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La batalla de Ben Affleck contra sí mismo

·10 min de lectura
Photo credit: Stefania D'Alessandro - Getty Images
Photo credit: Stefania D'Alessandro - Getty Images

Si miramos solo los datos objetivos, Ben Affleck ha triunfado en la vida.

Con una carrera en Hollywood de más de 30 años a sus espaldas tiene en su currículum cerca de un centenar de créditos como actor, cinco como guionista y cuatro como director; dos premios Oscar, dos BAFTA, un César, un premio del Sindicato de Directores, dos del de actores, uno del de productores y uno honorífico del de guionistas, dos Globos de Oro y una Copa Vulpi obtenida en el Festival de Venecia en 2006 por ‘Hollywoodland’. También tiene cuatro premios Razzie, señal inequívoca de que es alguien en la industria. Se acaba de casar con una mujer de la que se enamoró hace 20 años y mantiene una buena relación con su exmujer y madre de sus hijos. Su patrimonio está estimado en un valor de 150 millones de dólares.

Sin embargo, cuando pensamos en Ben Affleck nos da un poco de ternura, como si fuera un amigo un poco pardillo, algo problemático y sin mucha suerte, pero con buen fondo. Ya sea por los memes esporádicos que genera (Sadfleck, su cabezada boquiabierta en un barco en su luna de miel), por los escándalos que de vez en cuando protagoniza relacionados, entre otras cosas, con su confesado alcoholismo y sus supuestas infidelidades, o por esa expresión tristona e incómoda que suele tener: Ben Affleck es una de las últimas grandes estrellas de Hollywood más improbables, un hombre absolutamente normal con problemas de adicción y mentales que han sido relatados casi a tiempo real por la prensa rosa. Queremos a Ben Affleck a pesar de ser un hombre imperfecto y fallido, o quizá precisamente por eso.

Photo credit: Getty Images
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Affleck empezó a tomar malas decisiones a una edad muy temprana. A los 15 años se gastaba 200 dólares a la semana en pizza, cerveza y videojuegos. Cuando su madre se enteró pensó que el pequeño Ben era adicto al crack y le quiso internar en una clínica de rehabilitación, pero él la convenció para pasar tres semanas en un colegio para adolescentes problemáticos.

Un año después se hizo un carné falso para tatuarse un alambre de púas en el hombro derecho, pero cuando se arrepintió añadió unas rosas al dibujo. Entonces decidió que tampoco le gustaba y acabó convirtiéndolo en una mancha. Los tatuajes horteras (incluido uno gigante en la espalda de un fénix que resurge de sus cenizas) son parte de la imagen pública del actor y otro motivo de mofa por parte del público. “Siempre tienen demasiados colores. No deberían ser tan coloridos. Tendrían que molar más, no sé”, dijo Jennifer Lopez en una entrevista.

Tras pasar solo un semestre en la universidad tomó otra decisión cuestionable: se mudó a Los Ángeles para convertirse en actor. Esta idea, a pesar de lo que opinaba su madre por aquel entonces, fue buena. Aunque le costó encontrar su sitio y tuvo que aceptar pequeños papeles en varias películas (‘Private School’, ‘Movida del 76’, ‘Mallrats’, incluso un extra sin frase en ‘Buffy, la cazavampiros’, aquella película con potencial que Fox arruinó), en 1997 consiguió posicionarse como un actor a tener en cuenta gracias a dos películas.

Una fue la comedia indie ’Persiguiendo a Amy’ de Kevin Smith, con el que haría varias películas (‘Dogma’, el fracaso ‘Jersey Girl’) y desarrollaría una fuerte amistad. La otra, ‘El indomable Will Hunting’, tenía un guion escrito por el propio Affleck y su mejor amigo, Matt Damon, que al venderla a las productoras impusieron como condición ser ellos los protagonistas. La produjo Miramax, por entonces una filial de Disney, y la dirigió Gus Van Sant; la película recibió dos premios Oscar, uno de ellos para los jóvenes guionistas, pero el premio más importante para Ben Affleck es que Hollywood empezó a mirarlo más de cerca.

