Mercados españoles cerrados

¿Cómo será todo después del coronavirus?

Una trabajadora de un hospital junto a Central Park en Manhattan, Nueva York. REUTERS/Jeenah Moon.

¿Volveremos a estrecharnos las manos? ¿O a darnos abrazos?

Sí, aunque puede que lo hagamos con menor frecuencia y con algo de inquietud.

El coronavirus ha trastornado nuestras vidas y, cuando termine ‒lo cual parece lejano o, incluso peor, indeterminado‒, nuestras vidas habrán cambiado de forma permanente. Así es como suele ocurrir tras una crisis económica como la Gran Recesión de 2008-2009 o como el colapso de la bolsa en 1987. Esto es aún más cierto después de grandes puntos de inflexión en la historia como los atentados del 11 de septiembre de 2001, la II Guerra Mundial (con la bomba atómica) y la Gran Depresión.

Las causas y efectos son axiomáticos y newtonianos. Cuanto más grande sea la causa, mayor será el efecto. 

Es evidente que estamos ante un problemón.

Me refiero a la pandemia, que tendrá consecuencias significativas en la forma de vivir el resto de nuestras vidas. No es apresurado pensarlo. De hecho, lo responsable es pensarlo ‒a pesar de que el virus todavía no ha alcanzado su pico‒ aunque solo sea para sacar nuestra mente del torrente ininterrumpido de noticias difíciles.

Los primeros efectos que notaremos tras el COVID-19

En­­­­­ principio, un mundo pospandemia (o al menos uno en el que reconocemos y aceptamos que pueden ocurrir y ocurrirán pandemias; más abajo se desarrolla esta idea del doctor Mehmet Oz) es aquel en el que se mitiga un nuevo tipo de riesgo. Eso tendrá implicaciones en todos los ámbitos ‒empresas, gobiernos, cultura, deportes y artes‒ así como en comportamientos como estrecharse la mano.

Comencemos con algunos efectos de primer orden para el comercio y sigamos a partir de ahí.

Primero, muchas empresas que están floreciendo durante la pandemia seguirán creciendo muy bien, quizás no de forma explosiva, pero deberían crecer por encima de la tendencia durante algún tiempo. La gente ya está ocupada entendiendo las cosas nuevas que van pasando.

“Creo que a medida que vayamos saliendo de esto se invertirá en la próxima generación de empresas increíbles”, nos escribió Mark Cuban, empresario multimillonario dueño de los Dallas Mavericks, en un email. “Alguien tendrá una visión única y cautivadora sobre cómo será el mundo después y nos hará preguntarnos: ‘¿Por qué no lo pensé?’”.

Hagamos un repaso a lo evidente para dejar que fluya la inspiración: herramientas para realizar teleconferencias y teletrabajar (Zoom ‒la app más descargada para iOS‒, —Skype, Teams, Slack, Hangouts, WebEx, etc.); insumos médicos y medicamentos (máscaras, guantes, batas, respiradores, alcohol y luego vacunas en grandes cantidades); insumos de limpieza (sé que Clorox se ha superado en el mercado con 30 puntos porcentuales en lo que va de año y todavía tiene un ratio precio-beneficio de 27, pero hay que asumir a que CLX y otros de su tipo les irá bien en los próximos 5-10 años).

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Toallitas desinfectantes Clorox a base de lejía en un estante de supermercado, con fondo negro.

Las plataformas de transmisión por internet como Netflix, por supuesto, y las demás FANGS (Facebook, Amazon y Google) en general están bien posicionadas, tal y como escribí la semana pasada. Ocurre lo mismo con la entrega a domicilio de comidas preparadas y compras de supermercado, así como con los tutoriales de cocina y las ideas para perder peso. Pasa lo mismo con programas de ejercicio desde casa como Mirror, Peloton, etc.; y nótese que el gran aprovisionamiento de papel higiénico terminará en algún momento de 2020.

