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Asesinato de Samuel Paty: un año después, alumnos y profesores cuentan sus historias

·12 min de lectura

Florence se derrumbó delante de sus alumnos. Justine había hablado de las caricaturas de Charlie Hebdo en clase el día anterior. Soraya, una profesora musulmana, se sintió atacada en la sala de profesores. Shaïma lamenta el silencio de sus profesores. Para France 24, alumnos y profesores aceptaron contarnos cómo los afectó el asesinato de Samuel Paty hace un año.

El 16 de octubre de 2020, el profesor de historia y geografía Samuel Paty, de 47 años, fue apuñalado y luego decapitado cerca de su escuela en Conflans-Sainte-Honorine. El autor del crimen fue Abdoullakh Anzorov, un refugiado ruso de origen checheno, que fue abatido por la policía tras el suceso. El joven de 18 años, que se había radicalizado, le recriminaba al profesor el haber mostrado caricaturas de Mahoma en clase como parte de una lección sobre la libertad de expresión.

El asesino se había enterado del contenido de esta clase a través de un video que Brahim Chnina, padre de una alumna, había publicado en Internet. La adolescente, que había sido expulsada por indisciplina, le había mentido a su padre: había dicho que había sido castigada por haberse manifestado en contra de la petición de Samuel Paty de que los alumnos musulmanes salieran del aula.

Un año después, France 24 le da la palabra a los profesores y a los alumnos, marcados por este ataque terrorista contra un profesor, pero también por las secuelas de este caso y su tratamiento en las instituciones educativas.

  • Florence*, profesora de historia y geografía de secundaria: "Muchos de nosotros nos derrumbamos delante de los alumnos".

Cuando Samuel Paty fue asesinado, Florence estaba sentada en la terraza de un café en París, donde había ido para asistir a una conferencia. Ese día, la víspera de las vacaciones de Todos los Santos, la treintañera no trabajaba. "Cuando me enteré de lo ocurrido, decidí voluntariamente no leer los periódicos porque me afectó profundamente. Literalmente, pensé que iba a colapsar”.

"Tomé el tren para volver a casa", continúa. "En París, antiguos colegas me decían que iban a protestar con los profesores, que se congregaron dos días después de la muerte de Samuel Paty en la plaza de la República. Me hubiera gustado ser parisina, me hubiera hecho bien compartir este momento con ellos”.

En cambio, en medio de las vacaciones escolares, Florence estuvo sola durante quince días, sin poder hablar con sus colegas. "Me quedé con la duda, con directrices muy fluctuantes de mi jerarquía. Me preguntaba cómo íbamos a afrontarlo cuando empezara el nuevo año escolar, si iba a haber un tiempo de recogimiento", comenta esta profesora de historia y geografía de una secundaria de la academia de Nantes.

Cuando el Ministerio de Educación anunció que se guardaría un minuto de silencio al inicio del año escolar, incluso en las escuelas primarias, esta madre pensó inmediatamente en sus dos hijos, de 7 y 8 años, a los que quería proteger. "Un profesor de historia y geografía, como su madre, fue asesinado en condiciones atroces", recuerda.

"La violencia de lo ocurrido me impactó profundamente. Eso se oye en Irak o en Siria, pero no en Francia. Cortarle la cabeza a alguien con un cuchillo de carnicero es horrible". Florence, que apaga la radio y la televisión como de costumbre cuando sus hijos están presentes, prefiere explicarles lo sucedido con sus propias palabras, "antes de que lleguen al patio del colegio al inicio del año escolar y les caiga encima". "También les escribí a sus profesoras para prevenirlas y fueron increíbles. Recuerdo que la profesora de primer grado de mi hijo me llamó enseguida durante las vacaciones para tranquilizarme por teléfono”.

Entonces llega el inicio del nuevo año escolar con su cuota de incertidumbres ligadas al contexto sanitario de la época. En octubre de 2020, Francia vivió un pico de muertes relacionadas con la pandemia del Covid-19 y el protocolo sanitario de las instituciones educativas no permitió la posibilidad de reunir a todos los alumnos para un momento de recogimiento. En la secundaria de Florence, la dirección le pidió a cada profesor que organizara un minuto de silencio en su aula a las 11 de la mañana. "Muchos de nosotros nos derrumbamos delante de los estudiantes. No logré leer la carta de Jean Jaurès a los profesores en su totalidad. Me puse a llorar. Uno de mis estudiantes de último año se levantó, y leyó el texto por mí, hasta el final, sin que yo se lo pidiera”.

En ese momento, la profesora se sentía incapaz de hacer más, o de dar una hora de clase. "Todavía sentía muchas emociones y no podía distanciarme de la situación. Enviaron un grupo de adultos que estaban completamente traumatizados por lo que había sucedido a ocuparse de los alumnos, sin ni siquiera pensar que había que ocuparse de los profesores primero, antes que de los alumnos”. Decepcionada, Florence esperaba que sus superiores organizaran una hora durante la cual los profesores hubieran podido incluso intercambiar ideas entre ellos, para "digerir la noticia". "Tenía la sensación de que la gente no se daba cuenta de la magnitud de las cosas", añade.

