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Medio mundo, a la caza de “El Chapo” asiático

Un oficial de la policía de Myanmar sostiene en su pano un alijo de drogas antes de ser quemado. AFP

El FBI y las autoridades de varios países están a la caza de Tse Chi Lop, un canadiense nacido en China que lidera uno de los más grandes carteles de metanfetaminas en Asia y Oceanía. Gracias a su poder lo comparan con los jefes de los grandes carteles de las drogas en Latinoamérica como Pablo Escobar e incluso lo llaman “El Chapo” asiático.

Tse, de 55 años, es protegido por una guardia de “kickboxers” tailandeses, viaja en su avión privado y la policía asegura que una vez perdió 66 millones de dólares en una noche de apuestas en un casino de Macao.

Es el hombre más buscado de Asia y está sindicado de ser el principal líder de una vasta organización multinacional de tráfico de drogas formada por cinco grupos en Asia, de acuerdo con el FBI y varias organizaciones policiales de Asia y Oceanía que organizaron un grupo de trabajo multinacional para dar con su paradero.

“El Chapo” asiático tiene negocios ilícitos que le permiten recaudar hasta 17.000 millones de dólares al año, según algunas labores de inteligencia llevadas a cabo por las autoridades, en especial gracias a sus negocios con Meth, una poderosa metanfetamina que crea una fuerte dependencia psicológica y física, pero también con heroína y ketamina.

Su historia

Nació y creció en la sureña provincia china de Guangdong, donde había una empresa criminal llamada Pandilla del Gran Círculo a la que se unió. Después de algunos años comenzaron a expandirse hacia Hong Kong y otros lugares, por lo que se mudó a Canadá en 1988.

En los noventas viajaba entre América del Norte y el Sudeste asiático y llegó a ser un miembro de rango medio de una parte de la organización dedicada al tráfico de heroína en el Triángulo Dorado, una región en las fronteras entre China, Laos, Myanmar y Tailandia que históricamente ha sido conocida como la fábrica de opio.

En 1998 fue capturado en Hong Kong y extraditado para ser procesado por una corte de Nueva York bajo el cargo de introducir cocaína en Estados Unidos, y tras ser encontrado culpable, declaró su arrepentimiento y pidió clemencia por la situación familiar que enfrentaba con sus padres necesitados de atención y su hijo con problemas pulmonares. La petición funcionó y fue sentenciado a solo nueve años de prisión que cumplió en 2006.

El mismo tribunal federal del distrito de Nueva York que condenó a Tse a nueve años de prisión fue el que sentenció este año a “El Chapo” a cadena perpetua más 30 años de cárcel por el delito de narcotráfico.

Al salir de prisión, el asiático regresó a Canadá y aunque debía permanecer bajo vigilancia se perdió su rastro. Sin embargo, ha dejado huellas al interior de la organización criminal.

Una organización sofisticada

Funcionarios de agencias antinarcóticos confirmaron a la agencia Reuters que esa organización tiene bastante dinero, es disciplinada y en muchos casos más sofisticada que los cárteles latinoamericanos.

Sam Gor, como es llamada la organización por parte de las autoridades, tiene un mercado más grande y disperso, teniendo nexos con un gran número de grupos criminales que la hacen más diversa que los cárteles latinoamericanos.

Otra de las diferencias que han encontrado los organismos de inteligencia es que este grupo es mucho menos propenso a la violencia interna, la cual es un común denominador en los narcotraficantes latinos.

Investigadores aseguran que las operaciones y el alcance de esa organización ponen a Tse como uno de los líderes más poderosos del tráfico de drogas a nivel mundial, y lo ubican al lado de los legendarios capos del narcotráfico en Latinoamérica. “Tse Chi Lop está en las grandes ligas junto con El Chapo o tal vez Pablo Escobar”, aseguró a Reuters Jeremy Douglas, representante para el Asia y el Pacífico de la UNODC.

En contraste con las extravagancias, excentricidades y violencia del fallecido capo colombiano Pablo Escobar y el condenado Joaquín “El Chapo” Guzmán, Tse mantiene un bajo perfil.

Joaquin "El Chapo" Guzman es escoltado por soldados durante su presentación a los medios en la Ciudad de México en 2016. REUTERS

Esto se debe en parte a que es tanto el dinero que están obteniendo que dejaron de lado las rivalidades internas entre los grupos asiáticos y ahora todos trabajan codo a codo para beneficiarse de esas multimillonarias ganancias, explicó un funcionario antidrogas a Reuters. “Funcionan como una corporación global”, dice.

Sus miembros llaman a la organización como “La Compañía” y las autoridades aseguran que al parecer mudaron la producción de metanfetaminas desde las provincias del sur de China hacia el norte de Myanmar, donde el precio a por mayor de un kilo es de 1.800 dólares, comparados con los 298.000 en Australia y 588.000 en Japón, según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC).

La UNODC estima que las ganancias de “La Compañía” por el tráfico de metanfetaminas están por el orden de los 17.000 millones de dólares al año.

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