Por cierto, aunque algunas personas pueden seguir trabajando desde casa, la mayoría saldrán gritando de su casa ‒con siete kilos de más‒ para volver al trabajo en cuanto suene la campana. Muchos lo estamos descubriendo: el teletrabajo puede ser considerablemente más estresante que el trabajo en la oficina. “La gente ve que quedarse en casa tiene muchas ventajas, pero también quiere verse con otra gente”, dice Kathleen Day, escritora y profesora de la Johns Hopkins Carey Business School. “¿Quién iba a pensar que hacer la compra podría ser una actividad social?”.

Aviones, viajes, turismo en general... no volverán a ser lo mismo

Del lado opuesto de las empresas que saldrán bien paradas están las que sufrirán. Mark Penn de Harris Poll dice que muchos estadounidenses no volverán a volar ni siquiera pasados seis meses de la desaparición del virus. “A la gente le dan miedo los aeropuertos y, especialmente, los aviones”, me dijo Penn. “Las aerolíneas van a ver muy reducido su trabajo”. Y, por supuesto, pasará más aún con los cruceros, así como con los hoteles, resorts y millones de trabajos asociados. 

Los centros vacacionales locales, accesibles en coche, ganarán importancia.

Luego están los restaurantes. Mientras grandes cadenas como Subway, McDonald’s, Starbucks y KFC cuentan con los medios para sobrevivir, muchos restaurantes independientes podrían verse diezmados. En todos los casos, es probable que suban los precios para cubrir las nuevas medidas de protección para el desempleo que las empresas pondrán en marcha de forma voluntaria o por mandato del gobierno. Eso podría disparar la inflación.

¿Qué pasa con el entretenimiento? “¿Si creo que la gente volverá al cine? Seguro. ¿Si creo que la gente volverá a los parques temáticos? Seguro”, dice Rich Greenfield, analista de valores de la industria de entretenimiento en LightShed Partners. “Incluye a una inmensa cantidad de personas muy distintas, esparciendo el miedo. Cuando se haya inculcado el distanciamiento social en la mente de la gente, ¿cuánto tardará en desaparecer?

Greenfield dice que la radiodifusión televisiva ha subido (“World News Tonight” de ABC fue vista 12 millones de veces la semana pasada, sus mayores cifras en 20 años, tanto como la noche de fútbol del lunes), pero las plataformas de retransmisión están explotando. “Es como usar un fluido más ligero, mayor aceleración en lo referido a la tendencia”, dice. La nueva realidad está ejerciendo aún más presión sobre el escaparate cinematográfico de Hollywood, que ya estaba bajo asedio, dice.

En cuanto a la música, ya se han puesto en marcha los conciertos por internet (el jueves, más de 3 millones de personas vieron un concierto de Dave Mathews producido por Verizon, la empresa matriz de Yahoo). ¿Cómo se va a monetizar eso? Hay gente trabajando en ello. Los conciertos en vivo volverán, por supuesto, pero eso no significa que vayan a desaparecer los conciertos por internet. Los conciertos personales que hemos visto de artistas como Yo-Yo Ma, John Legend, Bono, Pink y otros músicos desde sus casas pueden volverse algo común.

Una adolescente ve el concierto por internet de Sienna desde su casa en Madrid, España, después de la recomendación de quedarse en casa para luchar contra la COVID-19, en una foto del 13 de marzo de 2020. ‘#yomequedoencasa’ es un festival de música por internet promocionado por más de 40 artistas españoles para entretener a la gente que tiene que permanecer en casa debido a la COVID-19 (Ilustración fotográfica de Carlos Álvarez / Getty Images).

‘Las cadenas de suministro están cambiando’

Volvamos al gobierno y a la política. Algunos puntos enormes a señalar aquí.

A) El gobierno, especialmente el gobierno federal, jugará un papel desmesurado en nuestras vidas en los próximos años; sin duda, es irónico que vuelva a haber una fuerte presencia del gobierno cuando este está bajo control del Partido Republicano, que ‒por si no lo sabías‒, no lo lleva incorporado en su ADN. 

