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100 millones de personas se quedarán sin trabajo: el futuro de un mundo dominado por robots

Sports International Editors

¿Cómo será el trabajo dentro de unos años? ¿Cómo podremos competir con robots cuyo mantenimiento al año cuesta apenas una cuarta parte del salario mínimo interprofesional? ¿Qué harán los millones de ciudadanos que perderán sus trabajos por culpa de las máquinas? ¿Cómo actuarán los gobiernos ante esta nueva realidad económica?

Estas peliagudas preguntas, que harían sudar profusamente hasta al político más paz del planeta, son las que plantean William H. Davidow, alto ejecutivo de la industria tecnológica, y Michael S. Malone, periodista de The Wall Street Journal, en un artículo publicado en la revista Harvard Business Review.



Los dos expertos alertan de que el progreso se ha disparado en los dos últimos siglos gracias a la combinación de máquinas no inteligentes y seres humanos. Pero que ese mismo progreso se ha disparado tanto en los últimos años que va a ser difícil que la sociedad pueda adaptarse a tiempo.

Para ejemplarizar su advertencia, contrastan las teorías de Henry Adams, de moda en el siglo XIX y que defendía que el progreso se mediría en la potencia energética generada por el carbón, una medida que según él iba a aumentar un 10% cada década a partir de 1840; frente a la Ley de Moore, formulada en 1965 y que expresa que aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores en un circuito integrado.

Ese progreso en los circuitos y conductores, un crecimiento que se estima en un 40% anual desde hace 50 años, hace que las máquinas cada vez sean más sofisticadas y asuman tareas que hasta hace pocos años estaban destinadas solo a los humanos.

Foxconn, una empresa que 'contrata' robots
Un ejemplo de ello es Foxconn. En la empresa en la que las compañías tecnológicas como Apple o Samsung ensamblan sus productos, y en la que trabajaban un millón de personas, están instalando unos 30.000 robots al año. Según Terry Gou, su presidente ejecutivo, en los próximos años la compañía va a instalar cerca de un millón de robots. Esos robots ocuparan buena parte de las funciones que hasta ahora estén realizando personas.

[Relacionado: El ejército de robots que ha empezado a trabajar para Amazon]

Davidow y Malone advierten que esta tendencia es imparable, y que pronto en el mundo abundarán lo que ellos laman “ciudadanos con cero valor económico”: extrabajadores que no podrán encontrar empleo porque sus puestos ya no existen.

Un ejemplo de ello podrían ser los taxistas y los camioneros, sustituidos por automóviles inteligentes que se conducen solos. Pero los autores no solo advierten del peligro que corren los trabajos manuales. También citan a Brian Arthur, un economista que ha anunciado la existencia de una segunda economía (virtual), en la que las máquinas realizan negocios solo con otras máquinas, sin la influencia de ningún ser humano.

En 2025, esa segunda economía será tan grande como lo era la primera (la economía entre seres humanos) en 1995. Y Arthur estima que ese año habrá destruido hasta 100 millones de empleos.

¿Vivimos peor con la tecnología?
Es decir, que la tecnología no está ayudando a crear puestos de trabajo ni a que vivamos mejor, sino todo lo contrario. Lawrence H. Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos defendió recientemente la misma tesis: “ya no creo que la automatización vaya a crear nuevos puestos de trabajo. Y no es una predicción para el futuro. Es algo que está ocurriendo ante nosotros en este mismo momento”.

¿Qué pueden hacer los gobiernos para ayudar a la ingente cantidad de parados que se avecina en todo el mundo? Los autores son bastante pesimistas. Advierten que la propuesta actual de mejorar la educación -para que la ciudadanía pueda aspirar a diseñar y fabricar esas máquinas que les quitan el trabajo- siempre será la respuesta tardía: la vanguardia del conocimiento ya no está en las universidades, sino en las empresas y éstas no comparten su sabiduría.

Su recomendación pasa por debatir de manera profunda nuestra relación con el trabajo y el sentido de la vida. Si de la producción económica ya se encargan las máquinas, entonces, ¿a qué nos debemos dedicar los seres humanos?