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El 'Árbitro de la Paz': emociona en España con sus charlas a los niños antes de los partidos

·6 min de lectura
El árbitro Ángel Andrés Jiménez. (Photo: Ángel Andrés Jiménez)
El árbitro Ángel Andrés Jiménez. (Photo: Ángel Andrés Jiménez)

Ángel Andrés Jiménez, un árbitro malagueño bautizado como el Árbitro de la Paz, sueña con que algún día se consiga eliminar del mundo del fútbol (y del deporte en general) el engaño, los insultos y que se instale el ambiente limpio, sano, de respeto y deportividad. Una quimera a día de hoy, pero para la que lleva peleando y poniendo su granito de arena desde 2006, cuando tras un parón de cuatro años volvió a colgarse el silbato para pitar partidos de fútbol base.

Jiménez empezó entonces una política basada en el respeto. Antes de los partidos hablaba con los entrenadores y delegados y les informaba que al primer insulto pararía el partido y que con el segundo lo suspendería para llamar a la policía. No se trataba de una amenaza que luego no iba a cumplir, iba completamente en serio.

En los siete años que estuvo arbitrando hasta que hizo un segundo parón fue cuatro veces la policía, cuatro más de las que tenía que haber ido, pero muchas menos que las que habría acudido a cualquier otro partido.

“Realmente en siete años que se hayan producido ocho insultos, más los que fueran en partidos en los que solo hubo uno, ponle que fueran 15 en total aproximadamente, es poquísimo. Sobre todo en comparación con lo que vive cualquier otro compañero en su día a día, pero es mucho en comparación con el objetivo de cero”, apunta el también profesor de Lengua, Religión y Valores del colegio Maravillas de Benalmádena (Málaga).

En los últimos años y aunque no ha estado ejerciendo de árbitro como tal, sí que ha estado haciendo de colaborador y embajador para la Plataforma 090 (0 violencia en 90 minutos) que creó el Ayuntamiento de Málaga. Ahí ha dado charlas a equipos, directivos, jugadores, ha evaluado comportamientos, etc.

Por ello y para hacerlo todavía más personal, esta temporada volvió a desempolvar su silbato y volvió a los terrenos de juego para arbitrar partidos federados de los más pequeños. Pero lo hizo añadiendo dos nuevas señas de identidad que explica a padres, jugadores y entrenadores antes de los partidos: el VAR de la honestidad y el VAR de la afición.

“He vivido casos preciosos gracias a la honestidad”

El VAR de la honestidad, explica, le surgió cuando un jugador en la liga de su colegio le reconoció que había despejado un balón cuando él no lo había visto: “Pité saque de puerta y me protestaron que era córner, así que le pregunté al portero y me confesó que efectivamente había sido córner. Eso cambió todo, empezamos a hablar de honestidad y cuando salió el VAR dije que aquí no teníamos VAR, pero sí que teníamos el VAR de la honestidad”.

Jiménez se lo explica detalladamente a padres y jugadores en unas charlas que se han hecho virales y que han llegado a compartir figuras como Pau Gasol o Álex Corretja.

“Hemos vivido casos preciosos en partidos en los que los jugadores solo me habían visto ese día en su vida y me habían hecho caso. Eso es porque quizás nadie se lo había dicho en persona nunca y que respondan así justo después de conocerme me parece maravilloso”, afirma el profesor, que cuenta que en cada encuentro tiene mínimo un ejemplo.

Incluso comenta que ha habido casos de córners en finales ajustados. Tiene grabado uno de la liga del colegio en el que un equipo marcó un gol decisivo y un jugador le reconoció que había hecho una falta durante la jugada anulando el gol. “Eso es muy bonito”, dice.

Además, esto lo acompaña con el VAR de la afición (Ver, Animar y Respetar) dedicado a los espectadores: “Busca que los padres no atosiguen a sus hijos, que ya tienen un entrenador que les enseñan, y se pongan a animar y crear buen ambiente”.

Ángel Andrés Jiménez, en un terreno de juego. (Photo: Ángel Andrés Jiménez)
Ángel Andrés Jiménez, en un terreno de juego. (Photo: Ángel Andrés Jiménez)

Jiménez siente que, aunque el camino es lento y “queda mucho por recorrer”, sí que han avanzado las cosas desde aquel ya lejano enero de 1994, cuando empezó a arbitrar. “Tenemos que seguir caminando, son inadmisibles los insultos desde la grada o que un chico piense que haciendo trampas está haciendo algo bueno por su equipo. Eso es mentira, es un tramposo”, afirma, destacando que los engaños al árbitro en el fútbol de élite afectan para mal en el comportamiento de los más pequeños.

Todos estos años le llevan a pensar que está haciendo lo correcto y disfruta sabiendo que lo que hace es bueno, aunque se queja que desde las instituciones no se fomente más este tipo de prácticas.

“Lo he propuesto y el comité andaluz cree que no se puede hacer y ya está. Yo creo que estas charlas prepartido generan empatía, acercamiento, reflexión. Es mucho más difícil perderle el respeto a alguien que se ha puesto delante de ti, de tus hijos y que intenta crear buen ambiente. Es psicología pura”, asevera Jiménez, que incluso reconoce que el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, le dijo que “tendría que hacerse en todos los partidos de fútbol base”.

Hubo un partido que le marcó con tan solo 20 años

Ángel Andrés Jiménez tiene un partido grabado a fuego en su memoria. Era septiembre del 1998, aún no había cumplidos los 21 años y le tocó vivir una situación dramática que le dejó completamente helado.

Viajaba a un partido junto al resto del equipo arbitral cuando esquivó un accidente de tráfico por poco: “Salvamos la vida de milagro evitando un impacto fortísimo y el que vino detrás se estampó. Vivimos una situación dantesca ayudando a heridos. Todo eso nos impactó”.

Llegaron al partido y les explicaron a los delegados y a los equipos lo que les había pasado. Afrontaron el partido para evitar la suspensión y, cuando el resultado era 0-2 y quedaban pocos minutos, un espectador, recuerda, gritó que eran ellos los que se tenían que haber matado en la carretera.

“Miré a un asistente y pensé que esto no podía ser. Que me asombre algo en un campo de fútbol es muy difícil, pero es que aquella barbaridad se me ha quedado grabada”, asiente.

Desde el 1994 hasta el 2002, que dejó el arbitraje estando en Tercera, vivió todo tipo de insultos e incluso alguna agresión. Por eso, quiere intentar cambiar el fútbol base para que en un futuro estas actitudes sean cosas del pasado.

Jiménez deja una última reflexión: “Si fuéramos todos en esta dirección y educáramos en esto los chicos crecerían pensando que esto es lo normal porque lo anormal es lo otro. Si queremos diversión, salud y crecimiento en valores, todo eso sin respeto es imposible”.

Un cambio que hará del deporte un mundo mucho más justo.

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