Después protagonizó varias superproducciones muy exitosas que le convirtieron en una estrella, como ‘Armageddon’ y ‘Pearl Harbor’. Pero, como sus tatuajes, eran de dudosa calidad. Damon le dijo a The Hollywood Reporter que había dos razones para que su amigo eligiera esas películas: por una parte, eran ofertas que un actor no podía rechazar; por otra, eran malos guiones que Affleck creía poder arreglar en el rodaje (se acabó dando cuenta de que esa tarea es la del director). Pero quizá hay guiones imposibles de arreglar, como los de ‘Daredevil’ y ‘Una relación peligrosa’, dos películas tan defenestradas por crítica y público que se han convertido en chistes en sí mismas.

Photo credit: Fox
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Sus problemas con la bebida

En su carrera profesional Affleck daba señales de un impulso autodestructivo que también reinaba en su vida personal. Ya en una entrevista en 1998 admitió que había tenido que dejar de beber. “Empecé a arrepentirme de algunas cosas que hacía cuando estaba borracho”, le dijo a USA Weekend. “Es gracioso ser ofensivo y perder el control, pero entonces empiezas: ‘Creo que he herido los sentimientos de esa persona’, ‘he hecho el ridículo’ o ‘no quería besar a esa chica’. Casi no tengo inhibiciones, así que es peligroso para mí”. Tres años después ingresó por primera vez en una clínica, y volvería a hacerlo dos veces más (hasta ahora), en 2017 y 2018.

“Me costó mucho tiempo admitir fundamentalmente, profundamente, sin un atisbo de duda, que soy un alcohólico”, le dijo al New York Times en 2020. Los problemas mentales y de adicción forman parte de su historial familiar: su padre Tim fue alcohólico hasta el punto de pasar unos años mendigando en las calles de Cambridge tras haberse separado de su esposa (después se recuperó y lleva décadas sobrio), dos de sus abuelos también lo eran, la madre de su padre era adicta al alcohol y a los barbitúricos y se suicidó a los 46 años, el hermano de su padre también era adicto y se quitó la vida de un disparo, su tía era heroinómana. Su hermano Casey Affleck, el actor ganador del Oscar por ‘Manchester frente al mar’, también lleva años sobrio tras pasar por los mismos problemas de adicción.

Cada vez son más los famosos que hablan públicamente de sus problemas de adicción, pero los de Ben Affleck los hemos presenciado a través de la prensa. Los paparazzi persiguen al actor allá donde va desde que su relación con Jennifer Lopez a principios de los 2000 le convirtió en un personaje que vendía revistas. Hace dos años TMZ publicó un vídeo en el que aparecía disfrazado, haciendo eses y con problemas para mantenerse en pie. También capturaron el momento en el que su exmujer Jennifer Garner le llevaba en coche a una clínica de rehabilitación. El alcoholismo de Affleck es tan conocido que ET Online llegó a publicar una “línea temporal de la lucha del actor y su camino a la recuperación”.

Photo credit: Agencias
Photo credit: Agencias

Si quería mantener sus problemas en la intimidad, no ha tenido la opción. “Recaer es vergonzoso, obviamente. Ojalá no hubiera pasado. Y sobre todo ojalá no estuviera en Internet y no pudieran verlo mis hijos”, se lamentó en el New York Times. Por otra parte, las circunstancias le han obligado a ser completamente honesto en las entrevistas, hasta el punto de que a veces resulta un poco incómodo verle hablar de sí mismo con tanta transparencia. “Bebí con relativa normalidad durante mucho tiempo. Lo que pasó es que empecé a beber más y más cuando mi matrimonio se estaba desmoronando. Esto fue en 2015 y 2016. Y como bebía, claro, se creaban más problemas maritales”. Otras veces, al hablar de sus personajes, es obvio que está proyectando en ellos sus propios problemas. En 2016 decía esto de su Batman: “Está viviendo en una zona gris. Está más roto, es menos habilidoso. Está llenando un agujero que tiene en el alma con unas excursiones nocturnas cada vez más cuestionables en lo moral. La pregunta es, ¿es sano lo que hace?”.

Su divorcio de Jennifer Garner rodeado de escándalos

El matrimonio con Jennifer Garner, a la que conoció en ‘Daredevil’ (algo bueno tenía que salir de ahí), duró 10 años, 13 si contamos hasta la formalización del divorcio, y dio como fruto tres hijos. Esa ruptura, según Affleck el mayor arrepentimiento de su vida, volvió a dar titulares en la prensa rosa por las supuestas infidelidades del actor, una de ellas con la niñera. En los Globos de Oro de 2016, Ricky Gervais presentó a Matt Damon como “la única persona a la que Ben Affleck no le ha sido infiel”.

