Mercados españoles cerrados en 1 hr 23 mins

De ninguneados a esenciales para mantener el país a flote: así vive un agricultor en tiempos de coronavirus

Un agricultor, con su mascarilla, antes de salir a fumigar. Foto Fernando Ruso

“Claro que me da miedo; si pudiera quedarme en casa, me quedaría, pero no podemos fallarle a la gente”. Manuel regenta con sus dos hermanas, Rocío y Maribel, una explotación de 65 hectáreas de naranjos en el municipio sevillano de Brenes. El confinamiento por coronavirus le ha pillado en plena temporada de recolección y al tajo en el campo para garantizar que sus frutas sigan llegando a los lineales de los supermercados también ha sumado una nueva actividad, fumiga las calles de su pueblo junto a otros agricultores. Así le plantan cara a la pandemia para que todo vuelva a la normalidad cuanto antes.

Manuel desarrolla una actividad esencial en tiempos del coronavirus. Así lo ha decidido el Gobierno, que incluye la actividad agraria, ganadera y pesquera dentro de las excepciones del estado de alarma. De esta forma, se asegura el abastecimiento de alimentos a los ciudadanos, que deben seguir confiados para evitar los contagios.

“En el campo hay miedo, se nota que la gente usa las mascarillas, los guantes y mantiene la distancia de seguridad; estamos todos muy concienciados”, explica Manuel Rodríguez, de 28 años y natural de Brenes. La familia heredó unos 23.000 naranjos de su padre, que también se dedicó al campo. “Con eso nos sacamos un sueldo, esto no da para tirar cohetes”, puntualiza el agricultor, que ya asume que la crisis del coronavirus le traerá pérdidas económicas que harán más difícil la supervivencia para aquellos que viven de los cítricos.

Y no solo por los sobrecostes de los equipos de protección individual con los que dota a sus empleados o el incremento del gasto en gasoil para los desplazamientos, que se han incrementado para tener que cumplir con la norma del máximo de dos personas por vehículo, que genera quebraderos de cabeza entre los agricultores. “Hay cuadrillas de jornaleros en las que no todos tienen carnet de conducir o coche, por lo que hay que dar más vueltas para llevarlos y traerlos del campo”, apunta.

Manuel Rodríguez, agricultor de Brenes, Sevilla. Foto Fernando Ruso

A Manuel le pagan, en el mejor de los casos, 15 céntimos por kilo de naranjas. Más allá de estos sobrecostes en la producción, también hay cierto temor por la respuesta de los consumidores finales. “Estamos expuestos como muchos otros sectores, si el cliente no coge un kilo de naranjas del supermercado porque le ponen dificultades o porque el dinero no le da para naranjas y prefiere comprar carne, lo acabamos pagando nosotros, los productores”, argumenta. “Y si no recogemos el fruto, se caería del árbol y perderíamos todo el dinero y la inversión de meses y meses de trabajo, sería un auténtico caos”, razona el brenero. Por eso los campos de la localidad están repletos de temporeros llegados de países del Este y del norte de África.

“Un marrón” para los pequeños municipios

El alcalde de Brenes, el socialista Jorge Barrera, señala a Yahoo que hay que hacer especial hincapié en la población extranjera para que cumplan con el confinamiento. Por eso se pasa los días deambulando con su propio coche por las calles de su pueblo parándose con aquellos a los que sorprende en la calle y haciéndoles entrar en razón para que vuelvan a sus hogares. Solo hay dos agentes de la Policía Local para todo el municipio y en varias ocasiones ha elevado quejas a la subdelegación de Gobierno para que aumente la presencia de la Guardia Civil en Brenes.

Este municipio, situado en la Vega del Guadalquivir, vive eminentemente de la agricultura. Según estima el alcalde, un 80 por ciento de la economía depende del campo. En su mayoría, de los cítricos, aunque también hay quien se dedica a la alfalfa. Para satisfacer la necesidad de mano de obra, el municipio recibe la llegada de unos 3.500 temporeros extranjeros. Un aumento considerable de la población, censada en unos 12.500 vecinos.

El alcalde de Brenes, el socialista Jorge Barrera, colocándose un traje como medida de protección. Foto Fernando Ruso

Se queja el alcalde que, con esto del confinamiento, el Gobierno les ha “metido un marrón” a los pequeños municipios. “No es una crítica”, puntualiza. “Nosotros estamos continuamente sacando bandos para tratar de adaptarnos a la situación y que se cumpla lo que nos piden”, explica el regidor, que siguiendo el ejemplo de otros municipios vecinos ha instado a los agricultores a fumigar las calles con una solución de hipoclorito sódico, la popular lejía, para matar al virus.

 “Todo el pueblo se ofreció voluntario”, desvela. “Claro, estamos aburridos en nuestras casas y el llamamiento ha tenido una respuesta masiva, están saliendo voluntarios hasta debajo de las piedras”, bromea el alcalde, un hombre con buen talante.

Fumigando para dar tranquilidad

En la última batida contra el virus, 16 agricultores pusieron a disposición municipal los mismos tractores con los que fumigan sus naranjos. “Los vecinos nos agradecen mucho este gesto, porque les da tranquilidad que las calles están limpias del virus”, detalla Barrera.