B) Las elecciones de noviembre y los procesos de votación serán de alto riesgo. Es posible que muchos de nosotros no estemos lo suficientemente sanos para acudir a las urnas y que debamos votar de forma electrónica o por correo. Esa tampoco va a ser una cuestión de peso; de hecho, todo lo que ya habíamos migrado a sistemas electrónicos ‒el Departamento de Vehículos Motorizados, el depósito de cheques y las compras‒ recibirá un gran impulso con esta crisis.

Otro punto crítico: la división que hemos visto estos cinco últimos años se acelerará. Incluso en Estados Unidos estamos viendo cómo algunos estados y municipios monitorean a los forasteros. El presidente quiere puntuar a los condados. Y cada vez más estadounidenses están hartos de los demócratas, o sea, estados muy poblados de mayoría republicana, es decir, rurales. Todo eso nos separa.

Y, por supuesto, a nivel mundial estamos viendo cierres de fronteras todos los días. Rusia, China, Australia y Estados Unidos están dificultando cada vez más el flujo de la mayoría de personas de un lado al otro de sus fronteras, pero también los bienes y servicios. En algún momento, esto disminuirá, pero no vamos a volver a donde estábamos antes.

Las implicaciones económicas son evidentes: “Todas estas cadenas de suministro están cambiando”, dice Shulamit Kahn, profesor de economía en la Universidad de Boston. “Vamos a surtirnos de más material de nuestros propios países”. Recordemos que eso es lo que Donald Trump y sus partidarios siempre han querido. Tal vez deberían tener cuidado con lo que desean. Sí, exprimir la cadena de suministro ayuda a algunas empresas nacionales, pero probablemente dará como resultado un aumento en los precios (otra vez) para todo el mundo, además de quién sabe qué otras consecuencias.

También saldrán a la luz millones de efectos más pequeños. Walmart dice que está vendiendo más partes de arriba que de debajo de ropa porque la gente quiere estar (parcialmente) bien vestida solo para la llamada de Zoom. (¿Cómo podría alguien haberse dado cuenta de eso?) Walmart también dice que está vendiendo toneladas de palitos de helado para los que hacen cosas caseras en casa (por ejemplo, para mantener sanos a los padres y los hijos). Christopher Denby, fundador y director ejecutivo de Advisory Board for the Arts espera “una enorme cantidad de arte con temática relacionada con el coronavirus en los próximos dos años. Piensa, por ejemplo, en la crisis del sida y en el impacto que tuvo en el arte y las extraordinarias obras cinematográficas y musicales que surgieron de esa crisis”.

Y quizás, solo quizás ‒dice Kahn‒ aprendamos a tomarnos más en serio la ciencia. “Si encontramos algo para matar al virus, eso ayudará a que la gente se dé cuenta de lo necesarios que son la ciencia y los científicos”, dice. “Lo que espero es que la gente pueda unir los puntos y decir, ya me entiendes, tal vez pasa un poco lo mismo con el calentamiento global”.

En cierto modo, vivíamos de prestado, ¿o no? Calentamiento global, pandemia, no importa, simplemente debemos prepararnos mejor. Dejando de lado el trágico e incalculable costo humano, si hubiéramos gastado 200.000 millones de dólares para prepararnos para una epidemia como esta, posiblemente no nos estaríamos gastando 2 billones de dólares en un paquete de estímulo económico.

Esto es lo que me dijo hace poco el doctor Oz: “Cuesta imaginar que no haya otro virus como este que sea más peligroso. Por eso, esto no es más que un ensayo. La próxima vez que ocurra, el mundo entero hará lo mismo. Tendremos el mismo cancionero, con las mismas notas”.

Amén, doctor. Amén.

No podemos volver al mundo anterior al coronavirus. ¿No sería genial que esto termine dando lugar a un mundo mejor?

Andy Serwer con Max Zahn