Photo credit: Fox
Photo credit: Fox

Pero Garner no solo ha mantenido la amistad con su exmarido, sino que le ha defendido públicamente. “Las personas tienen dolor: hacen cosas lamentables, sienten culpa, y la culpa trae dolor”, dijo en Vanity Fair. “Nadie tiene que odiarle por mí. Yo no le odio. Y sin duda no tenemos que apalearle”.

Lo que nunca se ha puesto en duda es que Affleck es un buen padre: la expareja mantiene un acuerdo de custodia compartida y él está muy presente en las vidas de sus hijos. “Deberías ver sus caras cuando entra por la puerta. Y si ves a tus hijos amar a alguien tan puramente y tan enteramente, quieres ser amiga de esa persona”, explicaba Garner.

Una estrella imperfecta a la que nos encanta perdonar

Ben Affleck está lejos de ser perfecto. De hecho es profundamente imperfecto. Cuando el programa de la televisión pública ‘Finding Your Roots’, que explora los árboles genealógicos de las celebridades, descubrió que tenía un antepasado esclavista, Affleck consiguió que lo omitieran en la emisión. Cuando el caso salió a la luz entre los e-mails de Sony que hackeó WikiLeaks, levantó acusaciones de censura y causó una crisis de credibilidad e imagen en el prestigioso programa.

Cuando las acusaciones de abusos sexuales contra Harvey Weinstein salieron a la luz, Affleck no tardó en posicionarse en contra del productor, con el que había trabajado en numerosas películas, y anunció que donaría todo el dinero que ganara con las reposiciones de sus producciones. Entonces Rose McGowan le llamó mentiroso, alegando que una vez le contó que Weinstein le había hecho y no actuó al respecto. Además resurgieron unas imágenes de un programa de la MTV de 2003 en el que Affleck había tocado un pecho a una entrevistadora; y dos periodistas más le acusaron de lo mismo.

Pero por alguna razón siempre se gana nuestro perdón. Igual que aquellos que crearon peticiones para que no interpretara a Batman acabaron defendiendo su interpretación y creando el movimiento #BatfleckForever (se ha sugerido con fuerza que Affleck hará un cameo como el Caballero Oscuro en la secuela de ‘Aquaman’), el público sigue viéndole con buenos ojos, especialmente ahora que parece estar protagonizando el final de cuento de hadas de una preciosa historia de amor.

Photo credit: Rich Fury - Getty Images
Photo credit: Rich Fury - Getty Images

Ben Affleck y Jennifer Lopez (o Bennifer) retomaron su relación casi dos décadas después de romper en 2004. En 2021 los mismos paparazzi que habían sido la supuesta razón de que su boda no se llevara a cabo les cazaron volviendo a verse, y en 2022 la pareja se casó en una ceremonia sorpresa en Las Vegas. Después, como las dos personas totalmente normales que son, pasaron una luna de miel en París.

Los fotógrafos, que persiguen a Ben Affleck porque saben que en algún momento les va a dar algo que publicar, cazaron dos momentos icónicos del actor: llorando en un restaurante y siendo consolado por su esposa, y echándose una siesta en un barco, con la boca abierta y en una postura muy incómoda y algo patética. Incluso en el momento más feliz de su vida, Ben Affleck da un poquito de pena. Quizá le queremos por eso. O quizá porque sabemos que tiene que ser una buena persona: al fin y al cabo, si las Jennifer, las dos mujeres de su vida, le siguen queriendo después de todos estos años, es que algo hace bien.

Ahora mismo es feliz. “Me siento genial. No soy perfecto. No lo hago todo bien”, le dijo hace poco al Los Angeles Times. “Pero me levanto y me siento bien por las decisiones que tomé ayer, y si no, hago algo al respecto”. O como le dijo al Wall Street Journal: “Mi vida actual refleja no solo la persona que quiero ser, sino la persona que realmente siento que soy: que no es perfecta, pero es alguien que se esfuerza mucho y le preocupa mucho ser honesto, auténtico y responsable”.

La lucha de Ben Affleck, es obvio, es consigo mismo. Y, al menos en este momento, está ganando.