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Qué busca Otegi con su desafío sobre los presos de ETA

·9 min de lectura

Siete horas pasaron entre el momento en el que Arnaldo Otegi dijo el pasado lunes a las víctimas de ETA: “Sentimos mucho su dolor. Eso no tuvo que ocurrir nunca”, y cuando, ante sus militantes, afirmó: “Esos 200 presos tienen que salir de la cárcel. Si para eso hay que votar los Presupuestos, los votaremos”. El coordinador general de EH Bildu mostraba una cara conciliadora nunca antes vista y, al rato, ponía en un brete al Gobierno para que cumpla su exigencia de sacar a la calle cuanto antes a los 185 etarras aún entre rejas, muchos con largas penas por delitos de sangre.

Es un ejemplo de la dicotomía actual de la izquierda abertzale, o las dos almas, si nos ponemos poéticos. Está la estampa de mano tendida, de pasar página cuando han transcurrido diez años del abandono de la violencia por parte de ETA. Y está la estampa de la raíz, de lo que fue y se resiste a dejar de ser, la rama más orgullosa de ese pasado de terror para la que los gudaris encarcelados son su bandera y la principal pelea en estos tiempos nuevos. La misma que hace que no cuaje aún una petición expresa de perdón y una autocrítica creíble.

Para entender el cambio de registro hay que atender también a los contextos en que fueron dichas ambas frases. Para hablar a las víctimas, Otegi recurrió a una declaración institucional, muy formal, hecha en San Sebastián. Para hablar con la militancia de Bildu, acudió a Éibar (Gipuzkoa), un acto interno sin prensa cuya grabación fue publicada el miércoles por el diario El Correo. Distintos mensajes en distintos auditorios para distintos oídos.

Lo que quiere Otegi es un cambio legislativo que beneficie a los presos de ETA y eso no es nuevo. La “madre de todas las batallas”, como la denominó el lunes, arranca del mismo comunicado de 20 de octubre de 2011 en el que la banda reconoció que se acababa. En él decía que había que resolver las “consecuencias del conflicto” y las de sus reclusos era la esencial para ellos. Otegi afinó que en unos seis años podría tenerse esta reforma legal lista, por lo que expuso sus cálculos: le hace falta el actual interlocutor en el Gobierno de Madrid para acabar la legislatura y lograr otra más.

Reclama el líder abertzale que el actual Ejecutivo de PSOE y Unidas Podemos elimine dos cuestiones que se introdujeron en el Código Penal en 2003, en tiempos de José María Aznar (PP) como presidente. Entonces se elevó el cumplimiento de las penas hasta los 40 años, lo que afectó a los terroristas con más delitos y más graves sobre sus espaldas. También se endurecieron las condiciones para que los etarras salgan a la calle, complicando llegar al tercer grado o la libertad condicional. Así es ahora, cuando los presos de la banda tienen que cumplir al menos cuatro quintas partes del límite máximo de su condena para poder acceder al tercer grado, por ejemplo. Igualmente, se establece que lograr un cambio de grado un recluso debe tener un pronóstico individualizado y favorable de reinserción social.

Ahora mismo, ese cambio normativo no está en la agenda del Gobierno central. Lo único que puede cambiar a favor de los presos etarras es que, con la transferencia reciente de las competencias de prisiones al Ejecutivo vasco, se flexibilicen algunas cosas, como esos informes sobre reinserción, toda vez que el gabinete del lehendakari Íñigo Urkullu se muestra inclinado a aumentar las penas en semilibertad. El traspaso es tan reciente como de junio pasado y aún las juntas de tratamiento no se han reunido tras el cambio, informa El Mundo.

En el vídeo filtrado se ve a Otegi confesar que, si no hubiera presos ya, se centrarían en exigir a Madrid mejoras sociales o un debate soberanista, pero no pueden “apretar” en ese terreno porque aún tienen esta “necesidad”. “Y ellos lo saben, es fundamental para nosotros”, añade.

¿Ha habido favores?

