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Artículos de la infancia de los ahora padres convertidos en piezas de coleccionista

La nostalgia es un sentimiento recurrente que impregna muchas facetas de la vida de quienes se hacen adultos, llegan a cierta edad y recuerdan, con ese halo que glorifica tiempos pasados, aquellas historias de cuando eran niños, aquellos juegos, juguetes y artículos relacionados con una época sin responsabilidades. El cine y las series, por ejemplo, apelan continuamente a ella para enganchar. Stranger Things, que va ya por su tercera temporada y el regreso a los cines de La Princesa Prometida son una muestra significativa de ello. Sin embargo, no solo afecta a lo audiovisual. Los juguetes, por ejemplo, son un gran reclamo comercial a la hora de despertar la nostalgia y los ochenta tiran muy fuerte.

Las Barriguitas de antes no tienen nada que ver con las de ahora ni en apariencia ni en precio. Las clásicas se venden a más del doble del precio de las actuales. (Foto: Yahoo Noticias)

Es cierto que los noventa vienen pisando fuerte, pero por ahora la década que más mueve y conmueve es la de Regreso al futuro. Se trata de una cuestión de tiempos. Quienes nacieron en los ochenta se mueven en la treintena y a esa edad, pese a que cada vez se retrasa más por la coyuntura social y económica actual, ya se suele ser padre o madre. Y algo que ocurre con frecuencia es que los progenitores de hoy en día quieran rememorar de cierta manera su infancia a través de sus hijos. Para ello los juguetes funcionan mejor que montarse en un DeLorean.

No se trata de un fenómeno nuevo ni mucho menos. Quienes eran niños entre 1980 y 1990 seguro que fueron tentados por sus padres para echar alguna que otra partida a la tabas o a los chinos. Lo que ocurre es que la nostalgia de hoy es mucho menos económica. Recuperar aquellos juguetes -si los ahora abuelos no son de los que lo guardan todo- no siempre es sencillo y muchas veces es caro.

Un buen ejemplo en este sentido son las Barriguitas, esos bebés de unos pocos centímetros con ojos inmóviles y que se podían llevar a cualquier parte gracias a su tamaño. No eran tan ‘achuchables’ como los Nenucos, pero tenían su encanto y ternura. Las de ahora no tienen nada que ver con aquellas muñecas. Les han puesto pelos de colores más o menos chillones, ojos desproporcionados y vestidos llamativos. Sin embargo, las antiguas, conocidas a días de hoy como clásicas, aún se comercializan. El precio, prohibitivo, de coleccionista. Si por una Barriguita actual se pagan alrededor de 10 euros, la de toda la vida sale a más de 20 euros la unidad. Salvo que se pillen colecciones de esas vintage que a veces se lanzan en kioscos y estancos.

Lo mismo ha ocurrido con los Pinypon. Nada que ver aquellos con estos. Además, en este caso hacerse con algunos de los antiguos por la vía comercial resulta una tarea titánica. No se venden en jugueterías ni grandes cadenas. Así que para conseguirlo solo queda el mercado de segunda mano en el que pueden pasar dos cosas, que quien los tiene solo piense en quitárselos de encima sacándose algún euro o que el propietario sea consciente de lo que puede llegar a pagar alguien movido por la nostalgia.

El Furby era más de los noventa que de los ochenta, pero lo suyo sí que es desorbitado. En su día ya resultaba un muñeco un tanto inquietante y aún así despertaba pasiones. Se sigue vendiendo, pero por los originales la gente está dispuesta a pagar cientos de euros. Uno de 1998 se llegó a vender por 700 dólares a través de eBay.

Otro juguete que garantizaba horas de entretenimiento y, además, velocidad, es el clásico Scalextrix. Ya en su día no era de los juguetes más económicos que encargarles a Sus Majestades los Reyes, pero es que hoy son casi de lujo. Uno de la marca, con un recorrido medianamente decente que no se cubra en ‘cero coma’ es difícil que baje de los 100 euros.

La suela era azul, las sujeciones amarillas y las ruedas naranjas. Eran los patines Fisher Price de los niños de los ochenta y causaban sensación. Se siguen fabricando modelos en la misma línea, pero actualizados. Mas modernos y decorados, por ejemplo, con motivos de la Patrulla Canina o los Minions. Pero aquellos con los que aprendieron los padres de hoy a moverse sobre ruedas antes de dar el salto a los patines en línea pueden alcanzar precios superiores a los 100 euros siendo de segunda mano.

Mención aparte merece el tema tecnológico. ¿Qué sentido tiene querer comprarse ahora un Walkman? Bueno, pues hay gente a la que le llama la atención aquel antiguo aparato que permitía llevarse las cintas de casete a todas partes. El taquillazo de Guardianes de la Galaxia y la afición de Star Lord (Chris Pratt) por escuchar música a la antigua usanza ha tenido algo que ver. Encontrar uno puede ser más o menos sencillo y hasta económico según el caso. El problema está en dar con las cintas.

Aún así, por raro que parezca, hay quien aún las compra y algunos artistas sacan sus discos en este formato. En 2018, según Xataka, se vendieron un 128% más que en 2017. En cuanto al Top Ventas, como cabía esperar, el recopilatorio de Guardianes de la Galaxia lleva en cabeza varios años. Las consolas antiguas y originales también se pagan a precios desorbitados. En Ideal, por ejemplo, recogen los ejemplos de una Game Boy por 900 dólares y una Sega Genesis por 2.000 euros.

Hacerse con una de las cartillas para aprender a leer de Micho solo se puede a través del mercado de segunda mano, pero hay una edición renovada muy similar. (Foto: Yahoo Noticias)

Los juguetes son las estrellas en este sentido, lo que más se reclama, pero hay otros artículos que cotizan al alza. Por ejemplo, ¿alguien ha probado a hacerse con una cartilla de lectura Micho? La roja y la verde. La 1 y la 2. Las clásicas son casi imposibles de localizar, pero hay unas nuevas versiones más fáciles y no muy caras. Por menos de 15 euros cada una los padres pueden fantasear con la idea de que sus hijos aprendan a leer con los mismos materiales que ellos. Lástima que algunos colegios hayan cambiado el sistema de aprendizaje de toda la vida por el llamado fonológico. Es decir, nada de la ‘efe’ con ‘a’, fa. Ahora se dice ‘fffffffaaaaa’.

Y, por último, las zapatillas Victoria. Su evolución puede llegar a resultar incomprensible para quienes las usaron y sufrieron de niños. Eran típicas en verano. De loneta, solían costar unas 500 pesetas (3 euros). Ahora el modelo estándar se vende por unos 24 euros. El coste de la vida ha aumentado en 30 años, obvio. Pero lo que resulta difícil de comprender es que sigan teniendo tirón. Usarlas en épocas de calor era un suplicio. Quemaban los pies. Sí, tal cual. Su calidad era la que era y el calor traspasaba la suela llegando al pie.

Conclusión y moraleja que se saca de todo esto para los nuevos padres: no tires su casa de Mickey Mouse, sus muñecas (por horribles que te parezcan), sus Playmobil, ni sus tesoros de la patrulla canina. ¿Quién sabe lo que estarán dispuestos a pagar los padres de dentro de 30 años por ellos?