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Ángela Quintas: "No tiene sentido que si tienes estreñimiento la solución sea tomar un laxante"

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La experta en nutrición Ángela Quintas. (Photo: PLANETA)
La experta en nutrición Ángela Quintas. (Photo: PLANETA)

Cuenta Ángela Quintas que cada vez son más los pacientes que llegan desesperados a su clínica. Dolores de estómago, diarreas, gases, gastritis, nauseas o estreñimiento son algunos de los síntomas con los que se presentan ante la experta en nutrición con la esperanza de recuperar la salud intestinal y su calidad de vida.

“Muchos llegan con todo tipo de pruebas y analíticas hechas y sin diagnóstico. Aparentemente, no les pasa nada”, explica Quintas. Y de ahí, cuenta, la idea de su último libro, ¿Por qué me duele la tripa?:“Lee el libro e identifica el porqué de tu dolor de tripa”.

Estreñimiento, intolerancias alimentarias, sobrepeso, diverticulitis, helicobacter pylori o hernias de hiato suelen estar detrás de estas dolencias, pero hay otras como, la candidiasis, la histamina o la disbiosis grave, de más difícil diagnóstico, que pueden esconderse tras ese malestar. En el libro, además de abordar todas ellas y proponer la reparación digestiva para una recuperación completa, hay pautas alimentarias, menús específicos para las dolencias más frecuentes y más de treinta recetas sanas y fáciles con ingredientes de mercado al alcance de todos para lograr digestiones normales.

Ángela, parece que hacemos lo contrario, normalizamos el malestar digestivo y, a no ser que sea grave, damos por hecho, por ejemplo, la sensación de hinchazón tras la comida sin darle importancia. ¿Por qué?

Primero, porque no tenemos las herramientas para saber lo que está pasando. Muchas veces vamos al médico y le contamos nuestro dolor de tripa y, bueno, puede que te diga que es estrés y que te tomes un omeprazol —y el omeprazol es maravilloso si te toma cuando hay que tomarlo—. Cierto es que cada vez se hacen más pruebas, más colonoscopias, más gastroscopias, hacemos pruebas de intolerancias…

Pero mira, la idea del libro surgió porque yo me encontraba mucha gente que iba al médico y le diagnosticaban, por ejemplo, una intolerancia a la fructosa y le daban una lista con los alimentos que no podían comer. Entonces se encontraban perdidos: “¿Ahora qué como? ¿Me los quito del todo? ¿Los podré reintroducir después? ¿Cómo puedo llevar una alimentación saludable eliminando estos alimentos?”.

Primero vamos a identificar el problema, estudiar la sintomatología e intentar saber la causa, porque pueden ser mil cosas. Después, vamos a repasar la alimentación porque esa es la clave de todo: tu estómago y tu intestino funcionan con el alimento que le estamos introduciendo y si estamos comiendo mal, puede que sea una de las causas de tu dolor de tripa. Si además ya hemos detectado una patología concreta, vamos a poner una dieta, una manera concreta de comer para ayudarte con esa patología. Y si hay que añadir probióticos o prebióticos, lo haremos también.

Al final ha de ser un método global. No tiene sentido que si tienes estreñimiento, la solución sea tomar un laxante. No, primero, hay que saber el porqué de ese estreñimiento y la primera pregunta es: “¿Estoy comiendo de manera correcta, aportando la cantidad necesaria de fibra? ¿Estoy haciendo ejercicio?”.

No somos conscientes de que si no lo abordamos bien, solo estamos poniendo parches. Es que hay una cantidad de gente con diarreas, con gastritis, con gases… Es que lo de los gases es tremendo y hay pacientes que por la noche están hinchados como un globo. Se pasa mal y puede condicionar la vida. Hay gente que va al baño 5 o 6 veces al día, al que el teletrabajo le viene fenomenal, por ejemplo. Y sí, saben que es colon irritable, “¿pero alguien me puede ayudar con esto?”. Es fundamental identificar el problema y luego poner la solución.

Tenemos la ventaja de vivir en un país donde tenemos a nuestro alcance productos maravillosos y podemos comer muy bien

Intolerancias, alergias, hernias de hiato, diverticulitis… ¿Son enfermedades de este tiempo, producto de una forma de vida?

Bueno, se están viendo más incrementadas. Una de las primeras causas de la disbiosis, la alteración de la microbiota, es el estrés. La segunda, el sobrepeso. La tercera, el consumo de ciertos fármacos, como corticoides, antibióticos y antiinflamatorios. Y otra muy importante, el consumo de alimentos ultraprocesados. Mira, tenemos todas la papeletas para que nuestra microbiota se altere. ¡Tendremos que poner una solución a esto! Porque nosotros tenemos la ventaja de vivir en un país donde tenemos a nuestro alcance productos maravillosos y podemos comer muy bien.

En el libro, hablas frecuentemente de la disbiosis, la alteración de la microbiota. En estos últimos años se han dado pasos de gigante en cuanto a poner de relieve la importancia que la microbiota intestinal tiene en nuestro aparato digestivo y en el funcionamiento de nuestro organismo. ¿Qué es la microbiota exactamente?