Tras las declaraciones desveladas de Otegi en Éibar, el PP atacó al Gobierno en el Congreso, afirmando que se cedía a los terroristas, mientras el Ejecutivo insistía en que “nunca” ha usado ni usará el terror de ETA como estrategia en el juego político. El revuelo generado por ese asunto llevó a Pedro Sánchez y a sus ministros a ponerse firmes. “Rotundamente no”, dijo el presidente a presuntas del popular Pablo Casado.

Luego, el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, garantizó que no se ofrecerá “ninguna contrapartida” relacionada con los presos a Bildu para negociar los Presupuestos. “La ley se ha aplicado, se aplica y se aplicará”, zanjó. Y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, reconoció que las palabras de Otegi “no ayudan” en ninguna negociación y que ella, con Bildu, sólo habla “de números”. Nunca, han insistido desde el PSOE en esta semana, se ha puesto sobre la mesa ninguna petición sobre presos en este tiempo de debate y negociación, por eso entienden que Otegi trata de justificarse ante su gente, sin más. Tienen claro que la política penitenciaria de un país no se puede condicionar por unas cuentas.

A día de hoy, el Ejecutivo de PSOE y Unidas Podemos no necesita los cinco escaños de Bildu para sacar adelante los Presupuestos de 2022, ya que está centrado en las negociaciones con ERC y PNV y, con ellos, sólo necesitaría dos votos más de los grupos pequeños, como Más País, Compromís, Nueva Canarias, Teruel Existe o el BNG.

Si comparamos con el caso irlandés y el IRA, el Sinn Féin sí arrancó en 1998 al primer ministro británico con quien firmó la paz, Tony Blair, la salida escalonada de sus 447 presos (116 con delitos de sangre a cuestas) y una amnistía secreta para los terroristas escapados, que se conoció hace apenas siete años. En España no hay nada parecido, no ha habido excarcelaciones por acuerdo con ETA.

Manifestación en Basauri pidiendo la liberación de etarras en diciembre de 2018.  (Photo: ANDER GILLENEA via Getty Images)
Manifestación en Basauri pidiendo la liberación de etarras en diciembre de 2018. (Photo: ANDER GILLENEA via Getty Images)

Sí ha habido acercamiento de presos, en todos los tiempos, con Bildu y antes de Bildu, con todos los Gobiernos, obra del PP y del PSOE. Se ha acelerado el proceso de traslado a cárceles del País Vasco o próximas en los últimos años y, desde verano, no queda ninguno más al sur de Madrid. La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), citando datos suministrados por el Ministerio del Interior, sostiene que han sido trasladados 270 etarras desde que Marlaska está en Interior, desde junio de 2018. De los 185 aún encerrados, 104 tienen pedido formalmente su traslado al País Vasco y 66 ya están allí.

Una política similar se ha llevado a cabo en Francia, cuyas cárceles guardan a 32 terroristas y los acercamientos han hecho que el 72% de ellos esté ya en centros a dos horas máximo de la frontera con Euskadi.

Desde 2011 hasta ahora, 373 etarras han recuperado su libertad por cumplimiento de penas o por decisión de los jueces, o sea, las vías legales en España. Eso no cambia, se ha aplicado la política penitenciaria, sin favores, como insiste el exjuez de la Audiencia Nacional Grande-Marlaska.

Dos bocas que alimentar

Otegi el etarra, Otegi el negociador, Otegi el de las bienvenidas a presos y el parlamentario calmado. Su figura poliédrica, polémica y cambiante, ha encarnado esta semana a las claras la situación actual de la izquierda abertzale y del independentismo vasco, la suma de tensiones entre quienes quieren romper por completo con el pasado criminal, los que aún se niegan a abandonar aquella supuesta lucha y sus nada supuestos métodos, y los que están en el término medio de los gestos sin hondura.