De momento, y sin datos oficiales que ayuden a contrastar los rumores, solo hay un caso confirmado en Brenes. Aunque por el boca a boca circulan todo tipo de chismes. “Si tuviésemos acceso a información oficial se acabarían”, zanja el alcalde, que critica a la Junta de Andalucía de no hacer pública esta información que “ayudaría a tranquilizar a los vecinos”.

El alcalde al volante de su tractor. Foto Fernando Ruso

 Entretanto, Jorge sigue recorriendo las calles del pueblo con su coche. Antes de dedicarse a la política —llegó a la alcaldía en 2019— trabajó en el campo, regentando tierras y alquilando maquinaria agrícola. Por eso entiende a quienes se le quejan de la difícil situación. “El campo siempre ha vivido en recesión, por cada año bueno vienen cuatro malos; y este año iba a ser bueno”, afirma el regidor, que esperará al final de esta crisis para hacer una valoración económica de las pérdidas.

 Hasta entonces, van saliendo casos de vecinos que se acercan al ayuntamiento, cerrado, para pedir ayuda. “Hay muchas familias que están en una situación muy complicada. Los temporeros viven al día y con 40 euros por jornal se puede pagar la luz, el agua, la hipoteca, la comida y poco más”, sentencia el alcalde, que va derivando las peticiones de ayuda a los servicios sociales, que siguen atendiendo las solicitudes por teléfono.

 Uno de los motores económicos del municipio es Citran SAT, una empresa fundada en 1980 por nueve familias de agricultores dedicadas al cultivo de cítricos y fruta de hueso en la Vega de Sevilla. La producción de estas 1.200 hectáreas se exporta a países como Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Austria, Inglaterra, Italia, Polonia, Canadá, China, y Emiratos Árabes. Casi mil trabajadores, unos 150 en el almacén y otros 850 en el campo, están empleados en esta empresa que factura anualmente 18 millones de euros.

Citran SAT es la principal empresa de cítricos y fruta de hueso de Brenes. Foto Fernando Ruso

Como al resto de la sociedad, el coronavirus les ha sorprendido repentinamente. “Nadie espera un giro tan brusco en tan poco espacio de tiempo. Ahora simplemente nos adaptamos a los acontecimientos diarios, y extremamos precauciones para no contraer la enfermedad”, explica Juan Francisco Ruiz, gerente de Citran.

Un sector esencial que pide precios dignos

El estado de alarma ha llegado al campo en la resaca de las movilizaciones agrícolas repartidas por toda España. Hace escasas semanas, los mismos trabajadores que hoy están considerados esenciales por el Gobierno cortaban carreteras pidiendo precios dignos para garantizar la supervivencia del sector primario.

“Espero que una vez pasada la enfermedad, se reconozca que seguimos siendo los mismos e igualmente esenciales, y nuestros productos nunca más sean vendidos a pérdidas”, reivindica Ruiz, que explica a Yahoo cómo las normas impuestas por el Gobierno están condicionando los trabajos en el campo. Principalmente en los desplazamientos con la norma que prohíbe ir a dos o más personas en un mismo coche. “Hay muchas casuísticas, familias: desde tres miembros trabajando en la misma empresa a personas sin carné de conducir o sin coche propio. Eso limita en gran parte el acceso al puesto de trabajo”, lamenta el gerente.

Manuel Rodríguez trabajando entre naranjos. Foto Fernando Ruso

Más allá de los desplazamientos, también se han adoptado otras medidas pensadas para redoblar las medidas de seguridad en las instalaciones, que ya cumplían altos estándares desde antes de la crisis sanitaria. Todos los trabajadores pasan por un control de temperatura al inicio de su actividad en el almacén, se ha suspendido el control por huella dactilar, también se ha multiplicado por tres el personal de limpieza.

Otro de los problemas que también preocupa a los agricultores es la falta de mano de obra. Sobre todo “en determinadas zonas de España, donde la contratación del campo es principalmente extranjera”, advierte Ruiz. Ahí se “están teniendo problemas de personal porque a día de hoy hay muchos cierres de fronteras”. “En nuestra zona, de hecho, además de los trabajadores que ya teníamos nos están llegando en masa currículos de personas de múltiples perfiles así como distintos sectores ajenos al primario. Entre estos currículos, muchos de autónomos de pequeñas empresas o pequeños negocios”, confirma el gerente.

Sin poder hacer un balance exacto, desde el decreto de estado de alarma del día 14, Citran ha multiplicado por dos los pedidos de fruta a nivel nacional. Después de ese efecto rebote, los pedidos se han estabilizado y actualmente están viéndose incrementados en un 25 por ciento. “Una semana después se ha ido repitiendo la historia en Francia, y así hacia el norte de Europa. Pero la respuesta del sector primario español ha sido magnífica, y con mucha organización y trabajo previo, se ha podido mantener el abastecimiento de alimentos”, valora Ruiz.

Sí preocupa a la empresa, “la caída en masa de muchas pequeñas y medianas empresas, arruinadas de por vida, y de todas las familias que allí trabajaban que irán al paro”. “Pienso que las medidas tomadas por el gobierno de España, se han tomado tarde, mal e impulsivamente. No se nos puede olvidar algo muy importante. El dinero público que hablan de repartir, ha tenido que ser creado antes por la empresa privada y sus trabajadores con los aportes de impuestos”, razona el gerente de Citran. Y zanja: “Si matamos la vaca, ¿a quién le sacamos la leche?”.

Más historias sobre el coronavirus