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“Las consecuencias de la Inquisición fueron tales que la cultura judía española mantiene un carácter discreto”

·9 min de lectura
Deborah Feldman (Photo: ALEXA VACHON)
Deborah Feldman (Photo: ALEXA VACHON)

Las primeras palabras que Deborah Feldman (Nueva York, 1986) aprendió en español fueron “tienes el baño para el niño”. Fue hace diez años, en su primer viaje con su hijo por Andalucía, cuando, aparte de esa frase, aprendió un par de cosas más sobre España: que la gente es muy maja y que el pasado (y presente) judíos han sido prácticamente borrados de las ciudades.

Precisamente esas huellas sefardíes eran lo que iba buscando ella, que entonces acababa de escapar de su comunidad judía ultraortodoxa en Nueva York y de separarse de su marido y padre de su hijo. La historia de Feldman es hoy mundialmente conocida gracias a Unorthodox, su best-seller autobiográfico que después se convirtió en serie de Netflix. Menos conocido es el viaje que hizo Feldman desde Estados Unidos a Europa tratando de entender el significado de la identidad judía, que la escritora cuenta en sus segundas memorias, Exodus, editadas ahora por Lumen en español.

Al final, aquel viaje a España se convertiría en el primero de tantos, y Deborah Feldman está estos días en Madrid para presentar Exodus. Con ella está Paco, un perrito juguetón que ya llevaba ese nombre castizo cuando lo adoptó, y que disfruta —como su dueña— de los rayos de sol mesetario que no llegan tanto a Berlín, donde residen.

A Feldman le “encanta” España, e incluso ha llegado a entender la relación que tiene el país con su huella judía. Al margen de esto, sólo pone una pega: la página de Wikipedia en español de la escritora contiene al menos dos errores. Ni Feldman nació el 28 de octubre (fue el 17 de agosto) ni tiene tres hijos, sino uno. “Por favor, pon en tu artículo que en Wikipedia está todo mal”, pide. Hecho.

En Exodus explicas que quieres separarte de la etiqueta perpetua de ‘víctima’ que se promueve en tu comunidad, pero al mismo tiempo te consideras una superviviente. ¿Te sientes cómoda con esta ‘identidad’?

Durante buena parte de mi vida sí he estado muy preocupada por el mismo hecho de sobrevivir; no sé si por eso podría llegar a llamarme superviviente, pero creo que estas palabras hay que dejarlas para casos muy especiales. Todos los seres humanos sobreviven; prefiero guardar la palabra ‘superviviente’ para las personas que han sobrevivido a una guerra, a actos de gran violencia o a traumas realmente profundos. También porque creo que la palabra ‘superviviente’ ha acumulado una serie de connotaciones condescendientes; parece que nos gusta usar palabras como víctima o superviviente para las mujeres, pero cuando los hombres pasan por un trauma, se les llama campeones o héroes. Así que mejor llámame heroína, si quieres.

Cuando los hombres pasan por un trauma, se les llama campeones o héroes, no víctimas o supervivientes. Así que mejor llámame heroína

En tu periplo por Europa llegaste a Andalucía. ¿Cómo fue ese viaje?

Emocionante, complejo, frustrante, muchas cosas. Fue el primer viaje que hice por Europa con mi hijo. Yo era muy joven, mi hijo tenía seis años y yo 25. Me acuerdo de que aquí no era tan raro ser una madre joven, no sé si era cosa de la región o de la cultura, pero me dio la impresión de que a la gente no le chocaba tanto que fuera joven. Aquí nunca pensaron que fuera la niñera de mi hijo; en Estados Unidos, sí. La gente era muy amable, nos trató muy bien. La primera frase que aprendí en español fue ‘tienes el baño para el niño’ [dice en español]. Todo el mundo tenía un baño baño para el niño.

Por un lado, fue un viaje muy bonito. Pero claro, visitamos todas las catedrales y las mezquitas, y mi hijo quería saber dónde estaban las sinagogas. Yo le había contado que España tenía una historia judía muy importante, y que él también tenía raíces ahí. Él quería verlo, y yo también quería enseñárselo, pero me sorprendió que no hubiera tanto que mostrar. Cuando me preguntó, no supe explicárselo. Desde entonces, he hablado con muchos judíos españoles sobre esto y, después de un tiempo, me dieron una especie de explicación. Básicamente, lo que me dijeron fue que las consecuencias de la Inquisición fueron tales que la cultura judía española incorporó un carácter discreto, como una presencia que no se notara, no ya porque debiera, sino porque se convirtió en parte de la tradición.

Ser visible no forma parte de la entidad judía española. Al principio pensé que esto era malo, pero luego vi que, como en otros países, una de las razones por las que la cultura judía no es tan visible es porque se ha integrado casi totalmente a la cultura primaria del país. Y esto también puede verse como algo bueno.

En Andalucía visitamos todas las catedrales y mezquitas, pero mi hijo quería saber dónde estaban las sinagogas y no supe responderle. Ser visible no forma parte de la entidad judía española

¿Tenéis orígenes sefardíes en la familia?

Todo el mundo tiene orígenes sefardíes, porque una gran parte de la comunidad judía asquenazí procedía del éxodo español, de cuando se les expulsó de aquí y se asentaron en Alemania, Europa Central, Holanda. Yo tengo algún apellido de origen sefardí, y eso significa que mis antepasados salieron de España. Pero no es fácil encontrarlos, porque fueron suprimidos con mucha facilidad.

