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Argelia: 60 años después de la independencia, la economía del país busca un futuro sostenible

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© Ryad Kramdi / AFP
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Bajo la dependencia de la renta del gas, Argelia sigue sufriendo de una economía muy poco diversificada. A pesar de la voluntad política declarada de lanzar grandes reformas estructurales, algunos economistas temen que la subida actual de los precios de los hidrocarburos consolide al poder argelino en una forma de estancamiento.

Sesenta años después de su independencia, Argelia sigue sin controlar su destino económico. Al borde del abismo después de la caída de los precios de los hidrocarburos entre 2014 y 2021, las arcas del Estado están nuevamente llenas gracias a la subida de los precios de la energía provocada por el conflicto en Ucrania.

En 2022, Argelia debería embolsarse 58.000 millones de dólares (unos 55.600 millones de euros) contra 34.000 millones el año pasado, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Los hidrocarburos siguen constituyendo alrededor del 95% de las exportaciones y contribuyen con más del 50% a los ingresos presupuestarios”, precisa el economista Alexandre Kateb, fundador de la firma The Multipolarity Report.

Sin embargo, Argelia, vulnerable a las conmociones externas, tiene dificultades para salir de esta dependencia extrema de los hidrocarburos cuando se acerca la transición energética en muchos países importadores.

Reformas pendientes

En septiembre de 2020, el jefe de Estado, Abdelmadjid Tebboune, abogó por "una gran reforma de los bancos, una gran reforma de la fiscalidad", prometiendo "una economía abierta al mundo", reseña el sitio 'Middle East Eye'.

Pero dos años más tarde, las grandes evoluciones estructurales tardan en concretarse y la economía argelina sufre los mismos males: una burocracia omnipresente, una fiscalidad aleatoria, una ausencia de estrategia industrial y un peso desmesurado del sector público.

El único avance importante que se puede atribuir al Gobierno para modernizar la economía del país es la flexibilización de las normas para invertir en su territorio. En particular, Argelia ha suprimido la regla de "51/49", que prohibía a los inversores extranjeros poseer más del 49% de las acciones de una empresa. Una señal de apertura destinada a favorecer el clima de los negocios cuando el país cuenta con dos o tres veces menos inversiones extranjeras que su vecino Marruecos.

"Un capital humano" infraexplotado

Sin embargo, Argelia dispone de ventajas considerables para diversificar sus fuentes de ingresos: un subsuelo rico y "un sector energético que podría apoyar una reindustrialización del país", explica Alexander Kateb. "Con un sol excepcional", Argelia tiene también una carta que jugar en "el desarrollo a gran escala de los proyectos de energías renovables".

El poder argelino cuenta también con el turismo para limitar su dependencia de los ingresos vinculados a las exportaciones de gas y petróleo. Pero una vez más, el sector está luchando por despegar y solo genera 300 millones de dólares (unos 288 millones de euros) al año, en comparación con más de 13.000 millones para Marruecos en 2019, por ejemplo. Consecuencia de la falta de infraestructuras, los elevados precios de los billetes de avión y la necesidad de obtener un visado para los viajeros extranjeros.

Argelia dispone también de un extraordinario "capital humano" ampliamente infraexplotado, según Alexander Kateb, "en particular una población joven que disfruta de un nivel de educación elevado en comparación con países que han alcanzado el mismo nivel de desarrollo".

Una opinión compartida por el economista Camille Sari, presidente del Instituto Euro-Magrebí de Estudios y Prospectivas, que deplora que en Argelia existe "un sistema de passe droit -una expresión francesa para decir que los políticos tienen plena autorización de hacer las cosas- y de pistones que no dan la oportunidad a los jóvenes graduados, sino que, por el contrario, permite que el sistema se reproduzca" e impide la aparición de una verdadera "meritocracia".

"Es también una de las consecuencias de la economía rentista. Este capital humano se encuentra marginado, ya que los sectores que podrían emplear a estos jóvenes están insuficientemente desarrollados. Podemos pensar en particular en el sector de las nuevas tecnologías", señala Alexander Kateb.

Según datos del Banco Mundial, el desempleo en los menores de 24 años en Argelia se acercó al 32% en 2021. Desde el mes de marzo, se concede una asignación de 13.000 dinares (unos 80 euros) a los jóvenes desempleados, así como una cobertura sanitaria.

Falta de "visión política"

Pero mientras que las arcas del Estado están de nuevo llenas gracias al alza de los precios de los hidrocarburos, algunos economistas se preocupan de que los acentos reformistas de Argel, la capital, caigan definitivamente en el olvido.

"Es sorprendente que el poder argelino, cualquiera que sea la coyuntura, no aproveche estos ingresos excepcionales para inyectar estos excedentes en la economía real", estima Camille Sari. "El problema es que no hay visión política", añade el economista, que denuncia la corrupción y el papel preponderante del Ejército en la economía argelina.

"Esta es la dificultad de una economía que, históricamente, ha sido administrada verticalmente. Cambiar esto requiere una verdadera revolución cultural", dice Kateb, que pide una reforma del sistema de gobernanza y la dinamización del sector privado.

Pero, según el primer ministro, Aïmene Benabderrahmane, Argelia va por buen camino. "Las exportaciones de hidrocarburos han alcanzado un nivel sin precedentes desde la independencia", dijo el jefe de Gobierno en una entrevista durante la elaboración de la ley de presupuestos de 2022.

En 2021, el país logró registrar la cifra de 4.000 millones de dólares (unos 3.800 millones de euros) de exportaciones no hidrocarburíferas y espera alcanzar los 7.000 millones de dólares (unos 6.620 millones de euros) en 2022, señala la revista semanal francesa ‘Courrier international’.

"La pelota está ahora en el campo de los dirigentes argelinos y de su capacidad de explotar este maná para invertirlo con buen criterio", asegura Alexander Kateb, "en lugar de utilizarlo para comprar la paz social y hacer perdurar el modelo de renta".

Este artículo fue adaptado de su original en francés

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