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Adiós a Almudena Grandes, la mujer que inspiró a la izquierda y fue azote de la derecha

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Almudena Grandes en Colonia (Alemania), en marzo de 2013. (Photo: picture alliance via picture alliance via Getty Image)
Almudena Grandes en Colonia (Alemania), en marzo de 2013. (Photo: picture alliance via picture alliance via Getty Image)

Almudena Grandes ha sido una de las mujeres más relevantes de la escena cultural de muestro país en los últimos años.

Pero además de su destacado papel en el mundo de las letras hispanas, la escritora madrileña ha sido inspiración ideológica y azote de la derecha política española, una reconocida activista por la libertad y la recuperación de la memoria histórica. Una comprometida lucha que realizaba desde sus novelas, pero también desde sus columnas en el diario El País,desde los micrófonos de Hoy por hoy, en la Cadena Ser, y desde sus intervenciones en La Sexta.

Coherente con sus palabra, sus actos siempre acompañaron ese compromiso: apoyó la continuidad de Alfonso Guerra como vicesecretario general del PSOE en 1997, la autoinculpación colectiva en el caso de eutanasia para el tetrapléjico Ramón Sánchez Sampedro en 1998 o el manifiesto por un gobierno de progreso entre PSOE y Podemos en 2019.

Comenzó a escribir en El País en 2003 y hace sólo unos días, el 22 de noviembre, publicaba la última de sus tribunas bajo el título Mujeres, dedicada a las líderes actuales de la derecha. “Las nuevas líderes de la derecha son juveniles, atractivas, brillantes y, sobre todo, malas. Caerán bien, caerán mal, pero suponen uno de los aspectos más interesantes de la política española actual”, comenzaba el artículo.

Su mirada crítica ante la situación política, sus reflexiones y reivindicaciones sobre la dictadura franquista y sus potentes alegatos en favor de la libertad no pasaban desapercibidos y han sido referente de movimientos políticos y sociales.

En plena crisis pandémica, fue una de las primeras en alzar la voz contra las políticas de Isabel Díaz Ayuso. “Cuando pase la crisis habrá que dar explicaciones, y muchas de las maniobras populistas de Ayuso acabarán estallándole en la cara, como un bumerán”, escribía en marzo de 2020.

Un año antes, Grandes se convirtió en el verdugo de políticos de derechas e izquierdas con el conflicto catalán, advirtiendo de los peligros que acechaban. “Lo que nos estamos jugando es que la extrema derecha resucite”, sentenciaba en La Ser. “La izquierda se equivoca al anteponer el sentimentalismo facilón de las banderas a su propia ideología en un panorama tan incierto que ya, lo de menos, es la independencia de Cataluña”.

Tampoco escaparon a sus críticas la Iglesia y la herencia histórica de privilegios con la que se mostró intransigente siempre. “La Iglesia obtiene beneficios de colegios, guarderías, residencias, hoteles, aparcamientos y otros servicios de su propiedad, sin contribuir en ningún momento al bienestar común, en un país constitucionalmente aconfesional, donde se calcula que sólo uno de cada diez católicos declarados practica su religión y los matrimonios canónicos apenas superan el veinte por ciento del total”, reflexionaba en una de sus intervenciones públicas.

Como feminista, Almudena Grandes ha sido una de las voces distinguidas del movimiento. Esto es lo que reivindicaba días antes de la última manifestación por el 8M: “Yo creo que el 8 de marzo de 2020 va a haberse impregnado inevitablemente del hecho de que haya vuelto el enemigo de forma contundente, la presencia de la ultraderecha en la vida pública española, el regreso de un machismo canonizado y glorificado por parte de una fuerza política, creo que tendrá influencia en el 8 de marzo. Yo espero que no ilegalicen la manifestación y que no nos manden a Ifema. Espero, pero no estoy muy segura”.

Indignada también se mostró cuando se conoció la sentencia de La Manada. “Parece que si no expones tu vida no te pueden considerar víctima”, declaraba en La Sexta considerándola una sentencia “deficiente” e “incomprensible”.

Luchadora incesante, activista de sangre, Almudena Grandes ha sido una de esas intelectuales que convirtió su compromiso por mejorar el día a día de los demás en su propio objetivo de vida. Ya fuera a través de las historias de sus personajes, ya fuera a través de sus discursos. Y siempre, aunque los aires fuesen difíciles, desde la alegría, haciendo suyos estos versos de Miguel Hernández que recitó durante el homenaje al escritor alicantino: “No existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es la alegría”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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