El líder nacionalista habla ahora de los parlamentos como lugares “para defender los intereses de la gente”, más que de pelea contra el estado “opresor” o “invasor”, y ha relegado su discurso de referéndum de independencia, anteponiendo las políticas sociales, las feministas, las ecologistas... En el Congreso se han escuchado discursos de líderes renovados, sin ligazón con los tiempos de ETA, que firmarían más de un partido de izquierdas, pero otra cosa es la Cámara vasca. Dos almas, de nuevo. Allá es donde Bildu impide que se condene la “sinrazón y la injusticia que supuso la actividad terrorista de ETA” o donde su portavoz, Julen Arzuaga, llama “nazis” o “lobby infecto y asqueroso” a los portavoces de sindicatos policiales.

Toca alimentar a las dos cabezas de Bildu y eso es lo que hace Otegi, tratar de contentar a unos y a otros, generando al final una suma amorfa, fruto de una transición que no acaba y que las víctimas y el Gobierno entienden demasiado lenta. Pasados diez años sin muertes ni secuestros ni extorsiones, podría decirse que el equilibrio entre las dos sensibilidades se inclina hacia los pragmáticos o los convencidos de que la etapa es otra, pero los nostálgicos pesan y necesitan gestos como el del discurso sobre los presos.

Son los que siguen apoyando ongi etorris de etarras liberados o los que no condenan los ataques, que aún se dan, contra determinados dirigentes de otros partidos. Ya de la petición de perdón no hablamos, que sería negarlo todo, desdecirse de todo.

La pelea electoral de fondo

Otegi trató de enmendar sus palabras sobre los reclusos etarras en Radio Euskadi. Dijo literalmente: ”¿Alguien piensa de verdad que le decimos a Sánchez: o pones en libertad a los presos o no te apruebo los Presupuestos?”. Sostuvo que todo el revuelo es una operación “de la derechona”, en la que incluye a PP y Vox, para tumbar al Gobierno de coalición PSOE-UP. Los “derechos” de sus presos siempre serán su caballo de batalla, defiende, pero las negociaciones no se hacen así ni pretende, afirma, tumbar al Ejecutivo actual. “Nosotros no tenemos ninguna intención de que gane la derecha en España; ahora bien esto tampoco es un cheque en blanco” al Ejecutivo de Sánchez, dejó claro.

El cabeza visible de Bildu prefirió centrarse en destacar que la izquierda abertzale “ha realizado una aportación en la que construye puentes, no cava trincheras”, en alusión a su reconocimiento del dolor de las víctimas, y se enfadó muchísimo con el PNV por poner en tela de juicio la sinceridad de sus palabras. A algunos sectores peneuvistas los ve “enfadados y nerviosos” tras su movimiento y por eso sacan “el sincerómetro”, denuncia.

Ahí viene la otra pata de esta polémica: la electoral. Euskadi celebró elecciones el año pasado y Bildu se colocó como segunda fuerza, con 21 escaños y 27,86% de los votos, sólo por detrás del PNV, con 31 escaños y el 39,07% de los sufragios. Los peneuvistas gobiernan con el PSOE pero las encuestas apuntan a que un tripartido PSOE-Bildu-Podemos podría tener posibilidades de mandar en tres años. Los ataques entre unos y otros son furibundos y este episodio servía, de nuevo, para atizarse: el PNV cargó con más dureza que el Gobierno central contra la tibieza de Otegi en su arrepentimiento y ahora, con los presos, sigue haciendo sangre, exponiendo sus contradicciones.

De fondo suena una expresión que repite con insistencia el PNV: “Kalean uso, etxean otso”, o lo que es lo mismo, “paloma en la calle, lobo en casa”, la calle entendida como Madrid y la casa, como Vitoria. Urkullu resume así los comportamientos diversos de Bildu en un escenario y en otro. Como los de Otegi de esta semana.

Dos caras, dos almas, dos sensibilidades.

Arnaldo Otegi, durante un acto electoral en Bilbao. (Photo: Vincent West via REUTERS)
Arnaldo Otegi, durante un acto electoral en Bilbao. (Photo: Vincent West via REUTERS)

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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