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Cooperativas de reparto a domicilio: la alternativa ética a las grandes empresas de delivery

Jaime Quirós
·4 min de lectura

El negocio de la comida a domicilio lleva años en auge. El gusto por la comodidad, la inmediatez o el ritmo de vida acelerado son algunas de las claves de su crecimiento. La población ha adquirido nuevos hábitos a los que el negocio de la restauración se ha tenido que adaptar. A todo esto, se le ha sumado el fenómeno de la pandemia por el que, ante el cierre inminente de restaurantes y bares, el servicio a domicilio se posiciona como la única vía de supervivencia de la restauración.

Pero del negocio del delivery subyace una cuestión más que controvertida, la de los riders, repartidores contratados por las grandes empresas de reparto a domicilio que llevan tiempo denunciando su precariedad laboral. Para poner fin a esta situación, repartidores de comida a domicilio fundan cooperativas en varias ciudades de España para hacer su trabajo de forma independiente buscando relaciones laborales más justas.

Glovo y Deliveroo acaparan el 72,2% de la cuota de mercado del <em>food delivery</em> en España. Foto: Getty Creative.
Glovo y Deliveroo acaparan el 72,2% de la cuota de mercado del food delivery en España. Foto: Getty Creative.

Según los últimos datos aportados por Just Eat, en 2019 el mercado de comida a domicilio online aportó a la economía española 2.418 millones de euros, de los cuales 740 millones de euros corresponden a pedidos online, un incremento de un 23% respecto al año anterior. Estos datos no hacen más que demostrar que las plataformas online están ganando un peso cada vez mayor en el mercado de la comida a domicilio.

Además, el confinamiento acrecentó este fenómeno, ya que los restaurantes que disponían del servicio a domicilio vieron aumentar sus pedidos entre un 40 y 50%. Y por su parte, muchos restaurantes decidieron apostar por este servicio, dando lugar a un aumento del 200% en las altas de los restaurantes respecto el mismo periodo del año anterior.

Glovo y Deliveroo aterrizaron en España en 2015, mientras que Uber Eats lo hizo hace tres años. En este tiempo, estas compañías han acaparado el 72,2% de cuota de mercado en el food delivery, 43,3%, 10% y 18,9%, respectivamente. Un éxito directamente proporcional al crecimiento de las denuncias interpuestas por sus propios riders, que reclaman derechos laborales.

La situación de los riders

El Tribunal Supremo falló el pasado 23 de septiembre en favor de estos empleados con una sentencia que afirmaba que efectivamente los riders son falsos autónomos. Entre las razones que aporta el veredicto está que “Glovo no es una mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores. [...] se sirve de repartidores que no disponen de una organización empresarial propia y autónoma, los cuales prestan su servicio insertados en la organización de trabajo del empleador, sometidos a la dirección y organización de la plataforma”

La mala experiencia con una de las grandes plataforma empujó a un grupo de compañeros riders de Madrid a crear en 2018 una cooperativa de reparto a domicilio: La Pájara Ciclomensajería. Desde entonces, este modelo de negocio se ha extendido por España y ya hay cooperativistas que te llevan la comida a casa en ciudades como Zaragoza (Zámpate Zaragoza), Bilbao (Botxo Riders), Vitoria (Eraman Cooperativa) o Barcelona (Mensakas), donde después de que el Govern decretara el cierre de bares y restaurantes la demanda del delivery crecerá previsiblemente.

Estas sociedades, aún con poco volumen de mercado, han surgido de la necesidad de una alternativa justa y ética en el reparto de comida. Sus fundadores conocen bien el funcionamiento del sector porque casi todos han trabajado anteriormente para las grandes empresas. Así, han desarrollado no solo una forma de ganarse la vida, sino un modelo de negocio con su propia filosofía basada en la sostenibilidad y el compromiso social.

Pero esta alternativa no solo es más justa con los empleados: también lo es con los establecimientos con los que colabora. Para muchos, contratar a estas grandes empresas de delivery no es factible debido a que la demanda del porcentaje de facturación de los pedidos, la cuota mensual y de inscripción no es asequible para ellos.

Estas nuevas cooperativas son, por tanto, más viables para los comercios locales. Aunque para el cliente final sean más caras. El incremento en el precio lo paga el usuario, pero garantiza que sociedades como La Pájara, compuesta únicamente por cuatro chicos, puedan seguir adelante. La gente que pide a través de su web son personas que abogan por un modelo de negocio más ético y sostenible, centrados en apoyar el comercio local y no a las grandes cadenas.

Más allá del cooperativismo, otra vía para dignificar las condiciones de los riders es, simplemente, contratarlos. Esta es el camino que ha tomado, por ejemplo, la empresa sevillana Grupo Mox, que tiene un papel intermediario entre los restaurantes o plataformas y el cliente final. Esto es, una compañía que cuenta con su propia flota de repartidores, todos con contrato de trabajo, al servicio de quien los requiera.

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