Los primeros compases de la huelga, vistos desde el coche de un piquete de UGT

MADRID, 14 (EUROPA PRESS)

Los sindicatos preparan con esmero los múltiples detalles que comporta una jornada de huelga general, donde las distintas federaciones sindicales constituyen piquetes para hacer llegar a los trabajadores los beneficios y garantías legales de secundar el noveno paro que registra la democracia española.

En particular, la federación ugetista de Fitad, que se encarga de la industria y los servicios agrarios, cita a los miembros de la expedición con un breve margen de dos horas antes de que alcancen las 00.00 horas, momento en el que legalmente se da el pistoletazo de salida a la huelga general.

Así, en la octava planta del edificio confederal de UGT en Madrid, el equipo de trabajo tantea en primer lugar los vehículos disponibles para llegar hasta Mercamadrid, el principal y último destino. Posteriormente, confeccionan una lista donde asignarán un auto a cada miembro, al tiempo que 'la líder' del grupo explica, haciendo hincapié en los detalles, el recorrido apuntado.

Sin embargo, antes de partir, se reúnen en un sala donde toman un pequeño tentempié. La mesa presenta tazas de café, pastas, gominolas, variados bocadillos, así como refrescos. El objetivo, dicen, es coger fuerzas para afrontar la agotada noche que se alza este 14 de noviembre.

Una comitiva de seis u ocho coches abandona los garajes de UGT rumbo a Mercamadrid. Si bien, antes pararán en distintas gasolineras para prevenir a los trabajadores de las mismas de que no se están respetando los servicios mínimos fijados, a la vez que les invitan a cerrar el local a fin de que secunden la huelga general "por el bien de todos los trabajadores".

El ritual es sencillo y se repite constantemente. Varios sindicalistas, ataviados con banderas y silbatos, acceden al interior de la gasolinera e informan a los trabajadores de que este establecimiento no está respetando los servicios mínimos pactados.

Tras una llamada a sus superiores, el empleado, con una cara que mezcla temor y contrariedad, accede a cerrar el local. La acción sindical ha surtido efecto, aunque el piquete es escéptico sobre lo conseguido y asume que "a los quince minutos" volverán a abrir. Las puerta de la gasolinera quedan 'precintadas' con pegatinas de la central sindical.

Antes de llegar a Mercamadrid, la comitiva deja atrás numerosas gasolineras que han echado el pestillo, prevenidos tal vez por sus jefes de que los piquetes pasarán cerca del establecimiento. Desde que se abandona la sede, hasta que se avista el mercado de abastos, una furgoneta de Policía vigila los movimientos de los sindicados cada 300 metros.

En Mercamadrid, tras bajar del auto, los piquetes se agolpan a la entrada con el fin de intentar que los camiones y los vehículos de los empleados se detengan y escuchen sus explicaciones. Este año, la Policía ha situado un cordón imaginario que no permite atravesarlo.

La tarea sindical se ha tornado prácticamente imposible por el fuerte despliegue policial, por lo que la decepcionada expedición decide abandonar y retornar a la sede. Es momento de valorar nuevos destinos.