Alternativas a los planes de pensiones

Los seguros de ahorro y fondos de inversión ganan adeptos respecto a los planes de pensiones por aportar una mayor liquidez

El plan de pensiones era, hasta hace poco, el producto más popular para planificar bien una buena jubilación. Sus privilegios fiscales son su principal atractivo. No obstante, con la crisis, la necesidad de disponer del capital cuando un cliente lo desee le ha hecho perder puntos. Además, sus rentabilidades son, en muchos casos, decepcionantes. En los últimos cinco años, los planes de pensiones acumulan, de media, una pérdida del 0,81% anual, algo que numerosos inversores no son capaces de encajar. A diez años, la rentabilidad anual es exigua, del 1,01%, lo que no cubre ni siquiera la subida de la inflación en este periodo. En general, la mayoría de los ciudadanos se plantea la inversión en planes de pensiones con el objetivo de maximizar lo mejor posible su capital, nunca de perder. Por eso, dado que muchos de estos productos no garantizan rentabilidades y dejan la puerta abierta a sufrir depreciaciones del capital, ganan adeptos otras alternativas en las que invertir. A continuación, se muestran las posibilidades que brinda el mundo de los seguros y los fondos de inversión.

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Seguros de ahorro versus planes de pensiones

Los seguros de ahorro se erigen en la actualidad como un claro rival para los planes de pensiones. No en vano, el ahorro depositado en seguros de vida alcanza los 155.079 millones de euros, lo que contrasta con los 51.000 millones de euros invertidos en planes de pensiones, ambas cifras a cierre de marzo de 2012. En número de asegurados, mientras en planes de pensiones individuales hay 8,3 millones de partícipes, solo en seguros de ahorro para la jubilación se contabilizan más de 9,7 millones de usuarios, según datos de Unespa (Asociación Empresarial del Seguro).

En los años de crisis, sobre todo, los seguros de ahorro ven crecer tanto su patrimonio gestionado como su número de adeptos. ¿Por qué? Los inversores valoran, sobre todo, la liquidez de estos productos, ya que la mayoría de los seguros de ahorro permiten disponer del dinero cuando la persona lo requiera. También tienen en cuenta las mayores garantías del ahorro: muchos seguros presentan rentabilidades garantizadas.

En el mundo del seguro se localizan un sinfín de productos que pueden encajar con la filosofía de planificación del ahorro para la jubilación.

  1. Plan de Previsión Asegurado (PPA).

    Es un producto con la misma fiscalidad que el plan de pensiones. A los partícipes menores de 50 años les permite deducirse la menor de las dos cantidades siguientes: 10.000 euros anuales o el 30% de la suma de los rendimientos netos del trabajo y de actividades económicas percibidos individualmente en el ejercicio. A los mayores de 50 años les permite deducirse la menor de estas dos cuantías: 12.500 euros anuales o el 50% de la suma de los rendimientos netos del trabajo y de actividades económicas percibidos individualmente en el ejercicio.

    Su diferencia respecto a los planes de pensiones radica en que los PPA garantizan una rentabilidad mínima y la totalidad del capital invertido en inicio. El inversor nunca perderá dinero. Esta protección es muy bien valorada en los tiempos que corren. Su inconveniente, no obstante, es que, como ocurre con los planes de pensiones, solo se puede rescatar el ahorro en la jubilación o si se dan sucesos extraordinarios (como enfermedad de larga duración o en situaciones de desempleo sin prestación).

    Pese a su iliquidez, la preservación del capital es una ventaja que atrae a numerosos inversores. En los últimos 12 meses, el ahorro gestionado en PPA ha crecido un 32%, hasta alcanzar 9.162 millones de euros, según datos de Unespa. Hay 930.000 inversores con este producto.

  2. Plan Individual de Ahorro Sistemático (PIAS).

    Los planes individuales de ahorro sistemático son el gran ganador de los últimos años. Superan ya los 2.822 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 22% en los últimos 12 meses (a cierre de marzo de 2012). Hay 677.009 asegurados, según las últimas cifras de Unespa. Entre las ventajas del producto destaca su liquidez. El dinero invertido en este instrumento se puede recuperar en cualquier momento, de forma parcial y total. Por lo general, las aseguradoras solicitan una comisión por reembolso. Pero incluso para fomentar esta ventaja, algunas entidades permiten ya disponer del capital sin cobrar penalizaciones.

    Otro punto positivo del producto es su beneficiosa fiscalidad, sobre todo, si pasan más de 10 años desde su contratación. En este caso, el inversor disfruta de importantes exenciones para las ganancias generadas.