Ahora bien, los libros que mi abuelo estudiaba eran de rabinos sefardíes, las leyes que seguíamos fueron implantadas por ellos y las oraciones que leíamos en las sinagogas eran sefardíes. Con todos esos elementos, uno puede decir que tiene orígenes sefardíes.

Portada de 'Exodus' (Photo: LUMEN)
Portada de 'Exodus' (Photo: LUMEN)

Aparte de esta huella judía en Europa, en Alemania también te encontraste resquicios de la ideología nazi y rechazo a los judíos. ¿Te preocupa el resurgimiento del antisemitismo y, en general, de la extrema derecha en el mundo?

En general, sí me preocupa lo que estamos viendo, y creo que es un error conectarlo con el pasado, porque este fenómeno es distinto y nuevo. Evidentemente, es muy preocupante, sobre todo en este contexto más amplio de desestabilización política. En cierto modo, este fenómeno es la primera fisura en los cimientos de la sociedad. Sabes que cuando esto ocurre, la sociedad puede desmoronarse muy fácilmente. No presagia nada bueno, es una mala señal, para todos.

El auge de la extrema derecha es la primera fisura en los cimientos de la sociedad. No presagia nada bueno

¿De dónde crees que surgen estas formas de odio?

Mi opinión sobre esto es bastante impopular. Tengo una serie de tendencias de izquierdas que derivan de mi propia experiencia de pobreza, y creo que la desestabilización social es producto de la desigualdad y de la corrupción. Pero esta es mi opinión, y estoy bastante sola en ello. Mucha gente te dará respuestas más complejas. Yo siempre creo que todo tiene que ver con la clase.

Tu hijo ahora es adolescente. ¿Cómo llevó él toda la huida de la comunidad y cómo lleva ahora la popularidad de su madre?

Ahora está muy bien. Es un chico con mucha confianza, muy independiente. Cuando era más pequeño, antes de mudarnos a Berlín, era un niño muy inseguro, muy apegado a mí. Cambió cuando nos vinimos a Berlín; es como si floreciera. Se adaptó enseguida, antes incluso que yo, e hizo amigos a los que mantiene todavía; se maneja por la ciudad como si fuera el patio de su casa. Sus amigos le chinchan diciendo que su madre es la del libro del millón de dólares (ríe). Ni siquiera es cierto, pero le intentan picar con esas cosas.

Tuvo una fase en la que hacía muchas preguntas, no sólo sobre mí, también sobre su padre, y se ve que obtuvo todas las respuestas, porque llegó un momento en el que pasó página y se centró más en sus propios intereses.

Mi psicóloga dice que mi abuela es la única figura de apego positivo por la cual soy una persona funcional a día de hoy

¿Mantenéis contacto con el padre?

Sí, sí. Mi hijo va a visitarlo dos o tres veces al año. De hecho, su padre ya tiene comprados los billetes para venir a vernos con su mujer y sus dos hijos en abril de 2022. Tenemos buena relación. Su padre tiene una vida muy distinta a día de hoy; es completamente laico, se fue de la comunidad, es un hombre feliz, no hay conflicto con él.

Hace siete años, me escribió una carta en la que me decía lo orgulloso que estaba de nuestro hijo, y que sabía que era gracias a mí, y que también gracias a mí él había encontrado su propia felicidad. Desde entonces, nuestra relación es muy positiva. Al final, los dos estamos felices.

Deborah Feldman (Photo: Alexa Vachon)
Deborah Feldman (Photo: Alexa Vachon)

Y con tus abuelos, ¿llegaste a retomar la relación después de abandonar la comunidad?

No. Con mi abuela fue imposible, porque tenía demencia, y ella era la única persona con la que realmente tenía apego. Mi psicóloga dice que es la figura de apego positivo por la cual soy una persona funcional a día de hoy.

Ahora que mencionas a tu psicóloga...

¿Aquí es muy raro ir al psicólogo? En Nueva York todo el mundo va.

Parece que ahora empieza a normalizarse más, pero todavía es un estigma, un tabú.

Me parece muy curioso.

Igual que mucha gente va al spa, yo voy al psicólogo. Me siento orgullosa de poder decir que me valoro lo suficiente como para ir a terapia

Quería saber cómo han sido tus años de terapia para superar una historia tan difícil.

Me sorprende muchísimo que vivamos en una sociedad en la que todo el mundo está obsesionado con la optimización, con ponerse bótox, con irse a un retiro de bienestar, con hacer pilates, pero en cuanto uno tiene que ocuparse de la salud mental, prefiere dejarlo a un lado. Y no tiene ningún sentido. Esa es la única optimización que te permite mejorar tu calidad de vida y ser feliz. Me siento orgullosa de poder decir que me valoro lo suficiente como para ir a terapia. Creo que es, literalmente, lo mejor que he podido hacer por mí misma. Lo veo como un placer, como un premio; igual que mucha gente va al spa, yo voy al psicólogo.

Voy a la misma psicóloga a la que empecé a ir cuando llegué a Berlín hace siete años. Es una mujer increíble, especializada en traumas. Desde que empecé a verla, siento que he conseguido en menos de cinco años lo que a mí me habría costado cuarenta. ¿Por qué la gente no quiere ir?

¿Porque es muy caro?

En Alemania lo paga el seguro. Es verdad que sigue estando muy estigmatizado, y que las propias aseguradoras te pueden discriminar. Si saben que vas al psicólogo y buscas un seguro de vida, quizás no te lo dan, porque consideran que eres de riesgo. El problema es principalmente con los seguros privados, pero la seguridad social, la pública, lo cubre. Hay debate sobre si deberían destinar más o menos dinero, pero lo cubren.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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