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Comer en familia, la mejor manera de prevenir la obesidad

La presencia de la televisión u otros aparatos electrónicos, como el teléfono móvil o la tablet, están haciendo un flaco favor a la salud y los hábitos nutricionales de los españoles.

 

Comer frente a la tele anula la conversación e impide prestar atención a lo que se come.
Comer frente a la tele anula la conversación e impide prestar atención a lo que se come.

Son muchos los factores que influyen en la obesidad infantil (más allá de los genéticos), pero las influencias ambientales y los estilos de vida cada vez cobran mayor importancia.

Los primeros años de la infancia son un periodo crucial en la adquisición de hábitos, como las preferencias por ciertos sabores, la autorregulación de la ingesta y la transmisión de las creencias familiares y culturales sobre la alimentación y la actividad física.

En este sentido, es fundamental el papel y la influencia de los padres y madres en las futuras actitudes y conductas infantiles, y prevenir así la obesidad infantil.

[Relacionado: La familia, el mejor aliado para una alimentación saludable]

Por ello, la Fundación THAO, con la colaboración del Instituto DKV de la Vida Saludable ha realizado I Estudio del ambiente durante la hora de la comida en la infancia, para ofrecer una visión general del comportamiento de las familias. Y estas han sido las principales conclusiones:

- La mayor parte de las familias comían o cenaban en el comedor o en la cocina, y una pequeña parte en la mesa auxiliar frente al televisor.

- La mitad de las comidas y cenas transcurren entre 20 y 35 minutos, y alrededor de 10 familias les dedican de 35 a 60 minutos.

- Una mayor duración suele corresponder a familias con una mayor interacción con los hijos a la hora de la comida y un ambiente positivo de conversación centrada en las actividades de los hijos e hijas, lo que representa un contexto más favorable.

Una duración por debajo de los 20 minutos (unas 7 familias comen en este tiempo) está relacionada con niños que comen solamente con la presencia del padre o la madre y las intervenciones de este se centran en el comportamiento de comer en sí, y a menudo también en los modales en la mesa.

 

Dejarles participar en la preparación y compra de los alimentos favorece la adquisición de buenos hábitos.
Dejarles participar en la preparación y compra de los alimentos favorece la adquisición de buenos hábitos.

- En las situaciones en que predomina una dinámica conversacional, en la que se incorpora el gusto por comer y probar alimentos, el ambiente de la comida es más satisfactorio y los padres utilizan menos estrategias y más concretas para conseguir sus objetivos.

[Relacionado: Los beneficios de comer en familia]

- Algunas de las estrategías más usadas, descritas en un estudio realizado en Estados Unidos por Joan K. Orrell Valente:

  1. Proposición neutra: “no olvides comer tu carne”.

  2. Presionar para que coma: “cuando te digo que comas, ¡come!”.

  3. Razonar: “¿quieres probar las judías? Las he hecho como a ti te gustan”.

  4. Recompensa alimenticia: “si te comes todos los trozos de carne, te daré una piruleta”.

  5. Alabanza: “te has comido todo el pollo, ¡buen trabajo!”.

  6. Restricción de alimentos: “no más patatas”.

  7. Amenaza de restricción de alimentos: “si no te acabas los guisantes, no brownie”.

  8. Amenaza con no obtener privilegios lúdicos: “si no comes, no irás en bicicleta”.

  9. Otras recompensas: “si comes la ensalada, podrás jugar con Sally”.

[Relacionado: Comer sano es divertido, la obesidad infantil no]

- Animación, negociación y aceptación son otras formas basadas en la “crianza respetuosa” y en el refuerzo positivo que favorecen un buen ambiente durante la comida. Con frases tipo: venga, come que ya queda muy poco”, dos cucharadas más y ya está", "vale, ya has comido bastante” se obtienen unos resultados mejores porque se basan en el respecto por la dinámica de sus hijos, sus ritmos, sus percepciones y sensaciones durante la comida, y desarrollan en los padres la capacidad de saber escuchar a sus hijos.

Comer en familia, con tiempo, compartiendo experiencias, ofrece la posibilidad de que el pequeño pueda estar atento a sus propios gustos, experiencias sensoriales, logros, sensaciones de hambre y saciedad... creando un ambiente familiar agradable y positivo.

- En cambio, cuando la dinámica se centra en el acto de comer, a menudo junto a juguetes o viendo programas de televisión, aumenta la dispersión propia del niño, propiciándose en los pequeños una dualidad entre el “deber de comer” y “el placer de divertirse”.

En estos casos los padres utilizan todo tipo de estrategias sin lograr resultados y el ambiente familiar es más tenso. Además, las posibilidades de aprendizaje de sabores y texturas de nuevos alimentos, así como la toma de consciencia de las sensaciones de hambre y saciedad se diluyen.