exceptuando la baja de maternidad (que en Quebec son 18 semanas sin pago). Por ello, el exmarido insistió que no le debía nada, y que ella no había estado involucrada en sus ganancias de 25 millones de dólares canadienses.

Pero la justicia del país no parece compartir la opinión del exmarido, ya que el juez Robert Mongeon de la Corte Superior del Quebec ha dictado una sentencia fallando a favor de Lola, obligándole a él a entregarle los 2,5 millones de dólares que ella reclamaba.

Aunque pueda sonar nuevo o novedoso, esta no es la primera vez que el poder judicial se pronuncia en casos como este, en el que las labores domésticas y de crianza de los hijos se ven recompensados económicamente.

El caso español

En España, por ejemplo, en 2017 la Audiencia Provincial de Cantabria reconoció a una mujer el derecho a recibir una indemnización de 23.628 euros por parte de su expajera ya que, como ella argumentaba, en el periodo de convivencia, de 2007 a 2013, paralizó su vida laboral para poder dedicarse en exclusiva a las labores del hogar. Esto, como también interpretó la Audiencia Provincial, permitió no sólo la libertad total del hombre para dedicarse al trabajo, si no también un gran ahorro en el personal doméstico que tenía contratado hasta el momento en el que inició su convivencia.

Parece evidente que en casos como estos y en líneas generales, el gran beneficiado, sobre todo a nivel económico, suele ser el hombre por lo que resulta bastante coherente pensar que debe ceder parte del patrimonio logrado durante los años de matrimonio (recordemos que en este caso en concreto se trata de 2.5 millones de dólares de un total de 25 millones conseguidos).  Pero quizás no deberíamos quedarnos aquí, quizás habría que comenzar a profundizar en la raíz de este fenómeno tan habitual en las sociedades actuales. ¿Por qué, generalmente, es la mujer quien abandona su carrera laboral? ¿Tendrá algo que ver el techo de cristal? ¿O la brecha salarial? ¿O será que no se ha conseguido acabar aún con el rol histórico de la mujer como ama de casa?

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