La profesora de historia y geografía ya les había mostrado las caricaturas de Charlie Hebdo a sus alumnos, "en el momento de los atentados de Charlie [en enero de 2015], porque se les había pedido a los profesores de mi asignatura que explicáramos lo sucedido a los alumnos. Y todo salió bien", dice sin remordimientos. "Las caricaturas se utilizan todo el tiempo en historia y geografía. El documento no es sólo una imagen que se pega para validar un punto. Es un objeto de estudio que aprendemos a diseccionar, comprender y criticar. Si nos censuramos, eso es todo, ya no tiene sentido ser profesor”.

Aún hoy, la profesora dice estar "marcada" y lamenta que el Ministerio de Educación haya anunciado los homenajes en las aulas a Samuel Paty "a última hora", "sin preparación", porque para ella "una conmemoración adecuada es fundamental". "Emocionalmente no lo he digerido y la forma en que están sucediendo las cosas vuelve a plantear dudas sobre la institución para la que trabajo", concluye.

  • Soraya*, maestra de escuela: "Llevé dos tristezas, una como maestra y otra como musulmana”

"Me enteré cuando llegué a casa del trabajo. Encendí la televisión y me puse a llorar. Mis hijos no entendían muy bien por qué estaba en ese estado mientras veía las noticias. Recuerdo que les explicaba lo que estaba ocurriendo y les decía 'podría haberme pasado a mí'", cuenta Soraya, madre de tres hijos y profesora desde hace diez años en la academia de Créteil.

Dijo que nunca se había dado cuenta de que trabajaba en "una profesión de riesgo". "Como profesor, se tiene la sensación de que cuando se viene a trabajar se transmiten conocimientos y se desea sinceramente iluminar a los niños, pero uno no piensa que se arriesga a perder la vida”. Soraya no tardó en sentir la necesidad de hablar de este tema, sobre todo porque vivió el asesinato de Samuel Paty como una "doble tristeza". "Sentí que cargaba con dos tristezas, una como profesora y otra como musulmana. Me sentí traicionada por quien se atrevió a cometer este horrible acto en nombre del islam y que además atacó a un profesor”.

Cuando regresó de las vacaciones escolares al jardín infantil donde trabaja, hubo muchos debates en la sala de profesores. Estos dieron lugar a acalorados intercambios sobre religión con una colega a la que Soraya tenía en gran estima. "Descubrí que ella tenía un concepto completamente equivocad. Recuerdo que le expliqué que los musulmanes no apoyaban eso, que un verdadero musulmán no haría eso", recuerda la profesora. Los debates también se centraron en el famoso correo electrónico del Ministerio de Educación francés, recibido por la directora del jardín infantil, en el que se les pedía que informaran de cualquier declaración ambigua sobre el laicismo realizada por los alumnos en clase.

"Es importante hablar de eso con nuestros alumnos, tienen que discutirlo, porque no sabemos cómo lo vivieron en casa. Pero traicionarlos iniciando un debate y anotando cualquier discrepancia en una hoja me enfurece. ¿El profesor que está enfrente de ellos es lo suficientemente ilustrado como para descifrar las señales [de radicalización]? No estoy segura. No estamos formados en absoluto para esto, así que no se nos debería pedir que lo hagamos", dice Soraya.

  • Shaïma, ex estudiante de secundaria de Seine-Saint-Denis: "Pensé en Samuel Paty un mes después porque un estudiante fue apuñalado en la pierna"

"No recuerdo el día en que murió Samuel Paty", admite Shaïma, que estudiaba el último curso de STMG (ciencia y tecnología de la gestión y la administración) en una secundaria de Seine-Saint-Denis. Lo que más recuerda esta joven de 18 años es la "vergüenza" de su profesor de historia cuando se aborda el tema en clase.

"Tenía la impresión de que no se atrevía a hablar del tema y que se refugiaba en el minuto de silencio. Estaba afectado y se le notaba. Queríamos hablar, hicimos muchas preguntas. Quería saber su opinión, saber si habría mostrado estos dibujos en clase y si era normal que los padres se implicaran, grabaran y publicaran videos en las redes sociales. Necesitaba tener varias opiniones para tranquilizarme y no trivializar el tema", dice Shaïma. "Me contestó que no quería tocar el tema, que no estaba en una buena posición para hacerlo, que él también era profesor de historia y que como profesor de esta asignatura no le habría molestado mostrar las caricaturas como parte de una clase”.

