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Así son los microapartamentos de Hong Kong: viviendas donde solo se va a dormir

En esta foto del 10 de junio de 2017, Donny Chan lanza dardos en su apartamento, uno de un número creciente de unidades pequeñas y exclusivas conocidas como “microflats” en Hong Kong. Los promotores inmobiliarios de Hong Kong están disminuyendo, hasta cierto punto, para los compradores más jóvenes de clase media, que ofrecen apartamentos de lujo de tamaño micro con etiquetas de precio estratosféricas. Los apartamentos, conocidos como “unidades de tamaño mosquito”, o “flats” en chino, subrayan las preocupaciones sobre el mercado inmobiliario sobrecalentado del centro financiero asiático y la creciente desigualdad. (Foto AP / Kin Cheung)

Así son los microapartamentos de Hong Kong: viviendas donde solo se va a dormir

Jaime Quirós –  Hong Kong, la ciudad que nunca duerme. Enclave único en el mundo, donde se mezclan rascacielos y montañas. La famosa “energía” que trasmite la ciudad la hace inigualable. Pero hay algo más que la hace única: en esta metrópolis viven aproximadamente 7,3 millones de almas concentradas en muy poco espacio, factor que ha ha generado políticas de vivienda cada vez más descabelladas.

La última tendencia inmobiliaria para combatir el problema de vivienda en Hong Kong son las nanoviviendas. O, mejor dicho y sin que suene tan bonito, los “nanozulos”. Estos “curiosos” pisos miden de 15 a 30 metros cuadrados. El problema de la vivienda es de tal magnitud, que pese a su limitada extensión, son los lugares para vivir más solicitados de Hong Kong.

[También de interés: “Las mini casas también se ponen de moda en España”].

Para la población joven y trabajadora los precios de las viviendas son ridículamente excesivos. La única solución alternativa son las viviendas sociales, pero conseguirlas puede suponer hasta 5 años en la lista de espera oficial. Esta situación lleva a tomar decisiones desesperadas como vivir en cuchitriles tan reducidos y casi inhabitables.

Hong Kong es la ciudad con el precio de alquiler más caro del mundo. El precio medio de una vivienda llega a ser 19,4 veces superior a los ingresos medios de un trabajador, según un estudio realizado este año por Demographia. Según un artículo de La Vanguardia, un piso de 27 metros cuadrados puede costar más de 650.000 euros, en el nuevo distrito de Sai Ying Pun, en el oeste de la isla.

Las empresas inmobiliarias son las que han sabido aprovechar bien la coyuntura. Están vendiendo la idea de que vivir en las nanoviviendas es el último grito de la moda. Proclaman la idea de que la casa sólo se hizo para dormir. Y todo lo demás se puede hacer en la calle. ¡Ole! ¡Eso es convertir las carencias en virtudes y lo demás tontería!

Los jóvenes hongkoneses se las han ideado para poder vivir así. No les queda de otra. Renuncian a la idea de cocinar su plato preferido en casa a cambio de buenos sueldos y vivir en la “city”. Tienen que pedir comida todos los días. No pueden tener coche. El uso de muebles modulares donde las camas se convierten en escritorios es lo más común. Los baños y duchas son compartidos dentro de los edificios en muchos casos. Lo que viene siendo albergues para ricos. Una manera de vivir no apta para la vida, nunca mejor dicho. Al menos para una vida decente.

No es necesario ser ningún experto para saber que estas condiciones a larga conllevan un desgaste físico y mental. Puede llevar a problemas psicológicos graves e incluso la muerte. Parece ser que la modernidad nos lleva a vivir en condiciones cada vez más extremas, hasta el punto de que la calidad de vida brilla por su ausencia. Esa modernidad donde se vive para trabajar y no se trabaja para vivir. Esa modernidad que no es modernidad. Esa modernidad que significa empeorar y volver muchos siglos atrás.

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