    Además, la gran mayoría de estos productos garantiza la recuperación del capital invertido más un interés mínimo que se sitúa en torno al 2% en la actualidad. Las grandes aseguradoras como Mapfre, Allianz o Caser cuentan con PIAS conservadores de este tipo. Sin embargo, la especialización del mercado ha movido a muchas otras entidades a ofrecer también PIAS de sesgo más agresivo, que no garantizan rentabilidad. Estos últimos no son adecuados para los inversores más conservadores.

  3. Seguros de jubilación.

    Además de los PPA y los PIAS, las aseguradoras comercializan un sinfín de seguros de jubilación creados de forma personalizada o a la carta, en los que el titular puede decidir el plazo de su inversión, la cantidad que desea invertir... Una de las características más admiradas de estos seguros clásicos de jubilación es, al igual que en los PIAS, su liquidez. Contar con los ahorros ante imprevistos que puedan suceder es posible si se suscribe una póliza de este tipo. En la mayoría de los casos, estos seguros ofrecen una rentabilidad mínima garantizada y preservan el capital al 100%.

    Dentro de este grupo, no obstante, hay que diferenciar los seguros de rentas vitalicias y los seguros vinculados a activos, en los que el riesgo lo asume el tomador. Estos últimos no pueden contemplarse como una alternativa al plan de pensiones, ya que solo están orientados a inversores de perfil de riesgo alto. Los seguros de rentas, en cambio, también son un claro rival del plan de pensiones.

    • Rentas vitalicias o temporales.

      Son una modalidad particular de seguros de jubilación. Permiten dosificar un gran ingreso a lo largo de un tiempo prefijado de antemano (rentas temporales) o durante toda la vida (rentas vitalicias). En la mayoría de los casos, estos seguros son de prima única, lo que implica que el cliente hace un ingreso al contratar el producto, que se distribuirá en forma de renta periódica (habitualmente mensual) o vitalicia. El cliente percibirá el capital dosificado más una rentabilidad garantizada.

      La fiscalidad de estos seguros también es ventajosa, ya que una parte importante de las rentas que se cobra cada mes no tributa, al considerarse devolución de capital. El porcentaje libre de tributación de las rentas mensuales obtenidas dependerá de la edad. Así, hasta 39 años, la retención aplicada sobre el total de la renta cobrada será del 8,4%; de 40 a 49 años, será del 7,35%; de 50 a 59 años, del 5,88%; de 60 a 65 años, del 5,04%; de 66 a 69 años, del 4,20% y a partir de 70 años solo se tributa por 1,68% de la renta total percibida.

      Este tipo de seguros también están al alza. A cierre de marzo, contaban con 2,8 millones de asegurados, un 3,57% más que en el mismo periodo del año anterior.

Fondos de inversión

El segmento de los fondos de inversión se presenta, en la actualidad, como una alternativa a la inversión en planes de pensiones por varios motivos: su mayor liquidez, especialización y flexibilidad.

La fiscalidad de los fondos de inversión no permite deducirse las aportaciones realizadas anualmente en la base imponible del contribuyente. Sin embargo, los fondos también permiten planificar el ahorro con vistas a largo plazo ya que, si el inversor no lo necesita, puede mantener su dinero mediante el traspaso de un fondo a otro, a su antojo, sin coste fiscal. La normativa actual acepta cambiar el capital de gestora y fondo de inversión sin tener que pagar a Hacienda. Solo se tributa cuando el inversor decide rescatar efectivamente su dinero.

La especialización es otra de las características de este segmento que no deja de crecer. En España, a cierre de marzo de este año, hay 204.000 millones de euros invertidos en fondos de inversión y más de seis millones de partícipes, según datos de Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones). Cada vez son más las gestoras que cuentan con expertos diversificados por todo el mundo, con lo que tienen un conocimiento más exhaustivo de lo que acontece en mercados lejanos, pero con mucho potencial. Esto puede ayudar a obtener elevadas rentabilidades.

No obstante, no hay que olvidar que rentabilidad y riesgo son dos conceptos que van de la mano. El mundo de los fondos de inversión permite acceder a jugosos rendimientos, pero a cambio de asumir fuertes riesgos. Únicamente los fondos garantizados protegen el capital invertido, siempre que el inversor se mantenga en el producto hasta su vencimiento. El resto no garantiza ni la recuperación del capital ni una rentabilidad adicional.

En estos momentos, los fondos más aconsejables para un inversor de perfil de riesgo bajo son:

  • los monetarios dinámicos.
  • los fondos de renta fija flexible a corto plazo.
  • los fondos de deuda corporativa o de deuda pública de alta calidad.

Es posible que las ganancias no sean muy altas, pero la capacidad de este tipo de fondos para preservar el capital sí lo es.

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