Mirando hacia atrás, la exalumna se pregunta si su profesor no se habrá decepcionado por la intervención de una de sus compañeras. "En la clase todo el mundo era empático. No había ningún acto que justificara lo que le había pasado a Samuel Paty. Pero una alumna dijo de él: ‘No debería haber mostrado las caricaturas’. Todos le caímos encima, se disculpó e incluso lloró porque estaba avergonzada de lo que acababa de decir. Creo que fue una provocación. Durante todo el intercambio, el profesor no intervino”, dice Shaïma. Decepcionada, dice que trató de abordar el tema con otros profesores durante el año escolar, pero ninguno le dio respuesta.

La estudiante lamenta la falta de comunicación que hubo con los adultos en su institución educativa, pero también la falta de seguridad. "Tengo que decir que pensé en lo que le pasó a Samuel Paty un mes después porque un alumno fue apuñalado en la pierna", dice. Su escuela está en un municipio de Seine-Saint-Denis que es objeto de violentos ajustes de cuentas entre bandas rivales.

En noviembre de 2020, un grupo de jóvenes irrumpió en la institución de educación superior armados con machetes y cuchillos para atacar a un estudiante de un clan contrario. "No sabíamos lo que estaba pasando en ese momento, estábamos en clase y hubo una alarma de intrusión. Estábamos encerrados en las aulas y teníamos mucho miedo. Los profesores también estaban asustados, se oían gritos en el pasillo. Cuando salimos, vimos manchas de sangre aquí y allá".

Durante los días siguientes, Shaïma no fue a la escuela. "Estuve muy nerviosa hasta que la secundaria puso guardias en la entrada para revisar y registrar las maletas. Me hizo sentir mejor, pero sólo duró diez días. Obviamente, eso me hizo volver a pensar en Samuel Paty”.

  • Justine, profesora de arte en una escuela secundaria de Seine-Saint-Denis: “Había hablado de las caricaturas de Charlie Hebdo el día anterior”

Como profesora de historia del arte, Justine toca regularmente el tema de las caricaturas satíricas. "Acababa de hablar de las caricaturas de Charlie Hebdo sobre el islam y otras religiones el día antes de que asesinaran a Samuel Paty", recuerda. "La clase trataba sobre el arte bizantino y el antropomorfismo en las religiones monoteístas y, como suele ocurrir, mis alumnos hicieron la conexión e hicieron preguntas sobre las caricaturas". La clase transcurrió bien, como suele ocurrir, cuenta.

Cercana a sus alumnos, Justine se siente lo suficientemente cómoda como para abordar todos los temas sin tabúes con estos adolescentes con sed de conocimiento. El "Origen del Mundo" de Courbet, el antisemitismo o las noticias falsas. "Los conozco bien. El punto está en prevenirlos y prepararlos, explicar y dar sentido". Excepto que esta vez, la profesora siguió pensando en esto durante los quince días de vacaciones que siguieron. "Estaba impactada, como muchos profesores. Un colega acababa de perder la vida por mostrar estos mismos dibujos.

Para Justine, más allá de la cuestión de la libertad de expresión y el laicismo, el asesinato de Samuel Paty revela lo peligrosos que pueden ser los comentarios en las redes sociales. De hecho, el nombre del profesor y la dirección de la escuela en la que era profesor de historia y geografía en Conflans-Sainte-Honorine circularon por las redes sociales, con peticiones de renuncia en los días previos a su asesinato. "Mis alumnos, y la mayoría de los jóvenes de su edad, pasan una cantidad increíble de tiempo en las redes, inmersos en un mundo que los adultos no entienden. Lo hablamos en clase siempre que tenemos ocasión", explica la profesora, para quien este tiempo de intercambio es más que necesario.

En su establecimiento en Seine-Saint-Denis, el minuto de silencio tras la muerte de Samuel Paty el año pasado se guardó con el máximo respeto. El director leyó por el micrófono la carta de Jean Jaurès, que fue transmitida por los altavoces de toda la secundaria. "Las cosas están mejorando. Paradójicamente, los atentados de 2015 pasaron y ahora ningún joven aprueba los atentados en nombre de la religión", afirma. "Tuve que trabajar durante semanas después de los atentados de Charlie con un chico que decía 'Vale, no deberían haberlos matado, pero caricaturizaron al profeta.' Trabajé durante semanas en ese 'pero'. Y finalmente lo entendió".

A los que se indignaron por las instrucciones del Ministerio de Educación, pidiéndoles que denunciaran cualquier "incidente" durante estos momentos de intercambio o recogimiento en honor a Samuel Paty, Justine les respondió que "en algún momento hay que poner límites". "Cada uno hace lo que quiere, la religión es personal, no hay problema, pero la ley es la misma para todos. La escuela pública es laica y sus valores, como la libertad de expresión, son los de la República Francesa. A los alumnos a los que no les guste son libres de irse a colegios privados", afirma. Un poco severa.

*Los nombres fueron modificados

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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