La microbiota son las bacterias que nosotros tenemos y es específica de cada persona, es el código de barras de cada uno de nosotros y depende de cómo nos hemos alimentado desde que éramos pequeños, de dónde hemos vivido, de si hemos tenido mascotas, de si nos han dado el pecho o de si nos hemos enfrentado a grandes enfermedades. Todo está ahí. Y de hecho se está viendo que en enfermedades como el alzheimer o la esclerosis múltiple o depresión la microbiota está alterada, aunque no se sabe qué fue primero, si la gallina o el huevo. Mira, el intestino es nuestro segundo cerebro y es productor, por ejemplo, de serotonina, que es la hormona del placer y la felicidad. ¡Qué bien que cada vez se habla más de microbiota! Yo creo que pasado el susto que nos dieron cuando nos dijeron que teníamos dentro bacterias, ahora sabemos que son buenas y lo que tenemos que hacer es cuidarlas.

Los probióticos son los bichitos, bacterias vivas, y los prebióticos son reparadores de membrana y comida para esos bichitos

¿Cómo la cuidamos entonces? Ya hay muchos productos que se venden como reguladores de la flora intestinal…

Todos estos alimentos que se llaman funcionales, el yogur, el té kombutcha o el kéfir, ¿nos ayudan a cuidar nuestra microbiota? Sí. ¿Nos ayudan a restablecer una microbiota que ya está en disbiosis, que está muy alterada? No, si mi microbiota tiene una alteración importante, por mucho té kombutcha que tome va a dar igual, no la voy a llevar al equilibrio. Necesito cepas probióticas específicas, cepa y dosis dependiente, no vale cualquier cepa para cualquier cosa y hay cepas específicas para cada cosa. Los probióticos son cepas específicas que tengo que tomar en dosis concretas, y siempre con el estómago vacío para que los ácidos de la digestión no maten a esas bacterias. Cómo, cuándo, qué cepa y en qué dosis me lo tengo que tomar es fundamental.

Pero es que además, si esto ha ido un paso más allá, y tengo un intestino hiperpermeable, que deja escapar nutrientes, tengo que reparar esa barrera intestinal. Y ahí aparecen los prebióticos. Los probióticos son los bichitos, bacterias vivas, y los prebióticos son reparadores de membrana y comida para bichitos.

Dedicas un capítulo a la candidiasis. Sabíamos que ese hongo se podía instalar en nuestra vagina o en nuestra boca, y ahora nos descubres que se puede instalar en nuestro intestino delgado, con notables consecuencias en nuestra salud.

Hay mucha gente que la tiene y no lo sabe. Y es un perfil muy claro, en un porcentaje muy alto son mujeres, y cuando las veo entrar por la consulta yo ya sé que son candidatas a diagnóstico de candidiasis. Muchas ganas de comer dulce a todas horas, cambios humor que no se aguantan ni ellas, dolor de articulaciones, irritabilidad, cansancio, diarrea y estreñimiento…Y son pacientes muy agradecidos: aquí, una vez detectada la cándida en un análisis de heces, lo atacamos por varias vías. Lo primero, dejar de alimentar a esa cándida. Este hongo se alimenta de azúcares y de antibióticos, entonces, azúcares fuera, incluida la fructosa y la lactosa. Con lo que podemos comer, tenemos que hacer un menú saludable y buscar alternativas. Además, necesitamos un fungicida, ácido caprílico. Ya la estamos matando pero después tenemos que reparar y es necesario probiótico y prebiótico.

Es un tratamiento largo y durante los primeros días el paciente se pone un poco malo, como si fuese una resaca. Es un síntoma de la cándida que se acentúa durante los primeros días del tratamiento. A partir de ahí, recuperar es rápido.

En cambio, hay otro bichillo del que últimamente oímos hablar mucho: el helicobacter pylori. ¿Por qué esa alta prevalencia?

Pues mira, actualmente habrá un 50% de la población infectada por helicobacter pero muchos de ellos están asintomáticos. El problema es cuando aparecen los síntomas, y la sintomatología de esta bacteria es muy clara: es un dolor punzante, como si estuvieran clavando un puñal en la boca del estómago. La prueba de diagnóstico es sencilla, es de aliento. El problema es que se ancla de manera brutal a la pared alta del estómago y para despegarla hay que emplear una batería muy potente de antibiótico. ¿Y qué ocurre? Que no solo ataca al helicobacter, también se carga una parte importante de mi microbiota. ¿Qué tengo que hacer? Pues durante el tiempo de tratamiento hay que dar probiótico. Y luego ver si hay más daño y hay que reparar con prebiótico, además de tratar la gastritis que deja.

Si tengo un deficit de la enzima DAO, la histamina se acumula y nos produce un efecto como de intoxicación con síntomas brutales

Por último, háblame de otra dolencia, también un tanto desconocida, la histamina y su relación con las migrañas.

La histamina es una sustancia que está en los alimentos, especialmente en las verduras, y nosotros tenemos una enzima que la elimina, la DAO. Si tengo un deficit de DAO, la histamina se acumula y nos produce un efecto como de intoxicación que provoca unos síntomas brutales: cansancio, dolor de cabeza, todo le sienta mal... Si tras un análisis se confirma que es así, que hay un déficit de esta encima, el tratamiento pasa por eliminar los alimentos que tienen altas cantidades de histaminas o puedo tomarla de manera externa. Y es cierto que cada vez es más común encontrar a gente, además joven, con déficit de esta enzima.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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